Puig, obligado a garantizar que mantendrá la exigencia de la nueva financiación

Vista panorámica del hemiciclo durante la jornada de ayer. / txema rodríguez
Vista panorámica del hemiciclo durante la jornada de ayer. / txema rodríguez

Afirma que no rebajará su reivindicación ante Sánchez después de que sus socios del Botànic le reprochen que pasara de puntillas en el debate

JC. F. M.

valencia. La gran bandera del Gobierno del Botànic, el denominador común de los tres años largos de gestión del Ejecutivo que preside Ximo Puig, no ha sido otro que la exigencia de un nuevo sistema de financiación autonómica. Ayer, en el último debate de política general de la legislatura -a escasos nueve meses de las elecciones autonómicas-, la exigencia de la reforma de la financiación amagó con generarle un problema serio al presidente de la Generalitat. Hasta el punto de obligarle a dedicar parte de las réplicas a sus socios políticos, Compromís y Podemos, a sostener que su tono reivindicativo ante el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no tendría «ni un milímetro de paso atrás».

Puig acudió al debate de política general con la debilidad política de su excompañera de Consell, Carmen Montón, todavía resonando en la Cadena Ser. Ese ya no es mi problema, pudo pensar perfectamente. Al debate acudía con la incógnita de saber hasta qué punto sus socios del Botànic le exigirían compromisos concretos -para ellos las elecciones autonómicas también están a la vuelta de la esquina- y a trasladar ese mensaje de proyecto de larga duración que necesitaba imprimir a su mensaje para justificar lo que, obviamente, no podía pedir desde la tribuna de Les Corts: cuatro años más de Gobierno.

Así que Puig utilizó su intervención, de más de ochenta minutos, a desgranar el nuevo contrato que quiere suscribir con los valencianos. Proyectos e iniciativas de distinto calado, condicionados la mayoría de ellos a retener la presidencia de la Generalitat para poder darles impulso a partir de la segunda mitad de 2019. El presidente citó el inicio de las obras de la L10 (antes T2 de Metrovalancia) en el tramo calle Alicante-Natzaret; un plan de atención primaria sanitaria, con 90 millones de euros para los próximos cuatro años, para la rehabilitación, reforma, acondicionamiento y ampliación de centros de salud y consultorios; la aprobación de los pliegos para la ampliación norte del puerto, con una inversión pública y privada de 1.000 millones de euros...

El presidente se reivindica y anuncia proyectos de Gobierno que requerirían de una nueva legislatura

Pero el debate vino con la financiación. En su discurso inicial, el presidente apenas dedicó una mención de pasada a la reforma de la financiación. Un matiz notable frente a las reiteradas menciones que el propio Puig hizo ahora un año, en el debate de 2017, a la exigencia al Gobierno de Mariano Rajoy de la modificación del modelo.

El ninguneo al debate sobre la financiación no pasó inadvertido, aunque Puig trató de disimularlo con el anuncio de una reunión en octubre con Pedro Sánchez. Una cosa no compensa la otra, pensaron sus socios, que no tardaron en verbalizar, primero en los pasillos de la Cámara y luego desde la tribuna la falta de concreción del jefe del Consell con este asunto. El Síndic de Compromís, Fran Ferri, dijo echar en falta «un mensaje claro en cuanto a la financiación» en el discurso de Puig. El de Podemos, Antonio Estañ, se pronunció en términos similares. Por los pasillos, el conseller de Hacienda Vicent Soler se afanaba con algunos de los colaboradores de Puig en el Palau por buscar respuestas.

Llegaron en la respuesta a Podemos. Puig aseguró «no hay ni un milímetro de paso atrás» en las exigencias valencianas al Gobierno central ahora presidido por Pedro Sánchez y señaló que así lo reflejará cuando pueda comparecer para hablar en el Senado.

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