El Rey reafirma su posición de jefe del Estado frente a Trump

Felipe VI (d) y Letizia. /Zipi (Efe)
Felipe VI (d) y Letizia. / Zipi (Efe)

El nuevo ministro de Exteriores, Josep Borrell, se estrena en el cargo con este viaje

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Casualidad o no, el primer ingreso en prisión de un miembro de la familia real en tiempos modernos le ha cogido al rey Felipe VI a 8.000 kilómetros de distancia. En San Antonio (Texas), Felipe VI y la reina Letizia veían museos y hablaban de hispanidad, mientras Iñaki Urdangarin desaparecía en el interior de un módulo de prisión para él solo.

De camino, el monarca español tendrá la oportunidad de reafirmar su figura como jefe de Estado frente al presidente más poderoso del mundo, que ya recibió a Mariano Rajoy en su primer año de gobierno. El mensaje sin palabras estaba claro. La familia real quiere dejar atrás el borrón de Urdangarin y aprovechar este viaje para recordar que el Rey es la línea de continuidad entre gobiernos que van y vienen. Con su inglés británico y su andar por Washington, aprendido durante su máster de Georgetown, el monarca español tiene este martes su oportunidad de domar al impredecible mandatario que se le resistió a los líderes mundiales del G-7.

Será una foto vital para el delicado momento político que vive la Corona. Sentado en el Despacho Oval, la influencia del rey Felipe VI en el mandatario estadounidense para que evite a España el dolor económico de los aranceles sobre el acero y el aluminio que comparte con Europa se unirá a la cruzada nacional por la aceituna negra. Su papel estará estrechamente determinado por la actuación del nuevo ministro de Exteriores, Josep Borrell, que se estrena en el cargo con este viaje. Durante los cinco días que les ha acompañado por Nueva Orleáns y San Antonio, con motivo del tricentenario de estas dos ciudades con pasado español, el ministro ha resultado tan esquivo con la prensa como hermético el monarca. Ni una sola palabra que adelantase el contenido político del encuentro, por parte de Exteriores; ningún acuse del trago familiar, tras la permanente sonrisa de Felipe VI.

En su lance con el intempestivo inquilino de la Casa Blanca, tan distante del cariñoso Barack Obama con el que se reunió la última vez, el monarca español va armado con una serie de datos para demostrar a Trump que si alguien sufre por un 'desbalance' comercial es España. Algo que no le sirvió al canadiense Justin Trudeau, cuyo país también sufre un déficit comercial con EE UU. Trump se lo rebatió, aunque en privado luego reconoció que no tenía ni idea de lo que hablaba. En la era de la posverdad no le interesan los datos, sino la propaganda.

Toca ponerse en su lado amable. Pese a defender con ahínco los lazos comunes y el papel del español en EE UU, no se espera que el Rey parta ninguna lanza por los hispanos a los que Trump aterroriza y separa de sus hijos cuando piden asilo político en la frontera. El momento político no da para magnanidades.

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