Sanidad reorienta su política y dejará de criminalizar a los gestores privados

En este montaje fotográfico, Ximo Puig conversa con Ana Barceló, y de fondo aparece Carmen Montón. /
En este montaje fotográfico, Ximo Puig conversa con Ana Barceló, y de fondo aparece Carmen Montón.

Puig ordena a la nueva consellera poner como prioridad la eficacia en la atención sanitaria y no descartar ninguna solución «tenga la fórmula jurídica que tenga» | A Montón se le reprochó falta de capacidad para la interlocución. Con Barceló no se repetirá ese problema

FERRIOL MOYA / L. G.VALENCIA.

El relevo al frente de la conselleria de Sanidad, tras la designación como ministra de Carmen Montón y el nombramiento de Ana Barceló, provocará una reorientación de la política sanitaria del Gobierno valenciano. La criminalización de la iniciativa privada en materia sanitaria de la que hizo bandera la ahora ministra dejará paso, y espacio, a una gestión en la que las fórmulas de colaboración público-privada no se considerarán estigmatizadas. El cambio estratégico de la conselleria buscará situar la eficacia en la atención sanitaria en el primer plano, dejando de lado batallas políticas e ideológicas que en ningún caso mejoraban la atención a los pacientes. «No se pueden descartar por definición los planes de choque con centros privados», se zanja desde el Consell.

El Gobierno valenciano aprobó hace unos días la reestructuración del organigrama de la conselleria de Sanidad. Los cambios en el organigrama con la designación del segundo escalón que acompañará a Ana Barceló durante esta recta final de legislatura no son los únicos que se produjeron en este departamento. La llegada de la exlíder de los socialistas alicantinos viene acompañada de un mandato explícito por parte del presidente de la Generalitat, Ximo Puig: priorizar la eficacia en la gestión y la calidad en el servicio.

Podría pensarse que el objetivo que se le pone a la nueva consellera es hasta cierto punto obvio. Pero a la vista de la labor desarrollada por su antecesora en el cargo, considerar la eficiencia en la atención sanitaria y la lucha contra las listas de espera como las claves de la nueva política en la conselleria de Sanidad del Gobierno valenciano constituye toda una novedad.

Porque la labor desarrollada por Montón durante sus tres años de mandato al frente de ese departamento generó encontronazos y broncas, incluso con sus propios compañeros de partido, y obligó a intervenir en más de una ocasión al propio presidente de la Generalitat, Ximo Puig.

Montón se construyó la leyenda de la consellera roja con su relato de la defensa de lo público

Montón se ganó en algunos círculos el apelativo de la 'consellera roja'. Y a ella no le disgustaba. Su gestión al frente de Sanidad dejó clara casi desde el primer día que las propuestas de mayor perfil ideológico ocuparían un espacio más destacado que las vinculadas a la atención a los pacientes. La recuperación de la sanidad universal que ha anunciado el Ejecutivo central como primera decisión de empaque del nuevo Gobierno -y que pertenece al departamento de Montón- transmite la misma señal que la que trasladó al arrancar su mandato en la conselleria en 2015, con aquella polémica supresión del copago farmacéutico que terminó siendo recurrida en los tribunales por el Ejecutivo central del PP.

La entonces consellera hizo entonces de la ideología, del discurso político casi simplista de que la sanidad pública era la buena y la privada un negocio, la principal bandera de su gestión. El choque con el IVO, que derivó en la intervención pública de Puig para reconducir la relación de esa entidad con la administración autonómica, el tortuoso proceso de reversión de las concesiones privadas de algunos hospitales públicos, como el de Alzira, o incluso el intento de frenar las intervenciones quirúrgicas cardiacas en el hospital de Manises se convirtieron en ejemplo de esa batalla abierta con las empresas privadas dedicadas al ámbito sanitario.

La nueva consellera tiene el mandato de priorizar la eficacia y la eficencia en la gestión

Sin apenas dejar espacio al diálogo o a la negociación, solemnizando lo obvio, Montón optó por componer un relato en el que lo público debía de ser el único espacio. Un discurso que se sostenía, es cierto, en extender a cualquier ámbito las muchas dudas vinculadas a la legalidad de decisiones adoptadas por los Gobierno del PP -y que ahora señalan los tribunales-. Pero que obviaba que eso significaba poner en cuestión fórmulas de colaboración público-privada que hace años que funcionan con éxito en Europa y que no tienen por qué ser perversas por definición.

Montón ha mantenido batallas de perfil político en una conselleria que debe de tener la atención a las personas como principal objetivo. De hecho, Sanidad ha mantenido la colaboración con la iniciativa privada en algunos ámbitos -como en el caso de las resonancias- y sin embargo, al mismo tiempo, ha insistido en ese discurso dirigido a criminalizar a los gestores privados. La nueva consellera entiende que no se puede descartar ninguna fórmula de colaboración, máxime cuando la sanidad pública ya se encuentra al máximo de su capacidad.

Barceló quilibrará la poesía -la ideología- con las matemáticas -la atención al paciente-

El mandato de Ana Barceló no es en ningún caso ceder espacios de la sanidad pública a la privada. «Es una consellera del PSPV, no del PP», se remarca desde el Palau. Pero esa circunstancia no implica en ningún caso mantener un conflicto permanente con quien, en algún caso, es el principal proveedor sanitario de la administración autonómica. «Lo que no puede ser es que ni siquiera fueran posibles los espacios de diálogo», se añade.

