Quedarse de Rodríguez

El sumario de Alquería atrapa al alcalde de Ontinyent

JC. F. M.* JCFERRIOL@LASPROVINCIAS.ES

Que las elecciones autonómicas y las municipales se vayan a celebrar con un mes escaso de diferencia provoca, y eso ya se sabía, que los procesos se crucen y se salpiquen. A muchos candidatos socialistas a alcalde les preocupa que la movilización para el 28A no se mantenga para el 26M. Y a algunos candidatos autonómicos comienza a atragantárseles las listas municipales. Jorge Rodríguez, expresidente de la Diputación de Valencia y alcalde de Ontinyent, se ha convertido en la primera piedra seria en el zapato de Ximo Puig. Piedra o pedrusco. El sumario del caso Alquería revela comportamientos y prácticas administrativas impropias de un responsable público. Las amenazas, las presiones, los insultos casan mal con los usos habituales de un estado democrático. Rodríguez llegó a la presidencia de la corporación provincial en el verano de 2015. Y su entorno le hizo creer que asumir ese cargo le convertía por derecho propio en una suerte de número dos de su partido. Manos libres, pensó quizá, para hacer y deshacer a su antojo en la corporación provincial y en las empresas dependientes. Un «quedarse de Rodríguez» político que ha acabado mal, y puede seguir aún peor. Los socialistas no dependen del diputado provincial que se elige en el partido judicial de la Vall d'Albaida. Pero sí que se juegan su credibilidad en el caso de quedarse mirando al tendido mientras la justicia destapa componendas. Estamos en campaña electoral y no caben bromas.

De hecho, el propio Puig se encargó ayer, de forma intencionada o no, de comenzar a tapar, o al menos intentarlo, el ruido mediático que genera el sumario del caso Alquería. Su anuncio del inminente inicio del proceso de reversión del Hospital de Dénia, a escasos diez días para la convocatoria electoral, tiene mucho de tratar de cubrir el flanco izquierdo del PSPV, que es el que más puede sufrir si Compromís aprieta con el 'pecado' socialista de tratar de entenderse con la iniciativa privada.

El PP valenciano ha aprendido de anteriores errores al respecto. La falta de reflejos para reaccionar ante casos de corrupción se encuentra entre las causas -si no fue la principal- de que las elecciones de 2015 pusieran punto y final a dos décadas de hegemonía electoral. Ayer, a la vista de la situación judicial de Eusebio Monzó, la candidata a la alcaldía y el propio concejal del Ayuntamiento de Valencia decidieron que el edil no forme parte de la lista municipal que, presumiblemente, se presentará hoy mismo ante la junta electoral. Monzó fue destituido por el Consell de Alberto Fabra en julio de 2014, después de su imputación en una causa abierta por presuntas irregularidades en contratos relacionados con el Centro de Convenciones que el arquitecto Santiago Calatrava proyectó en Castellón. Archivada la investigación, la exalcaldesa Barberá lo recuperó para la lista municipal. Monzó vuelve a caer de una lista en la que, de no estar salpicado por un proceso judicial -el de los patrocinios de Aerocas-, formaría parte.

Los populares reciben hoy al secretario general del partido, Teo García Egea. Al número dos de Pablo Casado se le han venido atribuyendo maniobras que no habrían ayudado en nada a la consolidación del liderazgo de Isabel Bonig. A la dirección regional del PP valenciano le ilusiona bastante más la visita la próxima semana de Mariano Rajoy.

La presencia de grandes líderes en este tramo intermedio de la campaña incluye mañana la visita de Pablo Iglesias, el único de los candidatos a la presidencia del Gobierno que no tiene previsto acudir a la Comunitat las últimas 48 horas de la campaña electoral. Su candidato autonómico, Rubén Martínez Dalmau, se reunió ayer con la cúpula de la patronal valenciana. Y la cita sirvió para concluir que, al margen del debate de la financiación autonómica, las diferencias son bastante mayores que las coincidencias. Nada que no pudiera intuirse, como el propio sumario de Alquería.