Torra abre una nueva etapa y dice que no es el momento de la unilateralidad

Sánchez y Torra./Javier Soriano (Afp)
Sánchez y Torra. / Javier Soriano (Afp)

El presidente catalán insiste en el derecho de autodeterminación y al tiempo contempla votar una propuesta alternativa a la secesión

CRISTIAN REINOMadrid

Quim Torra acudía a la cita consciente de que en dos horas no se soluciona un problema que al menos parte de ocho años atrás, cuando el Constitucional tumbó una parte del Estatuto catalán. Por ello, las expectativas no eran demasiado altas. El líder de la Generalitat quería que el presidente del Gobierno reconociera que la cuestión catalana es un problema político que se resuelve de forma política, y logró su objetivo. Hasta ahí sí hubo coincidencia entre ambos mandatarios. Torra había pedido además poder hablar del derecho de autodeterminación. Pudo explicarse en la Moncloa sobre la independencia de Cataluña y valoró haber encontrado a un presidente del Gobierno con ganas de escuchar y tomando notas. Se mostró satisfecho por ello. «Ha habido muy buen rollo», expresaron fuentes de la Generalitat. «Largo, de trabajo, sincero y franco», calificó el encuentro Quim Torra.

En parte, ese era el objetivo central del encuentro. Romper el hielo, abrir el diálogo y empezar a mirarse a la cara, después de años de dura pugna política y judicial. El jefe del Ejecutivo autonómico incluso habló del inicio de una «nueva etapa», en la que se ha «abierto un hilo de esperanza». El jefe del Ejecutivo catalán compareció en la librería Blanquerna, sede de la delegación de la Generalitat en la capital de España, y dejó entrever un cierto optimismo. «La reunión ha ido muy bien», dijo. Se desconoce la razón de tanto optimismo, ya que Sánchez y Torra escenificaron una vez más que la administración central y la catalana chocan a la hora de poner recetas concretas para solucionar la cuestión catalana y casi el único acuerdo al que llegaron es que seguirán hablando, lo cual difiere respecto a reuniones anteriores, como la de Mas con Rajoy en 2012, que dio origen al inicio del proceso, o la de Puigdemont con el expresidente Rajoy en 2017, que sirvió de antesala de la apuesta por la unilateralidad. El dirigente nacionalista destacó que Sánchez se refirió en términos de plurinacionalidad y de España como nación de naciones y dijo incluso que ambos gobiernos están ya en fase de «negociación política». «Me niego a pensar que no encontraremos ninguna solución», remató.

Sin embargo, el presidente de la Generalitat, que se presentó a la cita con el lazo amarillo que lucen los independentistas para reclamar la libertad de los presos, insistió en defender el derecho de autodeterminación, citó los ejemplos de Quebec, Escocia y Kosovo y aseguró que cualquier solución para Cataluña pasa por ejercer el derecho de autodeterminación. Minutos antes, la vicepresidenta del Gobierno había negado la existencia de ese derecho. Aseguró además que le había trasladado al líder socialista que no renuncia a «ninguna» vía para alcanzar la independencia. En este caso, volvió a dar una cal y otra de arena, fiel al libro de estilo nacionalista, ya que al mismo tiempo dijo que este «no es el momento» de abordar el «debate sobre la unilateralidad».

Torra, en cualquier caso, dejó abierta una puerta a una posible solución intermedia. Y es que apeló a la «inteligencia» de Pedro Sánchez (días atrás le pidió que fuera valiente y tomara riesgos) para que en próximos encuentros puedan buscar una solución, que desde la parte catalana no descartan que pueda ser un referéndum no sobre la independencia sino sobre la propuesta que el Gobierno central pudiera poner sobre la mesa, ya sea un nuevo Estatuto o una oferta para mejorar el encaje de Cataluña dentro del Estado. «No es suficiente con admitir que hay un problema político, la solución debe votarse», afirmó el presidente de la Generalitat.

Otoño caliente

No es la primera vez que el independentismo se abre a contemplar una vía alternativa a la secesión, pero al menos da muestras de que el presidente de la Generalitat no quiere seguir apretando el acelerador. Al menos a corto plazo. Eso sí, fuentes soberanistas advierten de un nuevo otoño caliente, con el 11-S, el primer aniversario del 1-O y del 27-O y el horizonte de las municipales para mayo del año que viene.

El asunto de los presos también estuvo sobre la mesa de la Moncloa y Torra quiere que esté en sucesivas reuniones, como la que propone en el mes de septiembre, si es posible en Barcelona, en el Palau de la Generalitat. «En España sí hay presos políticos y así se lo he dicho a Sánchez», señaló. «Es una indecencia jurídica», expresó y quiso remarcar la diferencia que a su juicio hay entre la justicia española y las de otros países europeos, como Bélgica, Reino Unido o Alemania.

El jefe del Ejecutivo catalán, que volvió a recordar que quien debería estar en su lugar es Carles Puigdemont, salió de la Moncloa con el compromiso de Sánchez de reactivar las comisiones bilaterales Estado-Generalitat y de revisar los recursos que Rajoy interpuso contra leyes sociales catalanas. Torra, por su parte, ofreció apoyo para derogar la ley mordaza y sobre memoria histórica. El presidente catalán exigió al líder del PSOE que se acabe la ofensiva judicial y policial contra el independentismo y la «persecución de las personas y sus ideas».

Los CDR piden su dimisión por el cambio de rumbo

El presidente de la Generalitat no tiene mucho margen para iniciar una negociación con Madrid. En parte porque la unidad en el secesionismo brilla por su ausencia, ya que hay sectores que apuestan por tender puentes (ERC y el PDeCAT), pero hay otros que no están por aflojar. La ANC, la CUP y los más radicales de JxCat no quieren ni oír hablar de negociación, pues temen una vía intermedia. Los CDR fueron ayer los primeros que salieron a presionar a Quim Torra, al que pidieron que dimita si decide pactar una solución al margen de la independencia. «No estamos aquí para hablar del Estatuto, ni para tirar la toalla, no aceptamos pactos ni cambio de rumbo», avisaron.

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