¿Quién es Enrique Gimeno?

El jefe de Dermatología del Arnau de Vilanova, en el hospital./Damián Torres
El jefe de Dermatología del Arnau de Vilanova, en el hospital. / Damián Torres

Atribuye su vocación al deseo de contribuir a la felicidad de las personas, una idea que le ha estimulado desde la infancia y que es el origen de todos sus retos profesionales

MARIA JOSÉ CARCHANOValencia

En la habitación 822 del Arnau de Vilanova no hay ningún paciente. La cama de hospital ha sido sustituida por una mesa de despacho y, detrás, se sienta Enrique Gimeno, jefe de servicio de Dermatología, que suma desde hace unas semanas la presidencia de la sección valenciana de la Academia Española de Dermatología y Venereología. Habla, sobre su nuevo cargo, de que en la vida hay que marcarse objetivos altos, «que si vas a por el cinco y algo sale mal suspendes». No en vano el ejemplo tiene que ver con la docencia, otra de las facetas de este médico que se encuentra por los pasillos del centro hospitalario con sonrisas y afectos. Se lo hago ver. «Si hay un buen ambiente, la gente viene contenta y motivada a trabajar y eso influye en el rendimiento, qué duda cabe».

-¿En qué momento decidió ser médico?

-No tengo conciencia de haber querido ser otra cosa. Me decían mis padres que desde pequeñito, cuando me preguntaban qué me gustaría ser de mayor, yo contestaba: «Médico».

El médico posa para Revista de Valencia.
El médico posa para Revista de Valencia. / Damián Torres

-¿Hubo algún referente en la familia?

-No, de hecho soy el primero con carrera universitaria, pero no me pregunte por qué médico. Quizás porque siempre me ha estimulado mejorar las condiciones de la gente, ayudarle, contribuir a su felicidad. Y qué mejor que hacerlo con la salud.

-Es usted jefe de servicio y ahora presidente de la sección valenciana de la Academia Española de Dermatología y Venereología. ¿Por qué ese compromiso?

-Llega un momento en la carrera profesional de una persona, cuando tiene un bagaje y muchos años de experiencia, en que debe buscar nuevos retos. Yo, por suerte, tengo un servicio perfectamente estructurado que me ha permitido delegar muy bien, así que era un desafío, y quizás el último a nivel profesional, porque el final de mi mandato va a coincidir con mi edad de jubilación. Y un poco estimulado por compañeros de otros hospitales, que me han dicho: «Ya te toca».

-Habla de que posiblemente será su último cargo antes de la jubilación. ¿Piensa mucho en ese momento?

-Yo ahora entiendo lo que dicen a veces los deportistas, o los artistas, de retirarse al perder la ilusión. Esa es la clave. La presidencia de la academia supone mantener viva la llama y venir contento a trabajar, porque si entras en la rutina, te dejas estar y no persigues nuevos desafíos, te burocratizas. Los que vienen detrás lo hacen con mucho impulso y no te puedes dormir en los laureles. Sobre la jubilación, lo veo como otra etapa de la vida, porque uno tiene que saber retirarse y yo, por suerte, tengo consulta privada para matar el gusanillo y no desconectar del todo. Eso lo aprendí de mi padre, que me aconsejó que procurara hacer un aterrizaje suave, y voy a seguir su consejo.

Una espina clavada

Mejorar la formación

Contesta: «Buena pregunta». Y se queda pensando. «Siempre quieres hacer más cosas, saber más». Le hubiese gustado al doctor Gimeno tener mejor formación en la parte quirúrgica, para no verse obligado a recurrir a los cirujanos plásticos cuando la dermatología ya no llega.

-Al final estos cargos tienen mucho de honoríficos, nada de retribuciones, y hay que dedicarles una parte de su tiempo. ¿A qué o a quién se lo quita?

-Por desgracia, al ocio y a mi familia, pero yo antes de aceptar el cargo lo hablé con mi mujer. Y ella me estimuló, como ha hecho siempre, para asumir nuevas responsabilidades.

-¿Ha sido importante para usted que la persona con la que está le haya apoyado de esa forma?

-Fundamental. Llevo casado treinta y cinco años y siempre ha sido así. Desde que éramos novios me ha espoleado en mi carrera profesional.

El especialista reconoce que el apoyo de su mujer ha sido fundamental en su trayectoria.
El especialista reconoce que el apoyo de su mujer ha sido fundamental en su trayectoria. / Damián Torres

-Una hija ha decidido seguir sus pasos. Con las notas de corte para acceder a la carrera es casi una proeza estudiarla. ¿Se siente orgulloso de haber sido un modelo para ella?

-Me siento muy orgulloso tanto de la pequeña, que acaba este mes la carrera y seguirá mis pasos, como de la mayor, ingeniero aeronáutico. Lo malo es que vive en Alemania, aunque tengo la confianza de que en breve, como las cosas van mejorando, pueda volver, aunque ya está casada y haga su vida. Un padre quiere tener siempre a sus hijos cerca.

-¿Cuándo olvida que es médico y desconecta?

-Olvidarme de que soy médico nunca, pero desde estudiante tengo claro que el fin de semana es sagrado. Los viernes a mediodía cuelgo los trastos, salvo honrosas excepciones, y vuelvo el lunes con las pilas cargadas.

-¿Qué le gusta hacer en ese tiempo de ocio?

-Además de pasar mucho tiempo con la familia, soy aficionado al fútbol y socio del Valencia desde pequeñito. He contagiado esa afición a mis hijas y voy con alguna de las dos, o con las dos, siempre que hay partido. Me gusta andar, estar en contacto con la naturaleza, y de hecho acabo de volver del Camino de Santiago, que nos ha encantado. Y comer bien.

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