Dejen paso al barro

Dejen paso al barro

Las causas judiciales enturbian la campaña autonómica

JC. F. M.

El susto que los socialistas valencianos esperan en los tribunales de justicia ya ha llegado. El levantamiento ayer del secreto de sumario de Alquería, el caso en el que se encuentra investigado el expresidente de la Diputación de Valencia Jorge Rodríguez y cinco de sus más estrechos colaboradores en la corporación provincial, enturbiará previsiblemente las próximas jornadas de la campaña. El caso, unido al inicio del segundo juicio al exconseller Rafael Blasco -aplazado ayer mismo hasta principios de mayo- recupera para el primer plano de la campaña la zona más oscura de la gestión pública, la que se acaba dirimiendo en los tribunales de justicia. No gana nadie y pierden todos.

Los socialistas valencianos tienen preparado el plan de contingencia para el que fuera virtual 'hereu' de Puig. No quedan ni dos semanas para las elecciones y ahora ya no se permiten bromas. El PSPV quiere apartar a Rodríguez de esa candidatura a la alcaldía de Ontinyent que, en realidad, la dirección federal nunca ha llegado a ratificar. El marrón de esa decisión se lo tendrá que comer la dirección del PSPV, que hace semanas que ha dejado de dar cariño a su teórico candidato a alcalde.

El PP valenciano espera animoso el contenido del sumario, que se dará a conocer finalmente hoy. Por fin un asunto judicial que no tiene a ningún exdirigente popular en la diana. El partido de Isabel Bonig señalará a Puig, más que a Rodríguez, porque fue él quien situó de portavoz de su ejecutiva y de presidente de la Diputación a quien fue detenido por la policía el pasado 27 de junio y pasó incluso una noche en el calabozo.

Pero el barro lo ensucia todo, incluso a quien trata de modelarlo. Así que el mismo PPCV que aprovechará el caso de Rodríguez para pedir responsabilidades es el que ayer vio sentarse de nuevo en el banquillo a Blasco. «No tiene ninguna relación ya con este partido», se proclamará desde las filas populares. Y es cierto. Pero esa circunstancia no impedirá que la respuesta política deba ser más mesurada.

Ciudadanos no tendrá ese problema. El partido de Toni Cantó ha querido hacer del combate contra la corrupción una de sus principales banderas. Para la formación naranja, no obstante, el barro llega en forma de polémica por el anuncio de dimisión por parte del concejal de Gandia Ciro Palmer y de toda la ejecutiva local. El pulso por la candidatura a la alcaldía y la decisión de la dirección de imponer a otro aspirante se encuentra en el origen de una decisión que en ningún caso ayuda a las opciones de Cs. Este no es barro judicial, sino del que muestra las batallas internas, las luchas por el poder y la falta de generosidad. En eso, Cs, como en su día Podemos, ha aprendido de los partidos tradicionales incluso con demasiada celeridad

El barro en forma de pintadas a las sedes ha estado presente a lo largo de la legislatura y ha afectado casi por igual a todos ellos. El PP valenciano ha denunciado este fin de semana la aparición de pintadas en su sede de Canals. El debate sobre los radicales y los intolerantes abierto en la campaña nacional con los escraches a Rivera y a Álvarez de Toledo llega a la Comunitat en forma de pintadas.

Mientras el barro lo cubre todo, el debate de las propuestas y las ideas se queda en segundo plano. Vox mantiene su discurso populista -«no haremos lo políticamente correcto, sino lo correcto», dijo ayer uno de sus candidatos-, sabedor de que la marca no necesita entrar en demasiados detalles para mantener el viento de cola. PP y Cs se fueron a la escuela concertada, terreno que el Botánico ha levantado en armas durante toda la legislatura. El PSPV presentó un programa económico que cuesta 1.200 millones de euros -en una Comunitat que tiene una deuda de 47.000- y Unides Podem-EU reivindicó la competencia autonómica de los transportes públicos. Debates interesantes y necesarios. Lástima del barro.