Concha Montaner: «Mi hija se enteró en el colegio de que sus padres eran atletas»

Concha Montaner guarda en el sótano las medallas que ha ganado durante su carrera deportiva./Irene Marsilla
Concha Montaner guarda en el sótano las medallas que ha ganado durante su carrera deportiva. / Irene Marsilla

Reconoce que con los años ha suavizado su carácter. Cualquier cosa que no tuviera que ver con el deporte le parecía superflua a esta saltadora que ahora deja la competición

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

No hace falta que Concha Montaner hable. Sus ojos son tan expresivos que dicen muchas cosas, sin que haya todavía pronunciado una palabra. Por ejemplo, transmiten una férrea determinación, la que le ha acompañado en toda una laureada carrera deportiva como atleta de élite, pero también hablan de felicidad, la que tiene ahora cuando cierra esa brillante etapa sin prácticamente mirar atrás; anuncia la retirada definitiva con una sonrisa en la cara. Quedamos en el polideportivo de l'Eliana, donde ha pasado probablemente más horas que en su propia casa, donde la gente la saluda afectuosamente y la observan con admiración durante la sesión de fotos; no en vano es, para muchos de los niños que, en una tarde fría y lluviosa entrenan, un espejo donde mirarse. Aparece vestida con unos pantalones ajustados y unos tacones imposibles, y, en un instante, te preguntas dónde está la atleta. Pero Concha Montaner desgaja en cada respuesta una personalidad fuerte y compleja, donde nada está reñido, y donde evolucionar está permitido.

-Tuvo problemas físicos en el pasado, estuvo a punto de dejarlo, pero esta vez dice que se retira definitivamente.

-He tenido momentos en los que podría haberlo dejado. En verano de 2014 no me salía nada bien, era un sufrimiento meterme en la pista, las marcas no me acompañaban y, sobre todo, estaba completamente apagada. En aquel momento tomé la decisión de no seguir, pero la tomé solo para mí. Me quitaba mucho tiempo y no me compensaba. Pero una médica de la federación me dijo que primero habría que mirar si pasaba algo más. Yo le decía que psicológicamente me había agotado, que mi cuerpo y mi mente no daban para más.

-¿Pensó que tenía otra oportunidad?

-Me hicieron muchas pruebas médicas a pesar de que yo le decía que psicológicamente me había agotado. Pero es verdad que había un problema, y tuvimos que tratarlo. Volví a entrenar sin expectativas. Comenzamos a trabajar con la dieta paleo (que elimina los cereales). Me acuerdo de la pregunta de mi marido todas las mañanas, y cuando acababa de entrenar: «¿Estás cansada?» Antes siempre estaba agotada, no tenía vida para hacer otras cosas. Y que las marcas llegaran y yo me encontrara bien era para mí un síntoma de que estaba mejor. Llegué a Fallas como campeona de España, había llegado a mi nivel, estaba en el peso que yo quería… Pensé que me merecía disfrutarlas. Buñuelos, bocadillos, coca… estuve una semana ingresada, porque me detectaron, además, una celiaquía.

«He estado tan centrada en el atletismo que nunca intenté agradar a nadie»

-Pero siguió compitiendo.

-Claro, porque una vez detectado el problema, con la solución en la mano, he estado muy bien. Ahora es diferente. Empecé 2018 sin ganas de entrenar, siempre tenía una excusa, que si estoy cansada, que me duele el tendón, cuando antes todo eso no me importaba. No me apetecía competir y, sobre todo, dejar de hacer cosas para salir a la pista, que implica que tienes que entregar tu vida a ello. Y ya no estaba dispuesta.

«Tengo claro que mi sueño ya está cumplido», asegura Montaner.
«Tengo claro que mi sueño ya está cumplido», asegura Montaner. / Irene Marsilla

-¿A qué cosas ya no quería renunciar, por ejemplo?

-Si mis amigas o mi hermana se iban de comida yo quería ir, además de pasar más tiempo con mi hija. Antes me lo arreglaba para estar el máximo de tiempo posible con ella, pero ahora tengo claro que mi sueño ya está cumplido y simplemente lo estaba estirando.

-¿Y está contenta?

-Sí, es una decisión mía, porque ya no quiero renunciar a lo que he renunciado tantos años.

-¿Ha recibido el apoyo de su pareja? Él también es atleta, Venancio José Murcia.

