El PP valenciano, en fuera de juego tras la elección de Casado

Foto de familia de los compromisarios del PP de Castellón. / LP
Foto de familia de los compromisarios del PP de Castellón. / LP

El resultado recorta la influencia de los barones provinciales, que se habían decantado por Sáenz de Santamaría

JC. FERRIOL MOYA

Pablo Casado es el nuevo presidente del PP. La victoria del exvicesecretario de Comunicación abre un escenario de incertidumbre para los populares de la Comunitat. Algunos de sus principales referentes, la secretaria general Eva Ortiz y los presidentes provinciales, José Císcar, Miguel Barrachina y Rubén Moreno, habían apostado abiertamente por la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría. Los cuatro estaban llamados a formar parte del comité ejecutivo del PP si hubiera triunfado la exvicepresidenta. No lo ha hecho, de manera que los principales pesos pesados del partido en la Comunitat, con la única excepción de la presidenta regional, Isabel Bonig, sufren un notable revolcón político.

¿De qué consecuencias? La más inmediata, a la vista de los 35 miembros del comité ejecutivo nacional propuesto por Casado, es el relevo de referentes valencianos en la cúpula del partido. Eva Ortiz y Císcar, que formaban parte de ese órgano en calidad de vocales desde el último congreso, pierden esa condición. Rubén Moreno y Miguel Barrachina se quedan a las puertas de incorporarse.

En su lugar, los valencianos propuestos por Casado para el comité ejecutivo nacional son el presidente de la Diputación de Alicante, César Sánchez, y la portavoz popular en el Ayuntamiento de Castellón, Begoña Carrasco. Sánchez ya ocupaba la secretaría de área de Formación en el comité ejecutivo saliente. Carrasco se incorpora por primera vez a ese órgano.

Císcar y Ortiz, dos de los principales referentes del PPCV, se caen del comité ejecutivo

El cambio de nombres en la dirección nacional de los populares -Isabel Bonig y Esteban González Pons son miembros natos, por su condición de presidenta regional y portavoz del PP europeo, respectivamente-, puede no tener consecuencias en el inmediato día a día del partido. Los congresos provinciales ya se han celebrado -excepto el de Valencia, que en ningún caso tendrá lugar antes de las municipales y autonómicas de mayo de 2019- de manera que no cabe concluir desplazamientos de poder significativos en las organizaciones provinciales.

Pero otra cosa puede ser el mensaje que se envía a los afiliados del partido. Císcar, el todopoderoso presidente provincial del PP alicantino, sale derrotado del congreso nacional tras haber hecho evidente su respaldo a Sáenz de Santamaría. El barón alicantino es pieza clave para sostener el liderazgo de Bonig en el PPCV. Que César Sánchez y Pablo Ruz -este último en la junta directiva- pasen a formar parte de la dirección nacional no implica necesariamente que vea retroceder su poder político. Eso sí, otra cosa puede ser la capacidad de influencia que pueda tener ante la dirección nacional así como el margen de maniobra del que pueda disponer para imponer su criterio en la principal cita que los populares, y el resto de partidos, tienen ya a la vista: la elaboración de candidaturas para las elecciones de 2019. Como en el caso de Císcar, la posición de la secretaria general del PPCV, Eva Ortiz, también sale resentida de este proceso.

Es cierto que, a falta de conocer los nombres que Casado propondrá para formar parte del comité de dirección, así como el reparto de las secretarías de área -puestos en los que podría incorporar mayor presencia del PP valenciano e incluso a alguno de los referentes de Santamaría en la Comunitat- la presencia de valencianos en el comité ejecutivo nacional se ve claramente recortada al verse disminuida de seis a cuatro. El hecho no tiene mayor trascendencia práctica -tradicionalmente el PP adopta sus decisiones estratégicas desde un reducido núcleo de líderes, que ni siquiera coincide siempre con el consejo de dirección-. Pero sí que envía un mensaje al segundo partido con mayor número de afiliados. Su representación en la dirección nacional se reduce.

