El legado de Torres en Anticorrupción

El fiscal Anticorrupción Vicente Torres, en las inmediaciones del TSJ /Irene Marsilla
El fiscal Anticorrupción Vicente Torres, en las inmediaciones del TSJ / Irene Marsilla

El responsable afronta en los próximos meses los juicios de Les Arts, Cooperación y Grau, que no podrá celebrar si resulta elegido para el alto tribunal El fiscal que aspira a la plaza en el TSJ acumula como mayor éxito la condena a Blasco

A. Rallo
A. RALLOValencia

Vicente Torres (Valencia, 1974) llegó a la Fiscalía Anticorrupción a principios de 2014. Aupado por la instrucción del caso Cooperación, con el exconseller Rafael Blasco acorralado, presentó a la fiscal jefa Teresa Gisbert su candidatura para incorporarse a la sección que únicamente contaba entonces con Jesús Carrasco. Gisbert confió en el joven Torres -apenas 40 años- pese a que el otro aspirante, Pablo Ponce -posteriormente se convertiría en el tercer fiscal delegado de la sección- tenía más antigüedad, una circunstancia que suele decantar la balanza en este tipo de procesos.

Tras cuatro años de trabajo en Anticorrupción y decenas de diligencias, Torres siente que ha llegado el momento de un cambio de aires. ¿Cansancio? Quizá pueda ser ese el motivo que le impulsa a dar el salto a la vacante de la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), un puesto que, según deslizan fuentes judiciales, no termina de ajustarse a su perfil. No obstante, cuenta con el apoyo de Podemos y Compromís, avales de su candidatura. Aparte, otras fuentes judiciales recuerdan que alguno de los asuntos en los que ha intervenido terminarían en el TSJ si se recurre la sentencia de la Audiencia. En ese supuesto, debería abstenerse.

Torres resulta a día de hoy el fiscal más conocido de Valencia. Siempre se ha sentido más que cómodo en los medios de comunicación frente a la tradicional discreción del resto de sus compañeros. No ha dudado, por ejemplo, en conceder entrevistas tanto en prensa como en televisión para difundir la labor de su departamento y, en algún caso, protestar ante la falta de medios.

El mayor éxito de su trayectoria no admite dudas. El caso Cooperación y la condena del exconseller Rafael Blasco a seis años de cárcel. Fue la primera sentencia de un caso de corrupción en la época del PP. Un éxito. Desde entonces, prácticamente todos los asuntos con relevancia mediática -llegó a participar incluso en la reapertura del accidente de metro- han pasado por sus manos. Las otras dos piezas del desvío de fondos, también han concluido. Estos meses negocia una conformidad para evitar la celebración del juicio.

Otra de las causas que aguarda la vista oral es el desfalco en el Palau de les Arts. Reclama, entre otros, siete años para la exintendente Helga Schmidt. Otro de los asuntos cerrados es la acusación contra Alfonso Grau por aceptar relojes de lujo de un contratista del Ayuntamiento. En su carpeta de instrucciones terminadas también figura la presunta malversación de Marisa Gracia al frente de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV). En caso de resultar elegido para el TSJ, estos juicios debería asumirlos un compañero. Quizá su relevo en Anticorrupción o puede que incluso se reparta entre otros responsables.

No todo han sido buenas noticias en el curriculum de Torres. A la absolución del exconcejal Jorge Bellver por el aparcamiento de los Jardines de Monforte -no era todavía fiscal delegado Anticorrupción- se suma el fracaso en su intento de acusar a la alcaldesa Rita Barberá por el supuesto uso de fondos municipales para gastos personales. La denuncia, interpuesta por Compromís, llegó hasta la Fiscalía del Supremo, que corrigió el criterio de Anticorrupción.

La ristra de asuntos que dejaría abiertos en caso de su traslado al TSJ es todavía más amplia. A sus espaldas figuran las diligencias por el escándalo del IVAM, las irregularidades de RTVV -hoy muy desinflado, al borde del archivo-, el fraude de la concertada y también el de los profesores de religión, la detención del exdelegado del Gobierno Serafín Castellano por el caso Avialsa...

Pero ninguno con la relevancia de la F-1 en Valencia. Dos procedimientos en los que mantiene como investigado a Francisco Camps, aunque reculó en su idea inicial de acusar a Jorge Martínez Aspar y la exconsellera Lola Johnson por la organización del evento. En el inicio de esta causa, también Torres se vio señalado por una confusa traducción al castellano de unas declaraciones de Bernie Ecclestone. Camps está a la espera de saber si la juez de Instrucción 2 le procesa. En el otro juzgado, el 17, las pesquisas avanzan sin rumbo fijo. De dar su salto al TSJ, Torres y Camps se perderán de vista. Imposible averiguar quién estaría más contento.

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