La tasa turística vuelve a tensar la relación entre los socios del Botánico

Fran Ferri, Mónica Oltra y Joan Baldoví en un mitin./Irene Marsilla
Fran Ferri, Mónica Oltra y Joan Baldoví en un mitin. / Irene Marsilla

Compromís responde al PSPV y adelanta que pedirá que se modifique la Ley de Turismo o incluir la posibilidad de implantar el gravamen a través de la Ley de Acompañamiento

A. Rallo
A. RALLOValencia

La imposición de una tasa turística a los visitantes de la Comunitat es uno de los asuntos que es, y salvo sorpresa será, motivo de discrepancia entre los socios del Botánico. En el Consell conviven varias sensibilidades respecto a este tributo, común, por otra parte, en buena parte de Europa. Podemos y Compromís -la formación naranja modificó su posición- respaldan la implantación de una tasa para los viajeros, aunque la idea inicial partió del partido morado. Los econacionalistas se sumaron a la iniciativa, aunque con significativas variaciones. En lugar de ser un impuesto con un tramo autonómico y municipal, Compromís quiere que sean los municipios los únicos que decidan si se aplica. Su objetivo es que vea la luz en Valencia, como prueba piloto, y plaza donde la coalición goza de predicamento. Serían los Consistorios los encargados también del destino de ese dinero.

El PSPV, en cambio, es reacio a la novedad impositiva. Mantiene ciertas reservas a la llegada de un nuevo tributo. PP y Cs coinciden con los socialistas en este dictamen. En este escenario y en pleno agosto, el secretario autonómico de Turismo, Francesc Colomer, quiso enterrar definitivamente los deseos de sus socios en el Consell. El dirigente lamentó el pasado martes que el debate sobre la implantación de la tasa turística sea una «suerte de maldición» porque es «recurrente» pese a que «nunca sucedió». De hecho remarcó que ese modelo «no está encima de la mesa» y no formó parte de los acuerdos del Botànic II: «Eso es una certeza y no está en la hoja de ruta formal de este gobierno».

Estas afirmaciones no han sido aceptadas de buen grado por la coalición nacionalista. El síndic Fran Ferri adelantó ayer que propondrán modificar la citada norma y si no resultara posible introducirían la posibilidad a través de la Ley de Acompañamiento, un mecanismo que al mismo tiempo que se aprueban los Presupuestos, permite modificaciones legislativas. Suele ser utilizada por los partidos para introducir algunas sorpresas de última hora.

También es un buen termómetro para medir la cohesión del propio Botánico. De hecho, la polémica ante el retraso de la tasa turística encuentra algunos precedentes. Precisamente el año pasado Podemos ya trató de incluirla en la Ley de Medidas Fiscales, nombre oficial de la Ley de Acompañamiento. No contó con apoyos. La formación de Estañ pretendía una tasa entre 50 céntimos y 2 euros por persona. Al margen, habría un tramo competencia de cada municipio.

El debate acerca de una tasa turística encuentra defensores y detractores. Los primeros alegan la necesidad de costear de algún modo el uso que los turistas hacen de determinados servicios y la posibilidad de invertir esas cantidades en políticas que permitan mantener un turismo sostenible. Según los cálculos de un informe que manejaba la Conselleria de Hacienda, se prevén unos ingresos por esta vía de entre 39 y 48 millones al año. Hasta la fecha, en España sólo Cataluña y Baleares cuentan con esta tasa para los turistas. No obstante, es común en las capitales turísticas de Europa.

El sector, como era previsible, se opone. Consideran que ese tributo puede alejar a los visitantes y revitalizar otros competidores turísticos como Túnez o Egipto que no barajan este tipo de novedad impositiva para sus visitantes.