-Bueno, él no se creía que me fuera a retirar. Siempre me preguntaba: «¿vas a volver este año? ¿renuevas?», y yo le contestaba que mientras me siguiera apeteciendo… yo trabajo, tengo a mi hija, y hasta ahora era un hobby con el que podía disfrutar a un nivel más alto.

-Es difícil tomar la decisión y estar cómoda con ella. Se la ve contenta.

-Es que estoy contenta. Pienso que es duro si no sabes aceptar que hay etapas que se acaban y que llegan otras que pueden ser incluso mejores, que si tienes una vida plena no tiene por qué ser una tragedia. No me he lesionado, no hay nada que me impida competir, solo que ya no me apetece más. Tengo otra vida y la quiero disfrutar. Que no voy a ser la mejor en lo que estoy haciendo, ya lo he sido en una cosa, y de las mejores. Porque, además, supongo que voy a seguir vinculada al deporte, de alguna manera seguiré. Lo que me ha dado el atletismo, las sensaciones, el disfrute, salir a un estadio, batir una marca, subir a un podio… son sensaciones muy difíciles de volver a encontrar. Pero tengo otras cosas.

«No me gusta ser el centro de atención. No lo voy a echar de menos»

-Antes no quería más que competir.

-Yo creo que mientras estás cumpliendo un sueño no renuncias a nada, mientras era atleta de élite estaba haciendo lo que yo quería. Lo noto ahora que el atletismo ya no me llena, cuando no quiero renunciar.

-Aunque no disfrutara de las mismas cosas que hacían las personas que la rodeaban.

-Por supuesto. Mis amigas se iban de acampada y yo no iba porque tenía que entrenar, pero es que tampoco me apetecía. Si había un campeonato a la vista yo lo quería ganar. Ni siquiera me apunté a un fin de curso.

-¿Se ha sorprendido de la repercusión que ha tenido su anuncio?

-Es muy emocionante que se acuerden de ti, me ha sorprendido quizás porque durante tu carrera deportiva solamente piensas en tu objetivo, en lo que tienes que hacer. En lo que vas a hacer. Es cuando te retiras cuando te paras y ves todo lo que has hecho.

«La verdad es que no», confiesa la atleta cuando le dicen que echará de menos el atletismo.
«La verdad es que no», confiesa la atleta cuando le dicen que echará de menos el atletismo. / Irene Marsilla

-Siempre he pensado en que los deportistas de élite deben de tener una cabeza muy fría. Si yo tengo un error en mi trabajo probablemente tenga otra oportunidad al día siguiente. En su caso no.

-Tienes que tener claro que dependes completamente de tu cuerpo, y que a veces sale y otras no. Hay etapas en las que me lo he tomado muy mal y otras que lo he vivido mejor. Todos cambiamos, evolucionamos. Tuve una época en que era una obsesión para mí saltar, hacer marca. Ahora me dicen: lo echarás de menos. Y la verdad es que no.

«Me considero una persona con un carácter muy fuerte y no me he dejado influir»

-Si mira atrás, ¿cuáles han sido los peores momentos de su carrera? ¿Cuando perdió el bronce?

-No. Ese fue uno de mis grandes momentos como atleta, una competición chulísima, salté bien, a dos centímetros de mi mejor marca, pero me tocó a mí ser cuarta. ¿Que lloré mucho? Sí. ¿Que sabía que lo había hecho bien? También. Malo fue Helsinki 2005, que estaba muy bien y hubiera podido hacer una gran final y por los problemas físicos no pude. Malo fue Pekin 2008, cuando me lesioné antes de la calificación. Y uno de los mayores palos fue Viena 2002, que iba con la mejor marca europea y no pasé, con veintiún años. Ese fue duro.

-¿Cómo ha superado esos momentos?

-Por las ganas y la confianza, porque te dices a ti misma: «a la siguiente me saldrá bien». Y sigues, porque es tu vida.

-¿Cuál es ese carácter que le gustaría ver en una niña que ahora empieza a competir para que acompañe a lo físico?

-Pienso que tiene que ver no tanto con la competición, sino en cómo afrontas los problemas del día a día; soy una persona con un carácter muy fuerte y tengo las cosas muy claras. Además, no puedes dejarte influir.

-¿Quién le ha ayudado a ser así?

