Enredado por los excesos del caviar

Enredado por los excesos del caviar
Luis Lonjedo

Senador del Partido Popular | Representante del viejo PP y senador desde hace 25 años, este dirigente valenciano se ve cada vez más señalado por sospechas de corrupción

J. C. Ferriol
J. C. FERRIOLValencia

La dimisión ayer de Cristina Cifuentes como presidenta de la Comunidad de Madrid es el único motivo por el que Pedro Agramunt no copará hoy esos espacios de televisión que se emiten en algunas cadenas y que analizan, con cierto humor, la actualidad política. El senador valenciano del PP (Valencia, 1951) ha acumulado más patinazos y meteduras de pata en los últimos doce meses que a lo largo de toda su carrera política. La última ayer, con una supuesta gracia con la que trataba de maquillar algunas de las graves acusaciones de corrupción incorporadas en un informe independiente para el Consejo de Europa. Un comentario machista para tratar de hacer una broma de barra de bar, impropia de un senador.

Agramunt no cayó en la cuenta de la barbaridad que había dicho porque ese perfil de dirigente político está muy lejos de las exigencias actuales de honorabilidad y de respeto a la mujer. «Es otro PP y otra época», se admite en su propio partido. Este expresidente de la asamblea parlamentaria del Consejo de Europa ya fue destituido de ese puesto hace pocos meses después de aquel polémico encuentro con el presidente sirio Bachar El-Asad, y tras perder la confianza de la mayoría de la Cámara, incluido su partido.

A ese Consejo de Europa Agramunt lleva dedicado desde el año 2000. Y desde él ha podido disfrutar de unas relaciones políticas privilegiadas. A través de ellas, Agramunt se ha visto salpicado por más de una investigación sobre corrupción y soborno. Por ejemplo, lo que se conoció como la «diplomacia del caviar», una denominación que por sí sola retrató ya el lujo y la opulencia con la que habrían sido premiados algunos cargos europeos por diversos países, y en particular por Azerbaiyán.

La relación de Agramunt con ese país, presidido por Ilham Aliyev -capaz de ganar elecciones, como la de 2008, con un «llamativo» 88,73% de los votos- está en el centro de las sospechas por las acusaciones de haber contribuido a suavizar informes críticos con la limpieza de la actividad política en esa república del Cáucaso. Una labor por la que el político valenciano habría recibido no pocas prebendas -que él niega-.

Orígenes empresarial

Agramunt es un histórico del PP. Casado y ya separado de Carmen Sáez-Merino, hija del fundador de la histórica Lois, Agramunt fue directivo de empresas textiles y presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), de la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), miembro del Comité Ejecutivo de la Cámara y de la dirección de la CEOE.

Desde esta institución saltó a la política en 1990 al ser nombrado presidente del PP valenciano de la mano de Manuel Fraga. Una maniobra que ahora no resultaría fácilmente imaginable -el salto del máximo representante de la patronal a la presidencia de un partido político-. Tres años después, y pese a que el partido en la Comunitat se había quedado cerca del millón de votos en las generales, José María Aznar terció para desbancarlo de la presidencia y sustituirle por Eduardo Zaplana. Agramunt no le ha perdonado nunca al exministro valenciano aquella zancadilla, hasta el punto de que, quienes le conocen aseguran que su único referente político era ser un declarado antizaplanista. No ser afín a Zaplana y, por ese mismo motivo, serlo de quien se referenciara en el PPCV como alternativa al expresidente del Consell iba unido. De ahí la profunda simpatía que Agramunt siempre mostró hacia la exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá.

La salida del exlíder del PPCV -aceptada por éste sin el menor asomo de batalla interna por retener el puesto- fue el Senado. Este licenciado en Derecho y graduado en el IESE en Barcelona es miembro de la Cámara Alta desde 1993. Agramunt representa lo que algunos denominan como el viejo PP, ese que iba de marisquería por Valencia mientras Alberto Fabra imponía menús de veinte euros a sus altos cargos. El que se hacía presente en la Comunitat cuando llegaban las campañas electorales y después no volvía a aparecer. Un adversario político relata cómo Agramunt ya vio disparada su visibilidad pública con su matrimonio con la hija de un afamado empresario y disfrutó del poder como presidente de la patronal. Y de cuya caída en política en desgracia, en 1993, se ha recuperado no como miembro de la primera línea política, sino incluso mejor: desde uno de esos puestos con amplios recursos y que no se ve expuesto a grandes controles. O así ha sido hasta hace poco.

«Hace tiempo que debería de estar jubilado», ratifica un dirigente del PPCV, que no es ajena a la rumorología que siempre ha situado al veterano senador como aficionado a salir. Agramunt, como algún otro veterano dirigente político del PP, no ha escondido nunca su acomodada posición económica, ni una concepción de la política que tiene poco o nada que ver con el momento actual. «Lo que le ha ocurrido es el fin de una época», se señala.

Ese perfil suyo tan peculiar, tan 'rara avis' con el PP actual, es el que hace, por ejemplo, que haya recibido diversos apoyos desde el Gobierno de Vladimir Putin, hasta haber llegado a ser reconocido como Doctor Honoris Causa por la Academia de Economía Nacional y Administración Pública, centro de formación de funcionarios dependiente de la presidencia rusa. Su presencia en medios de comunicación de ese país ha sido frecuente, entre otras razones porque Agramunt convirtió parte de la polémica por las acusaciones recibidas de corrupción en una maniobra contra Putin.

¿Y Génova?

¿Qué hace un representante del PP valenciano asumiendo esas funciones? La respuesta a la pregunta no es sencilla, pero incluso esta misma semana el portavoz del PP en el Senado defendió a Agramunt de las acusaciones de las que había sido objeto. Máxime cuando todo apunta a que el parecer de la calle Génova respecto a Agramunt puede haber abandonado la pasividad. La Asamblea del Consejo de Europa vota hoy el informe que le vincula con sospechas de corrupción. En función del resultado de ese debate, la dirección nacional del PP tiene previsto adoptar medidas con el senador valenciano. Ayer, la presidenta del PPCV Isabel Bonig ya le abrió la puerta. Los excesos pueden tener los días contados.

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