À PUNT, LOS MISMOS ERRORES

PABLO SALAZAR

Que À Punt interrumpiera la emisión del acto institucional del 9 d'Octubre en el Palau de la Generalitat justo cuando empezaba a sonar el himno de España viene a confirmar que algunos de sus gestores políticos siguen anclados en la nostalgia de un antifranquismo que por edad no conocieron pero que les resulta más atractivo y acorde con ese carácter supuestamente revolucionario y casi antisistémico del que presumen pero que no les impide cobrar un buen sueldo de la Administración pública, que es como decir del Estado español. Y que en el mismo día la cadena nos obsequiara con una nueva celebración del treinta aniversario de la televisión pública valenciana (el comienzo de las emisiones de la extinta Canal 9 en 1989) que incluía una ofensa gratuita al PP al calificar de «ataque a la libertad de expresión» el cierre ordenado en 2013 por el expresidente Alberto Fabra, no hace más que ratificar lo que una inmensa mayoría sospechábamos que iba a ocurrir, que la nueva/vieja tele no es más que una herramienta para la agitación y la propaganda al servicio del tripartito. Porque aunque desde muy diferentes altavoces, incluyendo esta misma columna, se lamentara en su momento la abrupta decisión de Fabra tras el fracaso en la gestión del ERE y se señalara que cabía otra alternativa no tan traumática, la crítica al cierre no puede llevar en ningún caso a su inclusión en la categoría de los «ataques a la libertad de expresión» como si habláramos de la censura en tiempos de la dictadura, que al final es lo que se pretende, hacer ver que el franquismo y la derecha democrática son una misma cosa. Canal 9 se cerró porque era un pozo sin fondo, una sangría insostenible para una autonomía quebrada y mantenida con los fondos que llegaban desde el Gobierno central y que se tenían que destinar a educación, sanidad, el pago de las nóminas de los funcionarios y el resto de las partidas principales de la Generalitat, no a la supervivencia de un medio de comunicación que había ido perdiendo el favor del espectador. Aquejada de delirios de grandeza desde su nacimiento, alcanzó tal grado de desmesura que entró en la UCI, de donde ya no salió. Pero lo peor, siendo malo todo lo anterior, es que no hayamos aprendido nada del pasado y se estén repitiendo los mismos errores, que volvamos a una súperestructura inasumible, a un gasto disparatado y a unas contrataciones y adjudicaciones bajo la sospecha del trato de favor. Y todo ello para que, encima, en Valencia la vean cuatro gatos y en Alicante y en Castellón, ni eso. Y para que interrumpan la emisión del himno nacional durante la celebración del 9 d'Octubre. Y para que cometan el atropello de presentar el cierre de su antecesora, Canal 9, como un ataque a la libertad de expresión. ¿Qué será lo próximo?