¿Quién es Luis Garrido?

Luis Garrido, 'don Luis' para sus alumnos, en la sede de la Escolania./Jesús Signes
Luis Garrido, 'don Luis' para sus alumnos, en la sede de la Escolania. / Jesús Signes

El director de la Escolanía de la Virgen de los Desamparados asegura que dirigir el centro le paró la vida

MARIA JOSÉ CARCHANOValencia

Un niño vestido de uniforme, bocata en mano, abre la puerta del edificio de la Escolanía. Al momento varios más se ofrecen a acompañarme escaleras arriba. «Busca a don Luis». Una escultura de la Virgen a la entrada habla del ideario de este lugar, donde las luces se encienden y las persianas se levantan gracias a la domótica. Tradición y modernidad en un lugar que dirige desde hace casi treinta años Luis Garrido, pedagogo musical, musicólogo, que ya ocupó en su tiempo un lugar en el coro de voces blancas que cada día canta a la Virgen de los Desamparados en la Basílica.

-Estuvo en la Escolanía de niño. ¿Qué recuerdo le queda?

-Yo era un niño de Xirivella con unos padres oriundos de Cuenca. Un día, estando en el colegio, vino un señor con sotana que hacía lo mismo que yo hago desde hace veintiocho años: probar voces de niño. Se llamaba José Estellés y era el director de la Escolanía. El año, 1974. Me probó la voz y dijo a mis padres que valía, y ellos pensaron que podía ser un buen sitio para mi educación. Estuve seis años. Tenía una vocación por la música que no había en mi familia por ningún sitio. Mi padre, por ejemplo, regentó mucho tiempo el bar del casino.

-Y decidió seguir.

-Al abandonar la Escolanía seguí estudiando música, piano, pero siempre tuve el gusanillo de la música coral. Empecé a dirigir coros amateurs. Y cuando el anterior director pidió no continuar me propusieron sucederle. Ahí estaba yo, con 23 años, como director musical. Fue tremendo, mi vida se paró completamente, dejé incluso de estudiar, porque esto me absorbió no sabe de qué forma. Pero yo creo que la Virgen quiso que así fuera mi historia. Empecé en enero para acabar el curso y llevo 28 años.

Garrido con los alumnos del centro que dirige.
Garrido con los alumnos del centro que dirige. / Jesús Signes

-Después de probar tantas voces durante todo este tiempo, debe de tener el oído adiestrado.

-Estoy tan entrenado que al oír hablar a un niño ya sé si tiene buena voz. A veces te equivocas, es verdad, pero es que habré probado la voz a miles de niños en todo este tiempo. A muchos les pregunto: «¿Marcas goles?». Se sorprenden porque sepa que les gusta jugar a fútbol, pero es que casi todos los que llegan afónicos entrenan varias veces a la semana (ríe).

Una espina clavada

El instrumento predilecto

A Luis Garrido le hubiera gustado ser un buen organista. «Es un instrumento que me gusta #mucho, y aquí apenas les hago #de ayuda para el canto, no es una interpretación». Sin embargo, el director de la Escolanía de la Virgen se siente un privilegiado. «No puedo pedir más. Es importante saber cuál es tu sitio en este #mundo y hacerlo lo mejor posible», sostiene. En eso se reconoce #como un perfeccionista.

-¿En qué momentos siente que su labor vale la pena?

-Hay dos satisfacciones muy grandes para mí. Una, la de ver que cuando los niños cantan en la Basílica de la Virgen la gente reza con fervor, les llega al corazón. Estoy de cara a los fieles y muchas veces me emociona ver sus caras, e incluso algún niño me ha preguntado por qué tenía los ojos rojos. Y luego, por supuesto, en el plano más profesional, la Escolanía es un referente musical y ha actuado en óperas en el Palau de les Arts, en conciertos en el Palau de la Música y en muchos otros escenarios. Han llegado a cantar con Plácido Domingo.

-¿Sufre mucho en esos momentos?

-Sí, porque son niños y tienen esa parte improvisada que por mucho que ensayen… Pero mi corazón es a prueba de bombas. Cuando me siento en la butaca le digo a quien está a mi lado: «Si ve que me muevo un poco, lo siento…»

-¿Cuánto le deja su trabajo para la vida fuera de aquí?

-Me cuesta desconectar. Si pregunta a mi mujer o mis hijos… Además, me gusta la divulgación y escribo artículos a menudo. Pero hago el clic porque tengo una vida familiar que cuidar. Y aunque durante el año no sobran los días de descanso, julio y agosto permiten una parada técnica que me viene muy bien para recargar pilas.

A Luis le hubiera gustado ser un buen organista.
A Luis le hubiera gustado ser un buen organista. / Jesús Signes

-¿Ha sido siempre consciente su mujer del fuerte vínculo que le une a la Escolanía?

-(Ríe) Siendo novios cada vez iba tomando más responsabilidades y de hecho ya me casé como director. Ella también cantaba en un coro, además es profesora de Secundaria en un colegio, así que compartimos muchas cosas. Es una relación muy bonita y ella está encantada con mi trabajo.

-¿Qué recuerdos tienen de usted los antiguos escolanes?

-Son muy de contar anécdotas, de las cosas que les han pasado estando aquí o del número de óperas en las que han actuado. De mí recuerdan el impacto que ha tenido sobre ellos mi manera de aplicar la disciplina, lo serio que soy, ese halo de 'don Luis' que puede que tenga que ver con mi personalidad... El canto coral necesita mucho de corrección. Y me recuerdan como una persona con las ideas claras.

-En la adolescencia a veces se reniega de lo anterior…

-Es difícil por toda la parte religiosa que tiene la Escolanía, porque además aquí no les damos una pildorita, aquí se toman el jarabe entero, con oraciones por las mañanas, misa diaria... Es cierto que a veces hay un rechazo en la adolescencia, pero muchos otros siguen en contacto con nosotros encantados. Entre ellos mi hijo, que también estuvo aquí.

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