La ruleta electoral

Una persona introduce monedas en una máquina tragaperras. / JESUS SIGNES
Una persona introduce monedas en una máquina tragaperras. / JESUS SIGNES

La ludopatía acecha a los jóvenes y el sector recuerda que en 2017 pagó 137 millones en impuestos para prevención

HÉCTOR ESTEBANVALENCIA.

La señora de pelo rojo estaba otra vez allí, frente a la tragaperras del bar del centro comercial. Hacía diez minutos que había echado la última moneda. Volvió. La voz enlatada de «avance» la delató. «Avance, avance, avance...» Hipnotizada. Con gestos de desaprobación por el premio no dado. La tragaperras no paraba de cantar pero en el cajetín metálico no cayó ni una sola moneda. Otro intento. Nada. Y otro, y otro y hasta tocar el fondo del monedero. En la mano, una bolsa del supermercado. La compra por obligación o excusa. La máquina como consuelo o condena. La historia de esa señora es la de miles de ciudadanos adictos o aficionados al juego. Hoy arrepentidos y mañana a la caza de una nueva oportunidad. Cuando el presidente del Consell, Ximo Puig, anunció el adelanto electoral dio carpetazo a la futura ley del juego de la Comunitat Valenciana, un proyecto que murió a punto de llegar al hemiciclo y con las bases necesarias para regular una adicción o pasatiempo, para poner orden a la ruina o escape de miles de familias. Una norma que no puso de acuerdo a los principales socios del gobierno de la Generalitat, cargada de enmiendas y con demasiados intereses subterráneos. Además, no hay que perder de vista la clave: el juego inyecta dinero en la administración en forma de impuestos. Un mal necesario para aliviar el déficit con el que cada año se cierran los presupuestos.

La explosión de las apuestas deportivas necesita de una regulación que no admite demoras. En el primer trimestre de 2019, los valencianos se han jugado más de 88 millones de euros al calor de un resultado. «La inmediatez es la clave, es como la ruleta, en unos segundos sabes si vas a ganar y eso es lo que engancha», señalan psicólogos especializados. Las máquinas de apuestas se han multiplicado. Hoy en día, un adolescente tiene al alcance de la mano un refresco y la apuesta. Los bares, lugares de paso y de reunión, son el casino. En el mismo local en el que la mujer de pelo rojo se gastaba el pan, una máquina de apuestas permitía arriesgar el sueldo. Un ejemplo, jugarse un euro a que el Valencia ganaba 0-2 en Villarreal y el segundo tanto lo marcaba Guedes reportaba 120 euros. Un gancho para los jóvenes, cautivos de internet. Baloncesto, ligas extranjeras, combinadas, pilota valenciana... todo aquello que tenga un resultado cabe en una máquina. «Mis amigos y yo tenemos un grupo en el que jugamos. Controlamos, no nos gastamos mucho dinero. Es difícil acertar las combinadas pero una vez llegamos a ganar 700 euros. Además, como nos gusta el fútbol y sabemos de qué va creo que es más fácil ganar que si juegas a la lotería», explica Adrián, con el móvil en la mano. Ese teléfono es el camino más corto al juego y él ya ha entrado en la rueda.

El proyecto de ley interruptus contemplaba distancia entre salones, protección frente a los colegios, mandos para las tragaperras, liberalización del sector, máquinas en los estadios y pabellones deportivos... Un mundo por regular la próxima legislatura.

En el otro lado está el empresario, que mueve millones, que genera puestos de trabajo y que alimenta el bolsillo de la administración. «El proyecto de ley en la Comunitat se hizo sin contar con el sector. Y tras las enmiendas presentadas ni el propio regulador quedaba satisfecho. Esto ocurre cuando se hacen las cosas bajo presión y sin consenso», apunta Alejandro Landaluce, director general de Cejuego.

La ludopatía es el problema y los empresarios recuerdan que la tasa del sector del juego se cobra para sufragar desde la administración los tratamientos. La Generalitat ingresó en 2017 más de 137 millones del juego: «Un dinero con el que se pueden acometer grandes programas de prevención y tratamiento», apunta Landaluce. Para los empresarios, los datos validan su actividad: «El 75% de la población adulta afirma que juega con asiduidad y el 97,7% lo hace sin problemas. España se encuentra entre los cuatro países del mundo occidental con menor índice de juego problemático». Para el sector, medidas como limitar con mandos las tragaperras dañan al juego y a la hostelería, y aseguran que las apuestas son una «realidad de ocio» que no genera problemas. Hagan juego.