-Yo creo que me viene de casa, porque en ese sentido hemos salido iguales, tanto mi hermana como yo. Con ideas propias que no cambias fácilmente.

La deportista asegura que siempre ha contado con el apoyo de sus padres.
La deportista asegura que siempre ha contado con el apoyo de sus padres. / Irene Marsilla

-¿Han intentado cambiarle de idea?

-Sí, alguna vez, pero no hay manera (ríe).

-¿Sus padres la apoyaron?

-Sí, me han apoyado, y siempre han sido comprensivos. Quizás sin hacer aspavientos, manteniéndose ahí, al lado, y dando algún consejo. Si me pregunta si he tenido alguna riña con mis padres porque no sacaba las notas que debía sacar porque estaba entrenando, sí. Pero siento que estuvieron ahí cuando les necesité.

-¿Y con su marido? Al final es inevitable que el atletismo monopolice las conversaciones. ¿Se ha sentido más unida a él por ello?

-Sí, porque hemos hablado mucho, sobre todo de los miedos, de las inseguridades, de cómo te encuentras ante una competición, una marca. Además, él me ha entendido en muchas de las cosas que he hecho, es complicado a veces ponerse en el papel de alguien que se pasa el tiempo viajando, compitiendo, dedicado íntegramente a esto. E incluso comprender que salgas de una competición y apagues el móvil porque no quieres hablar con nadie.

«Alguna riña tuve con mis padres cuando no sacaba buenas notas por entrenar»

-¿Lo ha hecho?

-Hubo una época en que apagaba el móvil y hasta que no se me pasara el disgusto no lo volvía a encender. Recuerdo la competición antes de ser subcampeona de Europa. Probamos una cosa y no salió bien; me fui enfadadísima hacia la grada y empecé a chillarle a mi entrenador, entonces era Jerónimo. Como ya me conocía me miró y pensó: «ya se le pasará». Y mi marido me dijo: «vete rápidamente a pedirle perdón».

-Supongo que ahora lo recuerda como anécdotas graciosas.

-Entender a un deportista de élite en un deporte individual es tan duro…

«Ahora el tiempo que tengo con ella es al cien por cien» cuenta Montaner sobre su hija.
«Ahora el tiempo que tengo con ella es al cien por cien» cuenta Montaner sobre su hija. / Irene Marsilla

-Usted también paró para ser madre. Para las atletas es una difícil decisión porque detiene su carrera.

-Sí, es cierto, porque trabajas con tu cuerpo y sabes que son dos años que no está al cien por cien, si es que vuelve a estar alguna vez. Además, como todos los niños, ella demandaba tiempo de mí, sobre todo de calidad, que no le podía dar porque muchas veces estaba cansada. Ahora el tiempo que tengo con ella es al cien por cien.

-¿Qué haría si su hija le dijera que quiere ser atleta?

-Apoyarla y estar a su lado, como hicieron mis padres. Lo que pasa es que ella lo tiene más difícil porque es hija de quien es, en un mundo tan pequeño, pero si quiere… ella hace atletismo, es verdad que no entrena con nosotros, sino con los preparadores del polideportivo, con los que le dicen y deciden.

-¿Ella pregunta?

-Es pequeña todavía, tiene nueve años, y encima no somos unos padres que hayamos dicho: «nosotros somos esto o hemos hecho aquello». Si entras en mi casa y no hay nada.

-¿No? ¿Dónde están las medallas?

-En el sótano.

-¿Por qué?

-¿Dónde deberían estar? ¿Expuestas? Es que no lo veo, no hay nada en casa. Y por eso mi hija hasta hace poco no sabía a qué nos dedicábamos. Se enteró en el colegio, donde un día fui a dar una charla y sus compañeros le dijeron que su madre salía en la tele. Claro, llegó a casa preguntando. Fue entonces cuando le contamos que tanto yo como su padre corríamos. Pero en casa no hay nada, sólo hay algún retrato artístico que me hicieron y que tengo en la escalera. Y mi hija dice que no le parece bien, que hay muchas fotos mías, que tendremos que poner una en la que estemos los tres (ríe).

-¿Por qué han querido que fuera así?

-Porque nosotros somos así, personas normales.

«Estoy orgullosa de haber sido la atleta de l'Eliana, que no sabían ni situar en el mapa»

-¿En algún momento ha notado que no tenía los pies en el suelo?

