Luis Casanova: «Quedarte sin amigos genera la peor soledad, se muere una parte de ti»

Luis Casanova cuenta la historia de su vida, donde sólo el cine es capaz de rivalizar en protagonismo con el Valencia CF, al que su familia siempre estará ligada/Jesús Signes
Luis Casanova cuenta la historia de su vida, donde sólo el cine es capaz de rivalizar en protagonismo con el Valencia CF, al que su familia siempre estará ligada / Jesús Signes

El linaje no evitó que empezara «casi de cero». La temprana pérdida de su hermana, la quiebra de Cifesa... Sus padres se marcharon a Oliva y él se rehizo montando una fábrica de salsas

MARIA JOSÉ CARCHANOValencia

Dice Luis Casanova que lo único que tiene en perfectas condiciones es la cabeza. A sus 82 años camina con dificultad pero conserva intactos en el recuerdo fechas, cifras, nombres y acontecimientos que se remontan a cincuenta, sesenta años atrás, cuando presidía el Valencia CF su padre, laureado como ningún otro, y que quiso que retiraran su nombre del estadio porque huía de personalismos. A pesar de sus recuerdos y la devoción que ha heredado por el club, que este año cumple su centenario, Luis Casanova ha rechazado propuestas para escribir sus memorias: «No soy falso, así que tendría que hablar muy mal de mucha gente que tiene hijos y nietos». Este empresario triunfador, retirado desde hace años, conectado con el móvil a la fábrica que vio nacer, vive entre su piso con vistas al cauce del río y su chalé de Xàbia frente al mar, satisfecho con su trayectoria y cabreado con la realidad que le rodea.

-Ha cambiado mucho el fútbol, el Valencia, desde que su padre fuera presidente. Usted ha sido muy crítico.

-Cuando se convirtió en sociedad anónima me desvinculé completamente del club. Sabía que esa sería su muerte, y ahora ya no tengo aquel sentimiento hacia el Valencia. Fui por última vez el día en que le pusieron a mi padre un busto en el campo, hace más de veinte años. Paco Roig quería que él fuera, pero estaba ya en Oliva y no quería asistir, así que me mandó a mí. Nunca más he vuelto a pisar Mestalla.

«Recuerdo a las artistas comiendo en casa. ERan peculiares, tanto como los futbolistas»

-¿Le provoca tristeza?

-Mucha (se emociona). El Valencia me da pena, porque no es el club que he mamado en mi casa de pequeño.

-¿Qué recuerdos tiene de su padre mientras estuvo en la presidencia del Valencia?

-Vivía sólo para el fútbol, era un enfermo, tanto que muchas veces no veía los partidos, porque le entraba tal nerviosismo que se metía en los vestuarios. El masajista, que se llamaba Moreno, entraba y le decía: «Don Luis, tranquilo, que estamos ganando». Pocas veces se sentó en el palco, prefería hacerlo en el banquillo con los entrenadores, porque ahí vivía más el fútbol.

Casanova reconoce que «vivía sólo para el fútbol».
Casanova reconoce que «vivía sólo para el fútbol». / Jesús Signes

-Ha cambiado tanto...

-En aquel momento ser presidente de un club equivalía a poner dinero de tu bolsillo. Recuerdo que en una ocasión llamó al despacho a Mundo, que llevaba varios partidos sin marcar goles, y le preguntó qué le pasaba. Él le contestó que debía pagar la hipoteca y no tenía una peseta. Mi padre cogió el talonario y lo solucionó, y a la semana siguiente jugamos con el Madrid y metió dos goles. Era el paño de lágrimas de todos, por el cariño que les tenía. Y él y yo discutíamos porque siempre les disculpaba, incluso si jugaban mal. A Puchades lo adoraba.

-Puchades, uno de los grandes jugadores del Valencia.

-Con él tuve mucha amistad, tanta que éramos como hermanos. El Barcelona, en aquella época, estaba obsesionado con llevárselo. Mi padre le dijo que al menos hablara con ellos, porque tenía claro que no debía irse. Se fueron a comer y llegó un momento en que Puchades dijo: «Don Luis, a las cuatro y media tengo partida en el Garbí de Sueca y me están esperando». Le ofrecían cinco millones de pesetas por cinco años de contrato. Y Puchades les contestó: «Lo agradezco, pero nunca le haré un gol al Valencia y, además, ¿cómo voy a ir todas las tardes al Garbí desde Barcelona?» A los tres meses firmó cinco años con el Valencia por millón y medio. Eso es amor a una tierra y unos colores.

