El fin del 'procés' hace irreversible la fractura JxCat-ERC

Torra (d) habla con Torrent. / Foto: Jon Nazca (Reuters) I Vídeo: Atlas

Torra y Esquerra sellan un apaño hasta la sentencia del 1-O, mientras el president está cada vez más solo y cuestionado por los suyos

CRISTIAN REINOBarcelona

Con una reunión de urgencia, Quim Torra y Pere Aragonès firmaron el viernes el armisticio entre Junts per Catalunya y Esquerra. Pero la guerra en el independentismo está para quedarse.

Exconvergentes y republicanos se embarcaron hace seis años en un proceso político para tratar de convertir a Cataluña en un estado independiente, o al menos para forzar al Gobierno central a negociar un referéndum de autodeterminación. Con el colapso de su proyecto la separación es irreversible. Torra y Aragonès han pactado que el divorcio no se consumará, al menos, hasta que se conozca la sentencia del juicio del 1-O. Se dan unos meses de tregua.

Los presos, los huidos y el victimismo contra el Estado ejercerán de nexo cohesionador, pero son conscientes de que ya no les une más que eso. Mientras el proceso secesionista seguía su curso, había un bien superior que mantenía la unidad. Se cerraba filas filas porque nadie quería aparecer como un traidor.

El fracaso de la vía unilateral ha llevado a un callejón sin salida al independentismo, que ha vivido su particular 'semana horribilis', la prueba del nueve que la situación es de colapso general. Empezó con la imagen de una turba de manifestantes intentando entrar a las bravas al Parlamento, de Cataluña horas después de que el presidente de la Generalitat alentara a los radicales a seguir «apretando» en la calle. Acabó con el Parlamento de nuevo bloqueado y sin poder celebrar votaciones.

Carles Puigdemont, que se niega a aceptar el fracaso y trata de dinamitar cualquier intento de regreso a una cierta normalidad institucional, tiene buena parte de la responsabilidad. «A JxCat no le interesa ni la república ni la independencia. Su único objetivo es ir a por Roger Torrent y defender a Carles Puigdemont», afirma un diputado de Esquerra.

Lo que se llegaron a decir unos sobre los otros el miércoles pasado en los pasillos del Parlament, mientras negociaban cómo aplicar el auto de Llarena sobre la suspensión de los diputados procesados, es irreproducible e invita a pensar que la reconciliación es imposible, a pesar de los paños calientes posteriores. «Habrá nuevos episodios», señalan en el entorno del presidente de la Generalitat. Consideran que la legislatura está muy tocada, pero también señalan que en los últimos años las han visto de todos los colores y han conseguido seguir adelante. Aguantar y ganar tiempo, esa es la clave. «De pelea en pelea, hasta la derrota final», ironiza una diputada republicana.

Torra tendrá la capacidad de convocar elecciones a partir del 27 de octubre y si no lo hace es porque JxCat, que ni siquiera es un partido a la espera de que cristalice la Crida, no tiene ni candidato ni proyecto que ofrecer a su electorado, que le votó con el único punto en el programa de restituir al expresidente Puigdemont.

Esquerra, en cambio, lleva meses tratando de resituarse en la época del postproceso. Además de un cambio en los líderes (Aragonès, Torrent y Sabrià han tomado las riendas, mientras Junqueras sigue en prisión), está pilotando un giro estratégico. Habla de ampliar la base soberanista, de buscar alianzas más allá del independentismo (la apuesta de Ernest Maragall en Barcelona va en esa línea) y de situar el referéndum en el centro del debate. Se atreve a decirle a Torra que no hay que vender humo, que hay que decir la verdad a la gente y que hay que pinchar la burbuja del proceso. Puigdemont y el presidente vicario en cambio se niegan. Insisten en que hay que hacer efectiva la república y en que hay que volver a investir al expresidente.

Más tormentas

Lo que se ha vivido esta semana en la Cámara tendrá segundas, terceras y enésimas partes. La siguiente será el martes con la reanudación del pleno aplazado el jueves. Está por ver si Torrent acepta el riesgo de ser arrastrado a una querella. JxCat insiste en no acatar la suspensión de Llarena y Esquerra la acepta. Ambas formaciones llegaron a un pacto de mínimos que trata de preservar la estabilidad del Govern, pero bloquea la Cámara autonómica. El siguiente choque será por el sueldo que han dejado de cobrar los seis diputados suspendidos.

Entre tanto fuego amigo, y como aviso para navegantes, Torra advirtió por primera vez de que cuando vea que no es posible alcanzar la independencia, dimitirá. Un compromiso que no esconde que el presidente catalán está cada vez más solo. El martes lanzó un ultimátum a Pedro Sánchez y ni ERC ni una parte del PDeCAT lo secundaron. Por primera vez, tuvo que escuchar gritos de dimisión en una manifestación secesionista convocada por los CDR, a los que se dirige como sus «amigos». La CUP, que ve la legislatura «tocada de muerte», habla de cambio de rasante y que a partir de ahora las protestas contra el Govern irán a más si la gente ve que no da pasos hacia la república.

El diálogo con Madrid, mientras, lo encabeza Elsa Artadi y ya ha dado algunos frutos sectoriales, lo que inquieta a los más radicales. Hasta la ANC empieza a desmarcarse de JxCat, carga contra el independentismo institucional y de partidos y presiona a Torra. Entre los neoconvergentes también hay mar de fondo. Los exconsejeros Rull y Turull estaban por aceptar el pacto con Esquerra, frente a la vía de desobediencia de Puigdemont, y entre los dos miembros de JxCat en la mesa del Parlament se ha abierto un cisma. Eso sí, las llamadas a la unidad serán una constante hasta el juicio.

La ANC da de plazo a Torra hasta el 21-D

La Asamblea Nacional Catalana lanzó este sábado un ultimátum a Quim Torra. Si antes del 21 de diciembre no ha fijado una estrategia para implementar la república, la influyente ANC pedirá la dimisión del presidente de la Generalitat y de los miembros del Gobierno que no estén cien por cien comprometidos con la vía unilateral para hacer efectiva la independencia. La ANC, que reunió este sábado a su ejecutiva, pidió unidad, cree que unas elecciones anticipadas no arreglarían nada en estos momentos y no ve realista la negociación de un referéndum acordado con el Estado.

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