La unidad en el independentismo, vista para sentencia

Pere Aragonès y Quim Torra, en una sesión del Parlament. /Efe
Pere Aragonès y Quim Torra, en una sesión del Parlament. / Efe

El juicio del Supremo aumenta el distanciamiento entre ERC y JxCat

CRISTIAN REINO

Absolución y unidad. Estas fueron las dos reivindicaciones que más se escucharon en las manifestaciones independentistas celebradas el pasado miércoles en plazas de toda Cataluña con motivo del final del juicio. No fueron multitudinarias.

La primera petición depende únicamente de los jueces del Supremo. La reclamación de unidad sí interpela directamente a las fuerzas secesionistas, enfrascadas en una lucha por la hegemonía del soberanismo desde hace años. ERC y Convergència (ahora JxCat) se embarcaron hace años juntos en el proceso hacia la independencia, que ha acabado como el rosario de la Aurora con doce dirigentes sentados en el banquillo, pero ya no comparten hoja de ruta.

Esta división se ha hecho más patente durante el juicio y en concreto en los alegatos finales de los acusados. Esquerra apuesta por el diálogo. «Creo que lo mejor para todos sería devolver la cuestión al terreno de la política, de la buena política, de donde nunca debería haber salido, al terreno del diálogo, la negociación y el acuerdo», afirmó Oriol Junqueras. Los dirigentes de JxCat, en cambio, fueron mucho más enérgicos, más emocionales, escenificando que el espacio político que se articula en torno a Carles Puigdemont basa su estrategia política en la denuncia y la proclama. «Descabezándonos a unos cuantos no se va a descabezar el independentismo ni la voluntad de tantos catalanes de decidir su futuro político (...) Estoy aquí por mis ideas y porque no renuncié a mi actividad política», expresó Jordi Turull, exconsejero de la Presidencia.

Crecen las voces en Esquerra que reclaman a Torra centrarse en el día a día de los catalanes

En un tercer plano se situó Jordi Cuixart, presidente de Ómnium, que está al margen de la disciplina de los partidos. Cuixart marcó la línea más dura. «No hay ningún tipo de arrepentimiento». «Y les digo sin ningún tipo de acritud o prepotencia y con toda la serenidad del mundo que estoy convencido de que lo volveremos a hacer (...) pacíficamente, serenamente, pero con toda la determinación del mundo». El presidente de la Generalitat, Quim Torra, hizo suyas las palabras del líder de Ómnium. «Lo volveremos a hacer», dijo.

Torra debe liderar la respuesta del secesionismo a la sentencia del Supremo. Busca una respuesta unitaria y para ese propósito ha iniciado una ronda de contactos con los partidos secesionistas y las entidades de la sociedad civil. El jefe del Ejecutivo catalán apuesta por una respuesta basada en el derecho de autodeterminación. Podría ser un nuevo 1-O, unas elecciones -planteadas como un plebiscito, como pide la ANC- o volver a declarar la independencia.

La llama del 'procés'

Pero si algo ha quedado más o menos claro en el juicio es que el mantra del mandato para hacer efectiva la república no es más que un recurso retórico para mantener viva la llama del 'procés'. La intervención final del abogado de Joaquim Forn, Xavier Melero, cayó como una bomba entre el independentismo más hiperventilado. El letrado buscó lo mejor para su defendido y dejó frases que supusieron un baño de realidad para muchos. «El Gobierno catalán no efectuó ninguna declaración de independencia», dijo. «El Govern de Carles Puigdemont incumplió sistemáticamente» las leyes de desconexión, no comunicó nada al cuerpo diplomático, no arrió la bandera y acató automáticamente el artículo 155 de la Constitución, remató. Los propios acusados intentaron rebajar el alcance de lo que hicieron. La declaración de independencia solo fue una «expresión de voluntad política», señalaron Jordi Turull y Josep Rull en el juicio.

Aun así, Torra insiste en hablar del mandato del 1-O. Eso sí, ya le han lanzado flechas de advertencia desde las filas de Esquerra, incluso desde su propio gobierno, pidiéndole que se ponga a gobernar el día a día. La consejera Teresa Jordà (ERC) apostó por «aparcar» la cuestión de los presos si Cataluña quiere «avanzar». Casi al mismo tiempo, el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès (ERC), abogó semanas atrás por primera vez en mucho tiempo por parte de un dirigente secesionista por regresar a la vía de la negociación de un nuevo modelo de financiación.