Los antidisturbios heridos irrumpen en el juicio del 'procés'

La UIP contiene a los manifestantes en el colegio Ramón Llull de Barcelona./EFE
La UIP contiene a los manifestantes en el colegio Ramón Llull de Barcelona. / EFE

«La hostilidad fue patente desde el inicio. Recibimos amenazas de todo tipo. 'Tenía que volver ETA y mataros', nos gritaron», afirma uno de los policías

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Nuevos relatos de supuesta violencia contra los policías. Pero esta vez no contra cualquier funcionario, sino de los propios antidisturbios, los agentes a los que las defensas acusan haber herido a más de un millar de ciudadanos el 1-O en los colegios de Cataluña.

Una quincena de funcionarios de las Unidades de Intervención de la Policía (UIP, antidisturbios) comparecieron en esta 41ª sesión del juicio del procés para narrar las heridas que sufrieron, sobre todo, durante las intervenciones en centros de la ciudad de Barcelona. Contusiones en las manos en el instituto Jaume Balmes, cortes con la punta de un paraguas en la Escola Mediterrania, sobrecarga en el tendón en el desalojo del colegio Estel o la rotura de un menisco en los disturbios en esta última escuela... La Fiscalía, con la riada de heridos entre los UIP, intentó amarrar el relato de la violencia del procés, incluso contra los policías, en teoría, más aguerridos y más protegidos, los antidisturbios.

El Ministerio Público puso especial énfasis en la declaración de agentes que resultaron heridos en los incidentes en los alrededores del colegio de Ramón Llull, en el que un ciudadano, Roger Español, perdió un ojo por un pelotazo de goma lanzado por esos mismos UIP. Varios de los antidisturbios que resultaron heridos en esos incidentes, precisamente por el lanzamiento de las vallas de obras por el que está imputado Español, relataron aquella «actuación muy complicada».

«La hostilidad fue patente desde el inicio. Recibimos amenazas de todo tipo. 'Tenía que volver ETA y mataros' nos gritaron. Hicieron una sentada y nos cerraron. Nos quedamos enjaulados durante media hora bajo una lluvia de vallas y adoquines... Parecía que los malos éramos nosotros. Tuvimos que huir de allí. Y fue entonces cuando se dio la orden de lanzar de pelotas de gomas. Fue el último recurso», afirmó uno de los policías.