¿Qué hace un registrador de la propiedad y por qué cobra tanto?

Rajoy llega a la oficina. Comienza la jornada laboral poco antes de las 10 de la mañana. / Juan j. Monzó
Rajoy llega a la oficina. Comienza la jornada laboral poco antes de las 10 de la mañana. / Juan j. Monzó

Ganan dinero, y mucho, con unas cuantas firmas. Son los que avalan la legalidad de los documentos, y Rajoy vuelve a ser uno de ellos

JAVIER GUILLENEA

El apacible ecosistema de los registradores de la propiedad, ese gremio del que tan poco se sabe, ha saltado por los aires. Durante años se han quejado del escaso conocimiento que la sociedad en general tenía de su trabajo, pero ahora las cosas han cambiado. La reincorporación del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy a su plaza en Santa Pola ha levantado una marea de curiosidad sobre la tarea que realizan los cerca de 1.100 registradores que hay en España. Todos quieren saber quiénes son esos profesionales cuya única función parece ser la de estampar una firma al pie de un documento.

«Estamos desbordados», dicen desde el Colegio de Registradores de la Propiedad y Mercantiles de España, que no ha dejado de recibir llamadas desde que Rajoy anunció su intención de regresar al puesto que abandonó hace 29 años para dedicarse a la política. Si hace tiempo lamentaban el escaso interés que despertaba su labor, ahora anhelan regresar al anonimato de los despachos que tantos esfuerzos les costó ocupar. Los registradores de la propiedad llevan una vida relajada, pero para llegar a esta especie de nirvana profesional han sufrido lo indecible.

Cerca de 500 licenciados o graduados en Derecho se han presentado este año a las oposiciones para ocupar cincuenta plazas del Cuerpo de Aspirantes a Registrador de la Propiedad Mercantil y de Bienes Muebles. Todos ellos comenzaron en marzo un calvario de exámenes que culminará en diciembre. Los que aprueben verán recompensados años de penalidades en los que han tenido que memorizar inacabables textos sobre Derecho Civil, Común, Foral, Mercantil, Administrativo, Procesal, Hipotecario, Fiscal y Notarial.

«Tedioso y solitario»

«La verdad es que vienen bastante desmejorados», afirman fuentes del Colegio de Registradores. Las oposiciones son durísimas y exigen un esfuerzo constante durante seis o siete años, que es el tiempo medio que suelen dedicar los aspirantes antes de enfrentarse a las pruebas con cierta garantía de éxito. «Son ocho horas de estudio al día y se hace duro; es un trabajo tedioso y solitario», afirma Carlos Alonso Olarra, registrador mercantil de Bizkaia y preparador de opositores. «Tuve uno que estuvo diez años formándose y al final aprobó», recuerda. «Los que se presentan acaban agotados y para los que aprueban es una liberación, se quitan de encima una mochila que han llevado permanentemente durante mucho tiempo», señala Olarra, que tampoco le da demasiada importancia a la dificultad de las oposiciones. «Es duro, pero la vida también lo es. Estudiar calentito ocho horas en una habitación me parece burgués si lo comparamos con otros trabajos», admite.

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Tantas horas delante de todos los libros de leyes imaginables les sirven a los registradores para controlar la legalidad de los documentos que lleguen a sus manos. En el caso de los de la propiedad, su función más relevante es la de dar fe de las escrituras que preparan los notarios para garantizar que las transacciones inmobiliarias son legales y facilitar información fiable a los ciudadanos sobre las propiedades. Son ellos quienes avalan en última instancia la legalidad de un escrito, y si se equivocan la responsabilidad recaerá sobre ellos.

«Una leyenda»

De los registradores se dice que, una vez superada la tortura de las oposiciones, se les abre la puerta a un futuro radiante de poco trabajo y mucho salario. Carlos Alonso Olarra rechaza la idea extendida de que los registradores no destacan precisamente por la intensidad laboral de su día a día. «Eso de que no trabajamos es una leyenda. Para estampar una firma hay que tener muchos conocimientos y conocer las leyes, sobre todo las legislaciones más específicas en tu campo».

Al igual que en otras muchas profesiones, la formación de los registradores es continua porque si algo hacen los textos legales es cambiar. Y aquí surge la pregunta de si Mariano Rajoy está capacitado para retomar el empleo que dejó hace ya 29 años. El registrador vizcaíno no cree que tenga demasiados problemas para reciclarse. «Es como en todos los trabajos. Si yo soy abogado o arquitecto y me he dedicado durante años a una cosa puedo cambiar con el tiempo; uno se puede reciclar en todas las profesiones», anota.

Los registradores, cuyo puesto es semipúblico, no tienen un sueldo fijo como los funcionarios. Al igual que los notarios, cobran directamente de los clientes, por lo que sus honorarios dependen de su actividad. Por lo general, sus ingresos se acercan a los 15.000 euros mensuales, aunque con ellos deben pagar a sus empleados. Pero, una vez descontados los gastos, queda un buen dinero. Aunque solo sea por el salario -y sobre todo por eso-, el esfuerzo merece la pena.

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