En la votación del pasado día 5, en el ámbito de la Comunitat, Sáenz de Santamaría se había impuesto por casi seis puntos de diferencia a Casado. La suma de los apoyos de Cospedal al exvicesecretario de Comunicación, como en el resto de España, ha resultado clave para el triunfo del nuevo presidente.

En términos ideológicos, el triunfo de Casado también puede tener consecuencias sobre el planteamiento político del PP valenciano. El vicesecretario de Comunicación ha cimentado su triunfo en los apoyos recibidos en Galicia, Madrid y Castilla- La Mancha -los principales respaldos de Soraya eran Andalucía y la Comunitat Valenciana-. Esas tres CC AA sustentan, en muchos aspectos, posiciones políticas abiertamente contrarias a las defendidas por el PP de la Comunitat. En el debate de la financiación autonómica, Galicia es la región que con más contundencia se ha pronunciado en contra de la reestructuración de la deuda reclamada desde la Comunitat -Bonig ha tenido más de un encontronazo con Núñez Feijóo-. En el de los trasvases de agua, Castilla-La Mancha encabeza las tesis contrarias a las transferencias hídricas que se defienden desde el PP de la Comunitat. Y la posición de Madrid en materia de fiscalidad tampoco es compartida por los populares valencianos.

Si hasta ahora la capacidad de influencia de los referentes populares de esas regiones -como Feijóo o Cospedal- ya condicionaban de forma significativa la posición del partido, ahora que ocupan una posición de influencia aún más clara sobre la dirección nacional puede situar a los populares de la Comunitat en una delicada situación.

De hecho, la única referencia podría evitar que las posiciones del PP valenciano pasen a ser abiertamente minoritarias -si no directamente ninguneadas- es Bonig. La presidenta regional ha jugado a mantener una posición de neutralidad en esta batalla orgánica por más que la posición ideológica de la históricamente conocida como 'la Thatcher de la Vall' encontrara más coincidencias con la candidatura de Casado que con la de Sáenz de Santamaría. Esa circunstancia puede contribuir a liberar a la líder valenciana de la enorme influencia del PP alicantino. Y al mismo tiempo, a reforzar su posición en Madrid.

Pero la gran prueba de cómo evoluciona la relación entre la nueva dirección nacional del PP y los populares de la Comunitat comenzará a medirse con la elaboración de las candidaturas electorales. A escasos diez meses para esos comicios, el partido se pone ya a preparar un proceso, el de selección de candidatos, que tras el resultado del congreso de los populares se dibuja como una gran incógnita.

Entre las claves a desvelar, la candidatura del PP al Ayuntamiento de Valencia se sitúa como una de las más destacadas. El presidente de la gestora que dirige el partido en la capital, Luis Santamaría, ha sido uno de los más significados apoyos de Casado en el PP valenciano. Más significado si cabe porque su posición iba en el sentido contrario al fijado por los barones provinciales.

La candidatura para la alcaldía de Alicante también se ve despejada. Luis Barcala era, desde que logró la vara de mando de ese Ayuntamiento, el principal aspirante a encabezar la lista popular para ese consistorio, aún a pesar de no contar el apoyo decidido de Císcar. Con la victoria de Casado, Barcala multiplica sus opciones de optar de nuevo al cargo que ocupa en la actualidad.

Y luego están las listas autonómicas. Sobre el papel, el margen de maniobra de la dirección regional que encabeza Bonig puede no verse afectado por el resultado del Congreso. Además, habrá que esperar a saber si el paso de los meses contribuye a rebajar los niveles de tensión que se han podido comprobar en este cónclave. En todo caso, el escenario para la confección de esas listas experimenta sensibles cambios cuya trascendencia se medirá en el momento en el que el partido desvele sus candidaturas.

 

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