Miró frente al tiempo

'La escalera de la evasión' revisa las claves del rico y poderoso alfabeto mironiano a través de casi 200 grandes piezas

MIGUEL LORENCIBARCELONA
Pintura poema 'Una estrella acaricia el pecho de una negra' (1938)/
Pintura poema 'Una estrella acaricia el pecho de una negra' (1938)

El paso del tiempo engrandece la obra de Joan Miró (Barcelona 1893- Palma 1983), construida con un alfabeto innovador, poderoso y único. Queda bien patente en la gran muestra que abre la Fundación Miró en Barcelona, Joan Miró. La escalera de la evasión, la mayor retrospectiva del genio catalán desde el centenario del nacimiento de este hortelano de las estrellas. Un poeta del color y la línea que estableció uno de los lenguajes plásticos más singulares, ricos, sensuales del siglo XX.Toda una galaxia plástica que, como el universo, sigue en plena expansión.

La escalera de la evasión reúne 176 piezas llegadas desde todos los confines del mundo. Recorre toda la producción mironiana a lo largo de seis décadas cruciales para la historia de España y Europa. Desde sus líricas Pinturas de sueño de 1920, permite ver cómo se modifican la sensibilidad política y plástica de Miró frente a los acontecimientos de un siglo XX jalonado de revoluciones, guerras mundiales y civiles, genocidios, dictaduras y grandes avances técnicos. Un siglo atroz y formidable al tiempo con el que Miró estableció el profundo compromiso que explora la muestra.

Es, sin duda, uno de los hitos artísticos de la temporada y ha sido posible gracias a la alianza de tres grande museos y algunos de los mejores conocedores del universo mironiano: los comisarios de la Tate Modern, Matthew Gale y Marko Daniel, en colaboración con Teresa Montaner, conservadora de la fundación Miró, su directora Rosa María Malet, y Vicente Todolí, exdirector de la Tate Modern.

Compromiso

La exposición más importante sobre Miró en dos décadas bucea en el compromiso del artista con el tiempo que le tocó vivir, y en especial con su país. Las casi 180 obras entre pinturas, esculturas y obra sobre papel han sido cedidas por grandes colecciones públicas y privadas. Están las piezas clave en la trayectoria de Miró, de La masia a La esperanza del condenado a muerte pasando por la Serie Barcelona o las Telas quemadas, lo que la convierte en una exposición difícilmente repetible.

Miró es, con Picasso, uno los artistas más reconocidos e influyentes de su época. Su peculiar lenguaje de símbolos y raíz surrealista rezuma libertad y energía. Precursor del expresionismo abstracto, el potente imaginario fantástico y colorista que conforma se tornó universal desde una singularidad que lo conecta con el Bosco o Brueghel.

Le toco vivir a Miró una época turbulenta y la muestra examina momentos clave de su trayectoria vital y creativa, incidiendo en el compromiso de Miró con su tiempo y su país a través de sus obras más significativas y difíciles de reunir. Repasa con una mirada nueva la coherente respuesta a la historia de un Miró que no se aísla del todo a través del arte. Sabe que no hay ninguna torre de marfil y que la escalera de la evasión que permite crear debe estar bien arraigada en la realidad. Que cada peldaño que asciendas a hacia la evasión ha de atornillarte los pies a la tierra, al realidad, a la actualidad y a tu tiempo.

El recorrido explora primero la relación de Miró con Cataluña, en especial con la masía familiar de Montroig. Luego, la primera gran transformación que supuso su estancia en París y la liberación creativa del surrealismo de quien fue, según Breton, su máximo exponente. Es la época de La masía (1921-1922), que perteneció a su amigo Ernest Hemingway, o de la magistral secuencia Cabeza de payés catalán (1924-1925). La sección central refleja el drama de la Guerra Civil que precipita su nuevo lenguaje plástico. Las tensiones de la guerra provocan las protestas más explícitas de Miró en obras como sus Pinturas salvajes (1934-1936), o Naturaleza muerta del zapato viejo (1937).

Doble exilio

Exiliado en París, por encargo del gobierno republicano, Miró, realiza el cartel Aidez lEspagne y pinta El segador (Payés catalán en revuelta) (1937) para el mismo Pabellón Español de la República de la Exposición Internacional de París, donde convive con el Guernica de Picasso. Su respuesta a la Segunda Guerra Mundial genera obras más íntimas como la célebre serie Constelaciones (1940 y 1941) y otras más perturbadoras como la excepcional Serie Barcelona (1944) en la que somatiza en blanco y negro la guerra civil y sus horrores.

La muestra examina en su tramo final los últimos años de la dictadura franquista, cuando las pinturas monumentales de gran impacto contemplativo se contraponen a su consciencia del poder rompedor del arte. Miró optó por el exilio interior en Mallorca, negándose, al contrario que Dalí, a aceptar honores y parabienes del régimen mientras fuera crece exponencialmente el reconocimiento de su obra.

La escalera de la evasión presenta otras obras clave de esta época, como el tríptico La esperanza del condenado a muerte (1974), respuesta de Miró a la crueldad del franquismo que aplicó garrote vil al anarquista Salvador Puig Antich. Un tiempo incierto en el que oscurece y quema piezas como Mayo 1968 (1968-1973) y la serie Telas quemadas (1974). Capta así la atmósfera de rebelión de finales de los años sesenta y reflejó el ambiente político con explosiones de pintura, como el radical y pionero tríptico de los Fuegos artificiales (1974).

La escalera de la evasión se vio antes en la Tate Modern de Londres -con más de 300.000 visitas- y tras su clausura en Barcelona viajará a la National Gallery de Washington en mayo de 2012. Además de la Fundación BBVA, está patrocinada por la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona.

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