«Discutí mucho de fútbol con mi padre porque siempre disculpaba a los jugadores»

-¿Le quedó algún legado del paso de su padre por el Valencia?

-Mientras estaba de presidente murió una hermana mía, y mi padre tuvo que excusarse ante Santiago Bernabéu, que había venido a Valencia y no pudo asistir a la cena donde le iban a entregar la insignia de oro y brillantes del Real Madrid. Al día siguiente nos acercamos al hotel en el que estaba alojado y le dio la que él llevaba puesta. Cuando desmantelamos la casa de Oliva después de su muerte pensé en regalar esa insignia a alguien que sintiera los colores del Madrid, porque yo me alegro cuando pierde, así que pensé en Tomás Roncero. Yo no le conocía, pero lo veía en la televisión, donde transmitía esa locura por un club que también tenía mi padre. Le llamé, quedé con él y se la regalé. Cuando le dije que era la que llevaba Santiago Bernabéu se puso a llorar como un niño. Desde entonces somos amigos.

«En la universidad no aprobé nada. Lo único que saqué positivo fue mi mujer, guapísima»

-Su padre era empresario, y una de las actividades que más me ha llamado la atención fue su faceta en el mundo del cine.

-Presidía una productora, Cifesa, que se creó al estilo de Hollywood, y fue un desastre. Pero de aquello me quedó una gran pasión por el cine y el recuerdo de artistas como Sarita Montiel, Nati Mistral, Amparito Rivelles o Aurora Bautista comiendo en casa. Eran peculiares, las artistas, tanto como los futbolistas.

Para el hijo del expresidente del Valencia CF, ser empresario no es un seguro de vida.
Para el hijo del expresidente del Valencia CF, ser empresario no es un seguro de vida. / Jesús Signes

-¿Fue el apellido Casanova una responsabilidad para usted?

-En cierto modo sí, aunque yo tuve que empezar casi de cero, porque mi padre, cuando murió mi hermana, se apartó completamente de los negocios y se fue con mi madre a vivir a Oliva. Cifesa había quebrado y comencé por mi cuenta. Visto con perspectiva, la verdad es que me ha ido bien en la vida. Y todo llegó porque tuve la suerte de no ingresar en Agrónomos, una carrera que se estudiaba entonces en Madrid y a la que era muy difícil acceder porque se presentaban miles de personas de toda España. Así que monté una fábrica donde todavía hoy hacemos salsas.

-¿Por qué se dedicó a la alimentación?

-Mi familia tenía una empresa de aceites en el Grao, pero eran tan honrados que fueron incapaces de mezclar aceite de oliva con girasol, como hacía el resto, y eso les hundió. En la época de la guerra esa industria iba muy bien, ya que el ejército alemán compraba aceite de linaza para pintar las maderas de los trenes. Pero luego fue a peor hasta que hubo que cerrar. Los negocios no siempre van bien.

-¿Considera que no es fácil ser empresario?

-No es un seguro de vida. Yo se lo digo a mis hijos, que he tenido esta empresa durante cuarenta y ocho años y no debemos nada a nadie.

-¿Quién se lo enseñó a usted?

-Mi cabecita. Hay que pensar, no tirarse a la piscina. Nada viene por ciencia infusa. Y trabajar. Yo me iba a la empresa a las cinco de la mañana.

-¿Le costó retirarse?

-Sí. Ahora, si yo le enseño todas las llamadas que tengo de la fábrica... Sé lo que han vendido, lo que han comprado. Lo sé todo. Y no voy, porque la llevan mis hijos. Pero la empresa es la niña de mis ojos.

-Usted ha demostrado ser un valenciano de raza, de esos que llevan la tierra allá adonde van. Hasta en el carácter.

-Me considero muy valenciano, y no viviría en otro lugar. Estuve en Madrid pero, ¿mudarme allí? Ni loco. Como en Valencia no se está en ningún lugar, pero es que el valenciano es individualista; no sabemos vendernos, no nos hacemos valer.

Casanova, con 82 años, reconoce estar satisfecho con su trayectoria pero cabreado copn la realidad que le rodea.
Casanova, con 82 años, reconoce estar satisfecho con su trayectoria pero cabreado copn la realidad que le rodea. / Jesús Signes

-¿Mira con satisfacción hacia atrás?