Barceló llega a cambiar las prioridades de la conselleria de Sanidad. Ya no será la batalla política con la iniciativa privada, ni la búsqueda de enemigos de lo público. Será la atención a los ciudadanos, la eficacia en la gestión y la lucha contra las listas de espera. «Se trata de equilibrar la poesía con las matemáticas», en afortunada expresión de un veterano dirigente. La defensa de lo público, de poner en valor la sanidad valenciana, su buenos equipos y sus magníficos profesionales no puede estar reñida con la búsqueda de la mejor atención posible. Y eso obliga a no castigar a una parte de los recursos. «El dinero del rescate de las concesiones implica no hacer nuevos hospitales», se recuerda.

La sanidad pública es buena, pero si se satura hay que buscar otras soluciones, se explica

La nueva consellera tiene fama de meticulosa y de trabajadora incansable. Sus compañeros de Les Corts hablan de ella como de una de las parlamentarias con mayor capacidad de gestión. «Los que me conocen saben que soy muy pragmática, lo que haremos es colocar, como hasta ahora, a las personas en el centro de la política, sobre todo de la política sanitaria, para mejorar la vida de los ciudadanos», señaló tras tomar posesión de su cargo hace pocos días.

Desde las filas socialistas, el giro que se pretende imprimir a la gestión en la conselleria de Sanidad ha sido recibido con optimismo -aunque de puertas afuera de mantendrá el discurso de la continuidad y la defensa a ultranza de la sanidad pública y universal-. Entre otras razones, se explica, porque la pretendida ideologización de la gestión durante la etapa de Montón «era postiza». «En realidad escondía cierta incapacidad para el diálogo, para la interlocución con un sector que puede contribuir a mejorar la atención sanitaria», se reconoce.

Las mismas fuentes reprochan a Montón que optara por la demonización de los gestores privados de sanidad -desde su equipo en la conselleria se llegó a acusar a estas firmas de estar interesadas únicamente en el negocio- en lugar de abrir canales de diálogo para vigilar su gestión y adoptar medidas si su labor no era la deseada. «Lo que los ciudadanos quieren es ser atendidos lo mejor y más rápidamente posible. Esa es la prioridad», se insistió.

Los expertos en gestión sanitaria creen que con Barceló vuelve el diálogo

La designación de Ana Barceló como consellera de Sanidad ha serenado los ánimos en algunos ámbitos de la actividad sanitaria. En la nueva inquilina del Consell ven algunos cómo se aleja del horizonte de la gestión la clara oposición de su predecesora, Carmen Montón, a la colaboración público-privada (bajo distintas fórmulas) o las iniciativas por las que le han llovido a Montón las consideraciones de demasiada carga ideológica. A la exconsellera se le ha criticado su marcado perfil político echando en falta mayor protagonismo gestor.

En Barceló sin embargo las mismas voces, aunque apuntan a esperar, observan que «responde a un perfil gestor, que se aparta de lo meramente ideológico». No faltan quienes llegan a adelantar que la nueva consellera, junto a su nuevo equipo, va a marcar distancia de algunas de las políticas impulsadas por la anterior responsable autonómica. En este criterio coinciden varios expertos en gestión sanitaria consultados por LAS PROVINCIAS. Los mismos que en la designación de Barceló ven una apuesta del presidente Puig, quien durante el mandato de Montón tuvo que mediar en alguna ocasión para acabar con tensiones que podían llegar a dificultar prestaciones asistenciales.

Tras su toma de posesión, la nueva consellera se refirió a las listas de espera como una prioridad, algo que no ha pasado desapercibido. En esa apuesta se ha visto un avance de un programa de trabajo que llegará marcado por el distanciamiento de la nueva política sanitaria, pues se ha destacado que si bien la frase puede sonar «a poco», significa mucho. Detrás de la búsqueda de soluciones para esta inquietante cuestión, hay numerosas decisiones que adoptar, asuntos que gestionar para ofrecer respuestas a los ciudadanos ante un tema muy sensible para la sociedad. Las soluciones que se han aplicado nunca han llegado a dejar completamente de lado la derivación de pacientes a clínicas privadas. De hecho, esa cuestión generó críticas hacia Montón al considerar que en la relación público-privada, se mantenía un doble discurso.

«Se recupera la gestión», insiste otra de las voces consultadas. Pero no sólo eso: «También el diálogo». Cuando el análisis que ofrecen se centra en la colaboración público-privada apuntan en la dirección de un cambio de rumbo que podría alejarse del «marcado rechazo al sector privado» al optar por moderar las posiciones. Entienden que será así porque «Presidencia no compartía el extremo rechazo hacia la colaboración» y cuando valoran la relación política hablan de una conexión complicada entre Montón y Puig.

El nombre de la consellera de Sanidad ha aparecido durante toda la legislatura como la que ocupaba la primera posición en el caso de que el jefe del Consell se hubiera decidido a remodelar su Gobierno. Al final, Pedro Sánchez le hizo 'el favor' de nombrarla ministra.

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