La burbuja del alquiler

Un cartel de 'disponible'  en un edificio de la ciudad.  / irene marsilla
Un cartel de 'disponible' en un edificio de la ciudad. / irene marsilla

La emancipación juvenil es un relato platónico. El propietario ha visto la gallina de los huevos de oro en los pisos turísticos En el centro de Valencia se paga por habitaciones. Más de 400 euros por una cama en pisos que se han convertido en auténticas colmenas

VALENCIA.

Ana y Giovanni pagan 450 euros al mes del alquiler por un piso. Ella es valenciana; él, de Verona. Veinteañeros y abriéndose paso en la jungla de la vida, de la especulación. Están contentos, felices en la nueva burbuja. Frágil y peligrosa. Se sienten afortunados. Un piso para ellos solos. Han llegado a Benimaclet rebotados desde Ruzafa, el barrio de moda, el barrio prohibido. Allí vivían en una habitación alquilada por meses. Pagaban 400 euros por dormir en pareja. El resto era común: cocina, salón y baño. Si no te gusta, hay cola. En soledad la cama costaba 200 euros. El propietario no alquila el espacio, cobra por persona. Es el nuevo negocio tirano. Así está Valencia, así está España. La vivienda digna, derecho constitucional, es tema para una milonga. Un piso de cuatro habitaciones, dos en alquiler y las otras dos en los portales de Airbnb. El propietario se embolsa un sueldo y la gente está de paso. Ideal. Hay quien ya vive de esto. Compañeros de piso y desconocidos. Abejas en una colmena. Ana y Giovanni alquilaron esa habitación tras pasar por una anterior. Otro espacio, la misma historia.

La pareja está contenta. Han encontrado piso sin pagar el peaje de una inmobiliaria. El boca oreja ha funcionado y las amistades también. Reciben ayuda paterna para cubrir el mes. Da igual, la emancipación completa ha dejado de ser platónica. En Bruselas, donde se conocieron y vivieron, pagaban menos por una habitación. En Valencia explotó la burbuja inmobiliaria, la del compro oro, la de los cigarrillos electrónicos y reventará la del alquiler. Ley de vida. Es una asignatura pendiente para la próxima legislatura, aunque en esta ya se ha empezado a aplicar medidas. Embrionarias. No hay plazo para demorar ni el debate ni las decisiones. El alquiler es cuestión de Estado, como la sanidad y la educación.

El arrendamiento se ha ido de las manos. Barrio de Marxalenes, calle Reus. Pocos lujos por no decir ninguno. Barrio obrero y destino de aquellos que llegaron para buscar una oportunidad. En algunos casos, pisos patera. Lo más funcional, alguna parada de autobús y una de tranvía. Un piso de 75 metros cuadrados a 725 euros al mes. En el escaparate de una inmobiliaria. Hay que pagar por adelantado la mensualidad de entrada, una fianza de otros 725 euros y 290 euros más para que enseñen el piso. Una visita no reembolsable. Es el precio para poder visitar más ofertas y firmar un contrato, por gusto o por agotamiento. Es la ley del alquiler.

En los portales de internet hay pocos particulares. Los que se asoman son mentira. Siempre hay una inmobiliaria detrás. El cebo sirve para picar el anzuelo. «Yo quería vivir en El Carmen. Me ofrecieron en la calle Caballeros un bajo por 500 euros al mes. Algo digno no baja de mil euros», asegura Ana.

La especulación ha vuelto al día a día. Al propietario ya no le interesa alquilar por meses, mejor por semanas. Quiere gente de paso. Turistas, clientes de las plataformas. Más dinero, menos tiempo y algún extra como la limpieza. Con pasar la escoba sobra. La cuestión es hacer caja.

La conselleria de Vivienda tasó cada zona de la Comunitat. Cuánto se paga de alquiler y qué precio es el aconsejable. Poner máximos. Incluso con beneficios fiscales para aquellos que se mantengan en la horquilla institucional. Un método de control que el tiempo dirá si funciona. Es complicado manejar la gallina de los huevos de oro, que no deja de poner euros y más euros.

En Extramurs, en sólo tres años, el precio del metro para alquilar se ha disparado un 27,46%. En Ciutat Vella, casi un 26% y en Zaidia, un 24,54%. En Ruzafa, uno de los barrios donde hay mayor demanda de alquiler, el precio por metro cuadrado ha pasado de los 6,83 euros en 2016 a 8,33 el año pasado. De las zonas más caras de Valencia.

Ana y Giovanni son felices en Benimaclet. A 6,97 euros se paga el metro cuadrado. Un 22,3% más que hace tres años. Asumible para los tiempos que corren. La regulación del alquiler no puede esperar para evitar futuros dramas.

por ciento de aumento es la barrera que ha saltado la mayoría de los alquileres de pisos en tan sólo tres años. La amenaza del descontrol existe.