¿Corrupción? Según cómo se mire

¿Corrupción? Según cómo se mire
Irene Marsilla

Puig y Oltra rebajan el caso Alquería y el PP exige «coherencia»

BURGUERA

La corrupción en política es como el escarabajo de Wittgenstein en el lenguaje. Por hacerlo corto: el filósofo austriaco teoriza, a través del ejemplo de un supuesto escarabajo que guardamos en una caja individual que sólo nosotros vemos, que cada uno podemos nombrar la misma cosa (el escarabajo) pero tener un concepto de ella muy diverso (por haber muchos tipos de escarabajo). Quien dice 'escarabajo', explica Wittgenstein, dice 'dolor': a cada uno le duelen las cosas de una manera, y todos hablamos del 'dolor' como un término común y social, a pesar de ser una sensación personal y, por tanto, subjetiva. La percepción política del caso Alquería en la Comunitat es un buen ejemplo del diferente modo en que se entiende el término 'corrupción' según cómo se mire, quién y cuándo. Esa flexibilidad conlleva, también, un amplio modo de reaccionar, y de ahí el desconcierto del ciudadano. Cualquier valenciano puede observar en este arranque de semana la distinta manera de percibir el caso Alquería por parte de las diferentes formaciones que concurren a las elecciones. Los partidos se muestra duros y rigurosos, o más comprensivos, en función de qué caso judicial se esté tratando, a quién afecte y en qué momento político estalle.

Tras el levantamiento del secreto de sumario del caso Alquería, para los populares, «todo indica que presuntamente se utilizó la Diputación de Valencia como un coladero de enchufados del PSPV y Compromís». Desde el PP se exige «coherencia» a los implicados, que apliquen a los suyos el mismo baremo que a los ajenos. El uso de la administración pública como una agencia de colocación para los partidos en el poder puede ser motivo de escándalo, o no, en función de si los contratados a dedo son propios o extraños. Para justificar los contratos des los afines, se valora su prestigio profesional pretérito, su capacidad de trabajo o una valía que se presupone porque, en ocasiones, jamás pisaron un despacho que no sea el de una dependencia pública. Para criticar la contratación de los ajenos, se contempla la situación como si se tratase de un capricho feudal. A la fiscalía, la gestión en Divalterra le parece un fraude.

En Ciudadanos entienden lo sucedido en la Diputación de Valencia como un ejemplo de que los 'viejos' gobernantes son perros con distinto collar. Desde la formación naranja se considera que entre la corporación gobernada por Alfonso Rus, el 'faraón' del PP detenido en la Operación Taula, y institución dirigida por el (ya) exsocialista Rodríguez, detenido e investigado en Alquería, «no hay ninguna diferencia». En la oscuridad de la corrupción, todos los gatos son pardos. El secretario general de Podemos en la Comunitat, Antonio Estañ, achacó el problema no a las personas sino a la institución. Los morados están deseando eliminar las diputaciones, donde su labor, en el caso de la de Valencia, ha sido nula, pues el Área de Transparencia de la Diputación, en manos de los podemistas, ni vio venir el asunto ni lo ha visto irse. Estañ reclamó superar el modelo de las administraciones provinciales «porque su opacidad y clientelismo favorece la corrupción», algo sobre lo que poco aportaron sus compañeros podemistas en la corporación.

Para el secretario general del PSPV, Ximo Puig, el caso Alquería no es la «corrupción manifiesta del PP». Es otra cosa: «Una cuestión administrativa», lo que no le impidió agradecer a Rodríguez su retirada porque «para nosotros las responsabilidades políticas van más allá de las jurídicas». Los socialistas rebajan la importancia del hecho, pero ensalzan su manera de reaccionar frente al hecho. Para la candidata de Compromís a la Generalitat, Mónica Oltra, es una «cuestión menor» porque «no se habla de un caso de saqueo sino de si podía contratar a unas personas». En este caso, se haría un distingo, y la corrupción se consideraría únicamente como la 'extracción' a cuentas privadas de capitales públicos, no como la conversión del dinero de todos en abultadas nóminas para los compañeros de partido. Y es que hay más de 350.000 clases de escarabajos.