-No. Lo que pasa es que sí es verdad que conforme te haces mayor te va cambiando el carácter, suavizándose, quizás. Porque ahora me he dado cuenta de que si miro atrás, estaba tan centrada en el atletismo que lo demás, para mí, era superfluo; me rodeaba de mi círculo y ya está; no intentaba agradar, ni ser simpática. Y yo creo que ahora, al anunciar mi retirada, me he quitado el estrés.

-Sí ha mantenido siempre su vinculación con l'Eliana.

-Sí, primero soy de aquí, toda mi familia es de l'Eliana y me gusta vivir aquí, porque aunque ha crecido mantiene todavía la esencia de pueblo. Sobre todo porque puedes vivir en una ciudad pequeña sin perder la proximidad, y que te permite dejar a la niña en el polideportivo sin preocupaciones.

«Me siento muy valenciana», reconoce Montaner.
«Me siento muy valenciana», reconoce Montaner. / Irene Marsilla

-En algunos momentos, los valencianos nos hemos sentido orgullosos de Concha Montaner.

-Yo no lo sabía y me he dado cuenta ahora. Me siento muy valenciana, aunque siempre haya demostrado estar orgullosa de ser la atleta de l'Eliana, un lugar que nunca sabían poner en el mapa. Además, yo soy muy de tradiciones.

-¿De cuáles?

-Soy fallera, me encanta ponerme el traje pero, además, disfruto de las fiestas de mi pueblo. En general me gusta todo lo que tiene que ver con Valencia; el otro día estuve en la final de pilota individual porque el entrenador de Puchol también me preparó a mí y fuimos a verlo y darle ánimos. Disfruté muchísimo.

-¿Cómo se plantea ahora el futuro?

-La suerte es que no me lo tengo que plantear.

-Es verdad que cuando está compitiendo uno siempre se marca metas, el siguiente campeonato, alcanzar una marca… Ahora no, escribe una página en blanco.

-Es que ahora los objetivos tienen que cambiar, siempre he dicho que yo trabajo, que lo que hago me gusta. Ya he hecho lo que quería, y he sido de las mejores, y ahora no voy a ser de las mejores en nada más.

-¿No le duele eso?

-No, porque ya lo he sido. No todo el mundo lo puede decir. Hay que mirar el lado positivo, y ya está.

-¿Le ha quedado alguna espina clavada?

-Eso sí, muchas. Me hubiera gustado saltar los siete metros, que los he tenido en las piernas muchas veces y por circunstancias no he podido llegar, y disfrutar una final olímpica.

-Pero no parece que le pesen.

-No. Me hubiera gustado, sí, me pesan, no.

«Si mi hija quisiera dedicarse al atletismo lo tendría más difícil por ser hija nuestra»

-Ahora es usted el centro de atención, ha reconocido incluso que le ha sorprendido.

-Es que a mí no me gusta ser el centro de atención, y de las entrevistas que me hacen no leo ninguna. No me he visto tampoco en la tele, ¿cómo me voy a poner delante de la pantalla a mirarme? No. Ni me veo ni me leo. No lo voy a echar de menos.

-Le han hecho ya un homenaje. ¿Le gustan?

-No (piensa). Bueno, sí pero no. Me gustan porque reconocen toda una vida de sacrificio y esfuerzo pero me da vergüenza que hablen de mí (ríe). Sí hay cosas, como el vídeo que grabaron las niñas de atletismo de l'Eliana, que me parecen muy emocionantes, y todavía no les he dado las gracias.

-Una curiosidad. Parece usted estar igual de cómoda con las zapatillas que con los tacones.

-De siempre he llevado tacones, he sido atleta en la pista y después me gusta vestirme bien, me encanta la moda y, sobre todo, los zapatos. Eso sí, tienen que ser de tacón, no me veo con zapatos planos.

-¿Se considera una persona presumida? Igual tiene futuro en la moda.

-Soy presumida, sí, pero no me gustaría. Primero, porque no tengo formación para ello, y segundo, porque son trabajos que esclavizan, porque les dedicas demasiado tiempo, como yo he hecho con el atletismo. Ahora el trabajo, soy administrativa, es una parte más de mi vida, porque lo que necesito ahora es tener horas para mí, para mi familia y para mi niña. Lo tengo muy claro.

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