Casado, rápido y cordial

Casado y su pareja, disfrutan de las Fallas en Valencia. /Jesús Signes
Casado y su pareja, disfrutan de las Fallas en Valencia. / Jesús Signes

El presidente de los populares coincide en el balcón del Ayuntamiento con Ábalos y Puig tras una mañana con la agenda festiva repleta

- Burguera
- BURGUERAValencia

El presidente del PP, Pablo Casado, tuvo este martes una trepidante jornada fallera que arrancó a la carrera. Todo rápido. Y es que vino en AVE, lo cual ya marca el talante, pero los populares dicen que llegó con algo de retraso, y eso aún marca más. Porque Casado apareció por la falla del Ensanche con retraso, y eso le impidió probar el chocolate, las mandarinas y el resto del ágape que los falleros le habían preparado. En el casal se indignaron un poco al ver que la prensa acaparaba a su invitado, que aprovechó el canutazo para desmarcarse de Vox, ofrecer un tono 'cordial', limando las aristas de su discurso con el que aprovechó para recordar que su partido no se dedica a la «reivindicación de etapas felizmente superadas», en relación a Vox.

Casado llegó a la falla acompañado de Isabel Bonig, candidata a la Generalitat, y María José Català, alcaldable de los populares para la capital. Ataviado él y su mujer, Isabel Torres, con un pañuelo fallero con el lema 'MJC alcaldesa' al cuello. Saludó a las falleras mayores de la comisión tras su comparecencia ante la prensa, y a partir de ahí, un no parar. De tal manera que, a paso ligero por la calle Pizarro, se comió un buñuelo. No pudo atender a los que le jalearon con un «presidente presidente», ni a algunos curiosos que se concentraron en la comisión Pizarro-Cirilo Amorós, como el veterano Bautista Soler.

El aprieto espacio temporal se produjo al comprobar que apenas contaba con un cuarto de hora para llegar a la Misa Mayor en la Catedral en honor a San José. Los populares, que no son nueva política precisamente y saben latín, evitaron la plaza del Ayuntamiento y atajaron por la calle La Paz. Casado no pudo atender demasiado a los viandantes, entre ellos una 'casi paisana. «Pablo, soy de Segovia, vecina tuya (él, de Palencia), fui alcaldesa de mi pueblo», le saludó una señora, a la que sonrió brevemente mientras se disculpaba porque la misa no espera a nadie: «Suerte en las elecciones», le deseó la segoviana.

El presidente del PP pasó el trayecto hablando con Bonig. Temas mundanos, como de qué equipo de fútbol es cada uno, y también asuntos relacionados con la visita, pues el popular, que iría a los toros, se interesó por la cogida que sufrió Enrique Ponce el pasado lunes. Con las campanas de la Catedral sonando y todos alargando la zancada, la comitiva se aproximó a la Puerta de los Hierros, y ahí fue cuando Casado demostró ser un atento casado. No se le podrá situar en el saco de Trump, precisamente.

El presidente americano suele despistarse un poco de su primera dama, Melania, en los actos oficiales. El dirigente del PP, sin embargo, paró en seco la carrera y la conversación con Bonig para girarse a buscar a otra Isabel, su mujer, que se había quedado rezagada. La tomó de la mano para entrar a la Catedral y antes le advirtió discretamente: «El pañuelo». Isabel Torres se desprendió de la prenda con propaganda de Català. Mientras todo este ajetreo ocurría en una punta de la ciudad, el alcalde Joan Ribó cruzaba parsimonioso la Gran Vía Ramón y Cajal acompañado, también, de su mujer.Al finalizar la misa, Casado acudió al balcón del Ayuntamiento para ver la mascletá.

Allí coincidió con el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y con el ministro de Fomento, José Luis Ábalos. Disparó Ricardo Caballer. Todo muy clásico y bipartidista, con la excepción de Ribó. La gente de Ciudadanos optó por otra zona de la plaza. Casado se tomó más tiempo para comer en otra falla, Convento, junto a 400 falleros de la comisión y de ahí, a los toros. Día fallero y completo.