Las acusaciones de Emarsa creen que el exgerente Cuesta planea fugarse

El exgerente sale de Ciudad de la Justicia./Jesús Signes
El exgerente sale de Ciudad de la Justicia. / Jesús Signes

El ministerio público, la Emshi y el PSPV se oponen a que el acusado deje ahora de ir a firmar cada semana en el juzgado

A. Rallo
A. RALLOValencia

La actuación del exgerente de la depuradora de Pinedo Esteban Cuesta ha generado una enorme desconfianza en las acusaciones. La Fiscalía, la representación de la Emshi -la dueña de la depuradora- y el PSPV se han opuesto a la solicitud de Cuesta de que deje de acudir a firmar al juzgado, tal y como ha hecho desde que se iniciara la investigación judicial. Es más, sostiene que lo procedente sería incluso agravar las medidas -no llega a concretar- debido a la «mofa», «burla» y a la «falta de respeto» que está exhibiendo ante el tribunal.

La acusación particular apunta a que esa actitud, «sin importarle las consecuencias», pudiera ser porque está planteándose huir de la Justicia y precisamente por ello está solicitando que se suavicen las medidas. Considera que el riesgo de que Cuesta pueda abandonar el país «es importante» y añade otro factor que, a su juicio, incrementa esta posibilidad. Se trata del sorprendente escrito que presentó recientemente en la Sala en la que volvía -una vez más- a cambiar su declaración sobre el saqueo de la planta. Así, ahora exculpa al ex alto cargo de la Epsar José Juan Morenilla del cobro de comisiones por el excedente de los lodos y carga toda la responsabilidad de la «estructura» delictiva en Ignacio Bernácer, el único de los cabecillas que ha pactado con las acusaciones. Antes del inicio del juicio, reconoció la malversación de fondos y se comprometió a devolver el dinero a cambio de menos de tres años de cárcel.

La Fiscalía mantiene una posición similar a la de la acusación particular respecto a la existencia de riesgo de fuga. Además, apunta a que su cambio de versión pudiera responder a determinadas gratificaciones o presiones de otros acusados para obtener una posición más favorable en el proceso.

El PSPV también se opone a que el tribunal le exima de comparecer cada semana. Recuerda que no tiene un domicilio conocido porque ya no convive con su mujer y precisa que el infarto que padeció no le supone ningún problema añadido ni ha iniciado un proceso de incapacidad a raíz de ese acontecimiento. El exgerente Cuesta sigue trabajando como enfermero en un hospital de Valencia.

Horizonte complicado

Esteban Cuesta cada día lo tiene más complicado. Durante meses trató de llegar a un acuerdo con la Fiscalía y lo intentó a través de diferentes letrados. Pero su propuesta, la de cerrar un pacto en cerca de seis años de prisión, no era asumible para las acusaciones. Cualquier beneficio a cambio de colaborar con la Justicia se pospuso a su declaración en el juicio. Pero no parece que su testimonio convenciera. Por si eso no fuera suficiente, el último cambio de versión del exgerente con el sorprendente escrito de rectificación, ha terminado por enredar más el asunto. Se antoja muy poco probable que las acusaciones decidan modificar sus conclusiones y rebajarle la pena.

Durante su declaración en el juicio hace unas semanas trató de 'venderse' cómo un auténtico ignorante controlado en todo momento por el vicepresidente de la Diputación, Enrique Crespo. Pero terminó saliendo a la luz, al margen de los lodos, la manipulación de contratos en la depuradora, el pago de comidas, el regalo de viajes a una persona con la que convivió dos años -su novia- y todo tipo de obsequios personales. «Se nos fue la mano y cogimos hasta el codo», lanzó como resumen del saqueo. La trama se nutrió de fondos procedentes de la simulación de contratos entre las empresas del informático y la planta. Por ejemplo, se pagaban por servicios o trabajos inexistentes o hinchados de precio. Además, también obtenían dinero del cobro de comisiones a través de las empresas interpuestas en el tratamiento de los lodos. Primero se repartían en efectivo, más tarde idearon un sistema de extracción a través de tarjetas de crédito para extremar las precauciones.