Pedro Sánchez presentará los Presupuestos con un sombrío panorama de negociación

Pedro Sánchez. / Juan Medina (Reuters)

Mantiene el diálogo con la Generalitat de Cataluña con la esperanza de que el soberanismo pragmático de Esquerra se imponga

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

El Gobierno presentará la próxima semana los aspectos centrales de su proyecto de Presupuestos para 2019. Pedro Sánchez lo anunció este domingo sin dar mayores precisiones sobre el contenido, salvo que tendrán «una apuesta» por la igualdad entre hombres y mujeres. El presidente del Gobierno tiene ante sí la tarea nada fácil de conseguir los apoyos para aprobarlos porque a día de hoy solo cuenta con unas negociaciones avanzadas con Podemos y la buena disposición del PNV. Pero se ha topado con la negativa rotunda de los independentistas catalanes, y son imprescindibles para que salgan adelante.

Sánchez se mostró, sin embargo, optimista y quizá contagiado por la competición que iba a correr este domingo en la localidad madrileña de Alcobendas aprovechó para afirmar que se encontraba ante «una carrera de fondo». Con el dorsal '100' y camiseta verde fosforescente, el presidente del Gobierno participó en la prueba de obstáculos por la conciliación, con el lema 'Yo no renuncio', organizada por el Club Malasmadres, pero antes anunció que en los próximos días, antes de que el 15 de octubre haya que enviar el texto a Bruselas, presentará las líneas maestras de los Presupuestos.

Señaló que el proyecto incluirá la igualdad de permisos de paternidad y maternidad, y la universalización de la educación de cero a tres años. Ambas medidas, dijo en su breve alocución sin preguntas, son herramientas «fundamentales» para «la igualdad real» entre sexos. No entró en detalles del coste ni de cómo se llevarán a la práctica ambas iniciativas. Y aunque no formará parte de los Presupuestos, añadió que dentro de la «apuesta clara» de su Gobierno por la equiparación pretende acabar «con la brecha salarial», aunque solo sea «desde el punto de vista legal», con la ley de igualdad.

Sánchez sabe que sus anuncios se pueden quedar en buenas palabras si no consigue que la mayoría de la moción de censura vuelva a articularse en torno a los Presupuestos de 2019. Aunque ahora está dispuesto a gobernar el próximo año con las cuentas prorrogadas de Rajoy, algo que hace un mes no entraba en sus planes, quiere tener sus propios números «más sociales, igualitarios y redistributivos», en palabras de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Pero el problema es que no tiene aprobado ni el techo de gasto para el proyecto -fue rechazado en julio pasado con el previsible voto en contra de PP y Ciudadanos y el imprevisible de Podemos, Esquerra y PDeCAT- ni tiene aliados suficientes para aprobarlos. Pero Sánchez insistió en la visión positiva y, contagiado por el escenario deportivo en que estaba, dijo que el Gobierno está «en forma, avanza y va a lograr las metas que se propone».

El escollo

Aunque la realidad es más sombría. El pacto presupuestario con Podemos está bien encarrilado, según reconocen en Hacienda y en el partido de Pablo Iglesias, aunque faltan flecos importantes en gasto social. Los nacionalistas vascos aún no han empezado a conversar con el Gobierno sobre las cuentas, pero en el Gobierno creen que hay disposición a colaborar. El escollo está en Esquerra y PDeCAT. Para sentarse a negociar ambas formaciones ponen condiciones sobre la situación procesal de sus dirigentes encarcelados en la causa del 1-O. Piden una excarcelación hasta que llegue el juicio o una moderación en la acusaciones que debe presentar la Fiscalía. Requisitos que el Gobierno asegura que no están sus manos.

El PDeCAT, al menos el sector que controla Carles Puigdemont, exige además un acuerdo para la celebración de un referéndum de autodeterminación, como remarcó el presidente de la Generalitat, Quim Torra, en su ultimátum del pasado martes. Una demanda que Sánchez nunca va a satisfacer.

El Gobierno confía en que se abran camino las tesis posibilistas de Esquerra en la lucha fratricida abierta en el mundo soberanista, y al menos haya posibilidades de entablar una negociación. Por su parte, va a mantener los gestos de distensión y la oferta de diálogo, a pesar de las voces dentro del Gobierno y del PSOE escépticas con la estrategia.

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