Blasco no logra la pulsera de control para poder dormir en su domicilio

El exconseller Blasco, la pasada semana, el primer día que salió del complejo de Picassent. / juanjo monzó
El exconseller Blasco, la pasada semana, el primer día que salió del complejo de Picassent. / juanjo monzó

El exconseller pidió la medida para evitar acudir a Picassent, pero el Centro de Inserción Social ha rechazado darle el dispositivo

A. RALLO

El exconseller Rafael Blasco no tendrá, al menos de momento, una pulsera de control para disfrutar con mayor comodidad de su recién estrenado régimen de semilibertad. Su progresión a tercer grado supone que pueda salir durante el día del Centro de Inserción Social (CIS), unas dependencias ubicadas en el complejo penitenciario de Picassent, aunque debe regresar por la noche. Blasco pidió un mecanismo de control telemático -las habituales pulseras- que le hubiera permitido pernoctar en su propio domicilio al menos entre semana. El aparato detecta la ubicación del interno y de esta forma se supervisa que el exrecluso esté a una hora determinada en su residencia. De tal forma que sí cumple un horario, pero desde su casa. Un sistema enormemente más cómodo que el desplazamiento diario a las instalaciones del CIS. Muchos internos, en vez de colocársela en la muñeca, eligen el tobillo ya que pasa desapercibida para el resto de la población y se oculta el pasado delictivo.

El exconseller, como era previsible, solicitó el pasado miércoles la colocación de este dispositivo. La Junta de Tratamiento del CIS, el órgano administrativo que se encarga de las cuestiones de intendencia de las dependencias, lo ha rechazado porque entiende que no se dan todos los requisitos para autorizar la pulsera. Una circunstancia que puede haber influido en la decisión es que el expolítico acaba de iniciar este nuevo régimen de semilibertad y los responsables prefieren esperar un tiempo, comprobar que cumple los horarios asignados y entonces quizá darle este beneficio. La Junta podría modificar su decisión con el paso del tiempo.

El rechazo del CIS supone un contratiempo para Rafael Blasco. El entorno del exconseller confiaba en que el expolítico iba a disfrutar ya de este tipo de vigilancia. Alrededor del 60% de los internos cuentan con este dispositivo. Las ventajas son enormes. No sólo es el hecho de no acudir a la prisión sino que hay que tener en cuenta la ubicación del Centro de Inserción Social (CIS). El desplazamiento diario desde Picassent a Valencia y el regreso genera muchos inconvenientes a quienes no tienen vehículo propio. El complejo no está bien comunicado. Los expertos consideran que la ubicación óptima de los CIS debe ser en las ciudades o en su área metropolitana. En Valencia, hace una década, se planteó un nuevo centro en Paiporta, pero la presión social -los vecinos no establecen diferencias con una cárcel- tumbó el proyecto.

Blasco reapareció esta semana en Les Corts después de que el pasado viernes saliera del CIS. El exconseller reunía los requisitos habituales para la mejora de las condiciones penitenciarias. Entre ellos, por ejemplo, que ha cumplido tres años y ocho meses de cárcel -la mitad de los seis y medio a los que fue condenado-, su buena conducta, la avanzada edad y los problemas de salud que arrastra desde hace meses.