El pacto entre el PSC y JxCat en la Diputación de Barcelona ahonda la crisis en el Govern de Torra

El presidente del grupo de ERC en el Parlamento catalán, Sergi Sabrià./Efe
El presidente del grupo de ERC en el Parlamento catalán, Sergi Sabrià. / Efe

Esquerra habla de que habrá consecuencias y no descarta la ruptura

CRISTIAN REINOBarcelona

Esquerra volvió a desenterrar este sábado por enésima vez el hacha de guerra para cargar contra sus socios de JxCat, después de que los nacionalistas pactaran el viernes por la tarde un acuerdo con los socialistas que deja a ERC sin la presidencia de la Diputación de Barcelona, que recaerá en el PSC, seguramente en la alcaldesa de L'Hospitalet de Llobregat, Núria Marín.

La relación entre los dos socios secesionistas en el Gobierno catalán es tan débil que a la mínima que cae un poco de ceniza en el suelo se provoca un gran incendio. Es lo que pasó con los pactos municipales tras las elecciones locales y lo que ha ocurrido con la Diputación de Barcelona. Ésta última podría pasar por una más en el errático devenir del Govern, si no fuera porque llueve demasiado sobre mojado y porque esta vez los damnificados, Esquerra, han evitado, como en crisis anteriores, tratar de aislar los efectos de la crisis sobre el Ejecutivo autonómico.

Habrá consecuencias sobre el Govern, apuntan fuentes de ERC. ¿Cuáles? Eso está por ver, pero no se descarta nada, ni siquiera la ruptura. «Que todo el mundo tome nota», advirtió el presidente del grupo de ERC en el Parlamento catalán, Sergi Sabrià, que considera que el pacto entre JxCat y el PSC rompe la confianza entre socios de gobierno en la Generalitat.

En realidad, el acuerdo entre socialistas y nacionalistas viene a ser una venganza servida en plato frío de los postconvergentes, que se la tenían guardada a ERC tras unirse al PSC y a la CUP para desbancar a JxCat de la alcaldía de Sant Cugat del Vallès (Barcelona), su mayor referente a nivel local desde hace décadas. «Un error estratégico incomprensible», afirmó el exconsejero de Justicia, el republicano Carles Mundó. «Si esto lo hace ERC, Tardà y yo tendríamos ya 10 artículos de urgencia del sanedrín convergente y 155 tuits de sus palmeros a sueldo», expresó en Twitter Gabriel Rufián.

ERC cargó fuerte, pero evitó eso sí, los micrófonos. Al principio, trataban de disimular sus diferencias, pero JxCat y ERC ya hace tiempo que actúan casi por separado en el Gobierno catalán. Joan Tardà ha apostado esta semana por el adelanto electoral tras la sentencia del Supremo, mientras que Quim Torra y su entorno intentan alargar la legislatura. La lucha entre los dos socios ha sido desde que arrancó el 'procés' por la hegemonía del soberanismo y hay dos estrategias diferenciadas.

Esquerra, tal y como ha expresado Roger Torrent esta semana en una conferencia en Madrid, apuesta por rebajar el tono, aparca la vía unilateral y trata de poner luces largas para abrir una negociación con Madrid. En ERC, tal y como señaló Rufián el viernes pasado en una conferencia en Barcelona, ya no piensan en JxCat como su socio de futuro, sino que ahora lanzan su capacidad de seducción hacia los comunes, lo que rompería la división de bloques en la política catalana.

Desafío al Estado

JxCat, en cambio, el sector que lideran Puigdemont y Torra, sigue instalado en seguir con el desafío al Estado. Sin embargo, dentro de JxCat, las posiciones no son unánimes, como ha quedado patente en la crisis sobre la Diputación de Barcelona. En este caso, se ha impuesto el sector menos radical. Según el presidente del PDeCAT, David Bonvehí, en la Diputación de Barcelona no había mayoría independentista por lo que a su juicio el acuerdo alcanzado con el PSC «no debería afectar al Govern«.

Esta última crisis ha escenificado que Puigdemont sigue sin controlar todo el espacio postconvergente. De hecho, algunas de las críticas más feroces que se vertieron este sábado procedían del propio entorno del expresidente. «Censura absoluta a todas las fuerzas independentistas que hayan pactado o pacten con los partidos del 155«, según señaló Jaume Alonso Cuevillas, abogado de Puigdemont y diputado en el Congreso.

Quim Torra, durante los pactos municipales, hizo una encendida llamada a la unidad independentista y hasta provocó alguna escena desafortunada interfiriendo y truncando un pacto entre JxCat y el PSC en Santa Coloma de Farners (Girona), de donde es su familia. El pacto entre JxCat y PSC en la Diputación de Barcelona no contaba con su aval.

En realidad la guerra viene de lejos. De forma virulenta, desde que Puigdemont llamó a sus consejeros para que acudieran a sus despachos el lunes siguiente de declarar la independencia (2017) y él se fugo a Bruselas. Pero la pugna es anterior. Y en esta legislatura se situó en su nivel más delicado cuando ERC impidió que Puigdemont pudiera ser investido de nuevo. Ahí se quebró la confianza y Quim Torra y Pere Aragonès tuvieron que improvisar un pacto para permanecer juntos hasta la sentencia. Y si no han roto ya, es porque nadie quiere aparecer ante la opinión pública independentista como el responsable de hacer saltar una alianza que permitió poner en marcha el 'procés'.