El principal asesor de Puig confirma que dejará el Palau antes de fin de mes

J. Manuel Orengo. / i. marsilla
J. Manuel Orengo. / i. marsilla

Orengo anuncia que abandona la política un año después de haberse incorporado a la sala de máquinas de Presidencia de la Generalitat

JC. FERRIOL MOYA VALENCIA.

José Manuel Orengo pondrá punto y final este mes a su labor como asesor del presidente de la Generalitat. El que fuera alcalde de Gandia y número tres del PSPV confirmó ayer a este diario que deja la política, aunque no se dará de baja como militante del partido. Orengo explicó a este diario que tiene previsto tomarse un descanso antes de emprender nuevos proyectos profesionales, en principio, fuera de la actividad política.

Orengo está considerado como el principal asesor del presidente de la Generalitat, Ximo Puig. Se incorporó a ese cargo hace poco más de un año -precisamente un 1 de agosto-, justo tras la victoria del secretario general de los socialistas valencianos en el congreso celebrado en Elche. La confianza de Puig en Orengo ha sido absoluta desde hace décadas, hasta el punto de que el propio líder de los socialistas valencianos ha llegado a reconocer en privado que alguna de sus derrotas orgánicas -como cuando Pedro Sánchez se impuso por una sustancial diferencia a Susana Díaz en la Comunitat en las primarias para elegir líder federal- se habían debido precisamente a que Orengo no se había implicado en ese proceso.

Alcalde de Gandia entre 2003 y 2011, cabeza visible de lo que se ha conocido siempre en el PSPV como el 'clan de Gandia', Orengo arrancó esta legislatura como jefe de gabinete del entonces presidente de la Diputación de Valencia, Jorge Rodríguez. El cargo, al que accedió con la orden de atar en corto al alcalde de Ontinyent, apenas le duró seis meses, que son los que duró la entente entre el dirigente de la Safor y el entonces presidente de la corporación provincial.

La salida de la Diputación le llevó a la Federación Valenciana de Municipios y Provincias. Desde allí, y gracias a un convenio con Divalterra -la empresa de la corporación provincial heredera de la vieja Imelsa- Orengo pudo comenzar a trabajar en que pretendía ser su gran proyecto personal: la Fundación Cical, una entidad que se dedicaría a prestar asesoramiento a entidades locales con la intención -se aseguraba- de generar ahorros y servir al mismo tiempo de respaldo a las corporaciones locales con menos medios. La idea terminó derrumbándose tras conocerse la letra pequeña de un invento que se basaba en exclusiva en las aportaciones financieras de universidades y administraciones públicas.

Orengo decidió enterrar Cical en marzo de 2017, tras asumir el fracaso de su iniciativa. Sólo unos meses después, Puig lo recuperaba para la sala de máquinas del Palau. Desde allí, el que llegó a autodenominarse como «gordito cobarde» ha participado en algunas de las decisiones estratégicas más importantes adoptadas desde Presidencia del Consell, como los contactos con gestores sanitarios privados cuando la exconsellera Carmen Montón rompió todos los puentes en su cruzada por la sanidad pública.

De trato afable y cercano, y con un extraordinario nivel de conocimiento del PSPV, Orengo ya trasladó hace doce meses a Puig su intención de abandonar el puesto tan pronto como pudiera. Será como muy tarde el próximo día 25. Con su marcha, el jefe del Consell también se «libera» de un cargo que ha tenido que declarar en la comisión de investigación del Senado sobre la financiación del PSPV. Además, su mandato como alcalde está salpicado por la investigación judicial que afecta a su partido por los contratos con la empresa de comunicación Crespo Gomar.

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