-Todo ser humano que consigue algo experimenta satisfacción, mucho más que quien pasa por la vida sin hacer nada. Tengo muchos amigos que viven de las herencias, y cada año venden un trocito. Yo no he podido quedarme quieto.

-¿Cuáles han sido los momentos más duros?

-Quizás la muerte de mi hermana, que tenía sólo 35 años cuando falleció. Recuerdo que estaba allí, en la plaza de Tetuán, y le dijo a uno de los médicos: «Sálvame, que tengo cinco hijos». Eran tan pequeños…; el menor, de apenas unos meses. Para mi madre fue aterrador. Se fueron a Oliva y de allí no salieron. Y últimamente se me han muerto amigos a los que he sentido más que a mis padres. Que te pega un leñazo que te quedas… En el último año, dos de los más íntimos. Así que ahora me voy a comer con las viudas.

«Estuve en Madrid pero, ¿mudarme allí? Ni loco, como en Valencia no se está en ningún lugar»

-Se lo toma con sentido del humor.

-Si no lo tienes estás perdido, pero es que además es una realidad descriptiva. Quedarte sin amigos genera la peor soledad que puedes tener, porque viajas con ellos, porque te ves a menudo, porque hablas por teléfono... Y te quedas solo, se muere una parte de ti. Recuerdo mucho a Vicente Lluch, que fue presidente del Levante. Yo le decía que éramos las dos Españas, él de izquierdas, yo más bien de derechas, aunque cada vez me siento más en el centro después de las barbaridades que hacen. Sólo coincidíamos en que nuestras mujeres eran rubias. Y en lo único que discutí con él fue hablando de Zapatero. Luego me dio la razón. Pero es que yo creo que la gente que tiene nivel y educación no riñe nunca.

-De un modo u otro, el fútbol siempre está presente en todo lo que me cuenta.

-Es cierto. Muchos me han pedido consejos, hablan conmigo sobre el Valencia. Hace tiempo Federico Félix, que es como si fuera un hijo mío, me llamó y me dijo: «Luis, que se han empeñado en que sea presidente del Valencia». Le respondí que no aceptara, que como el equipo no metiera goles al que le iban a insultar era a él.

Casanova confiesa estar «deseando» volver a Xàbia.
Casanova confiesa estar «deseando» volver a Xàbia. / Jesús Signes

-Usted también se postuló.

-Recuerdo que Ricardo Ros (periodista de LAS PROVINCIAS) me llamó una vez porque querían que ocupara el cargo, por mi apellido y porque, además, no soy tonto. Y el domingo siguiente publica en portada: «El hijo de Luis Casanova se presentará como futuro presidente del Valencia». Mi padre me llamó por teléfono y me dijo: «Nunca te he dado un consejo, es el primero que te voy a dar. No te metas en el fútbol, Luis, que te va a dar alguna alegría y muchas tristezas». Entre él y mi mujer, que decía lo mismo, consiguieron que no me presentara.

-¿Cómo la conoció, a su mujer?

-Cuando volví de Madrid mi padre se empeñó en que fuera aquí a la universidad, pero no aprobé nada. Jamás me gustó estudiar, yo lo que quería era hacer cosas. Lo único que saqué positivo fue mi mujer, guapísima.

-Ha tenido dos hijos que han seguido sus pasos. ¿Le escuchan?

-A veces. Mi hijo me hace un poco más de caso, pero mi hija es una sentimental y a veces le tengo que decir que no somos la Asociación Valenciana de Caridad. Dicho esto, creo que me he portado bien con la gente, y ellos lo hacen igual, tienen buen corazón. Hay que ayudar a los demás.

-¿Cómo es ahora su día a día?

-Estoy deseando volver a Xàbia, pero mi mujer se cayó y se está recuperando. Nos sentimos muy unidos, mis nietos vienen mucho y mi hijo, que vive arriba, baja a cenar todas las noches. Cuando nos vamos a Xàbia él se marcha a El Escorpión, porque le encanta jugar al golf. Eso sí, dice que echa de menos las cenas de su madre.

-¿Le gusta comer bien?

-Nada de cosas caras. Me encanta el arroz. Cuando era pequeño la cocinera que teníamos lo hacía casi todos los días, así que yo lo echaba de menos cuando no había. Y no es la paella el plato que más me gusta, que prefiero los melosos. El de fesols i naps, o el de acelgas...

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