EL MIEDO, QUE LLEGUE ANTES

BURGUERA

Hay miedo a la derecha radical. Que viene el lobo. En 2015, se intentó activar el pavor al populismo, porque iban a triturar el país y el mundo se acababa. PP y PSOE activan este tipo de temores en cuanto las elecciones asoman en lontananza. Para eso están los radicales, para que los moderados los señalen como los malvados.

Durante años, esa táctica funcionó en España y también en Europa. Hace ya una década larga que en el resto del viejo continente nadie hace caso a esos avisos, a pesar de que en muchas ocasiones hay razones para ello. En España, después de pasar una crisis que ha desmontado gran parte de la arquitectura socioeconómica, atizar el miedo tampoco ha dado grandes resultados, a tenor de los resultados electorales. A esa crisis hay que sumar una revolución tecnológica que ha viralizado los discursos, sean buenos o malos, lo que ha activado a muchas personas que tradicionalmente se habían mantenido muy al margen de los debates políticos.

Tiene cierta gracia que el PP y PSOE intenten agitar al electorado ahora. Durante cuarenta años monopolizaron los gobiernos nacionales, autonómicos y locales. Cuatro décadas para modernizar el país. En materia macroeconómica, sí, España se ha convertido en una potencia internacional considerable. En el plano social, los dos partidos hicieron bien poco, al menos en lo relacionado con la educación. No fueron capaces de pactar un sistema, no sólo homogéneo, sino verdaderamente dinamizador de la sociedad. Si los jóvenes saben inglés o cuentan en sus currículums con dos carreras es porque sus padres se lo costearon con mucho esfuerzo. El sistema educativo, empezando por la escuela, pero también en lo referente a lo que tiene que ver con la promoción de la cultura en todo tipo de ámbitos (también a través de los medios de comunicación), no ha avanzado al mismo paso que, por ejemplo, el sanitario, que también tiene carencias, pero que rivaliza con el de cualquier país europeo. Las aulas españolas, sin embargo, se han quedado estancadas. PP y PSOE fueron incapaces de pactar mínimos. De invertir. Había otras prioridades. Los índices de lectura se han incrementado en niveles ínfimos. Se ha fomentado el entretenimiento social más primario. Ignorantes, machistas redomados y todo tipo de escoria intelectual ha pululado por televisiones en horarios de máxima audiencia sin que nadie dijese ni esta boca es mía. Sin embargo, es llegar las elecciones y se invoca al miedo, se exige al votante, a ese al que nadie se ha preocupado de formar como ciudadano a través del erario público, sentido común para evitar el auge de opciones disruptivas. La preocupación, antes. El miedo, antes.