La CUP planea aprovechar la política del Consell para expandirse en la Comunitat Valenciana

Miembros de la CUP durante un acto en Barcelona./
Miembros de la CUP durante un acto en Barcelona.

La ponencia estratégica de los independentistas señala que la infrafinanciación y la polémica en Educación suponen la «oportunidad» para implantar su proyecto entre los valencianos

D. BURGUERAValencia

En la Asamblea Nacional que la CUP celebró semanas antes de las pasadas elecciones del 26J, la Candidatura de Unidad Popular acordó romper el pacto con Junts pel Sí para dar estabilidad al Govern catalán. El evento se llegó plantear inicialmente como una refundación de este movimiento independentista de extrema izquierda que en la Comunitat cuenta con un par de concejales en Pedreguer. De momento. La CUP tiene intención de implantarse en la Comunitat, tal y como se puede comprobar en la ponencia política confeccionada con motivo de la asamblea, el documento donde se recoge el análisis de la situación actual en «los Països Catalans», donde incluyen al «País Valencià», respecto al cual se realiza un examen de la situación económica y social generada durante los años de gobierno del PP, se evalúa la actuación del actual Consell y se concluye, en un apartado titulado «un horizonte de oportunidades» que «la situación sociopolítica actual» de la Comunitat «abre una puerta de oportunidades a la CUP a la hora de emprender luchas así como para implantar y consolidar el proyecto de la CUP y de la unidad popular en el País Valencià».

La ponencia arranca criticando la gestión del PP, señalando la enorme deuda de la Generalitat y considerando que la situación de «emergencia social», los casos de corrupción y «prácticas antidemocráticas» protagonizadas por el PP y «los numerosos ataques al valenciano» generaron un caldo de cultivo que provocó el cambio político en el Consell.

La llegada de socialistas y nacionalistas al Ejecutivo valenciano es valorada como positiva. No obstante, desde la CUP señalan cierta tibieza en las propuestas de PSPV, Compromís y hasta por parte de Podemos, al que le reprochan que, «a pesar de estar en parte compuesto por gente comprometida con la lengua y la cultura», su dirección autonómica, «decidió acuñar el término 'Comunitat Valenciana'». Al Ejecutivo le critican que «no hay un cambio sustancial de políticas» en materia lingüística a favor del valenciano, si bien celebran que, en materia de Educación, la conselleria que dirige Vicent Marzà (a él no le nombran en el documento) ha endurecido las condiciones para los centros educativos concertados.

Exigen a Puigdemont un calendario para un referéndum unilateral

La CUP, clave para que el actual Ejecutivo pudiese instalarse al frente de la Generalitat catalana, no es un socio fácil. Precisamente, en la misma asamblea donde se abordó el modo de implantarse en la Comunitat se dio por finiquitada la colaboración con el Govern, al que además se le ha reclamado plazos, fechas, una hoja de ruta para celebrar un referéndum unilateral de independencia, ante lo cual hay ciertas reticencias por parte del gobierno de Junts pel Sí, aunque algunos miembros de ERC ya han señalado que «si al final todas las fuerzas independentistas y mayoritarias en el Parlamento lo deciden», pues habrá que celebrarse esa consulta señalada en su día como inconstitucional.

Según consideran los analistas de este movimiento asambleario antisistema, de cara al futuro, si bien «en lo que respecta a la cuestión nacional» (el independentismo), «el País Valencià se encuentra en una fase embrionaria», no hay que perder la esperanza, ya que «se ha avanzado mucho en la descriminalización del denominado pancatalanismo. La identificación de lucha por la lengua con escuela pública ha acercado a sectores sociales» a ese debate político «y la exigencia de infraestructuras y de gestión publica de los recursos propios también ha generado espacios de encuentro. Sobre estos pilares, puede ir desarrollándose la idea del derecho a a decidir». ¿Y quiénes serán sus «aliados» para conseguir estas metas? En el capítulo de alianzas, el documento señala que «por todos los Països Catalans han ido surgiendo movimientos sociales que reivindican desde diferentes vertientes, la construcción nacional», y en este sentido, en lo que se refiere a la Comunitat, se cita a «entidades como Acció Cultural del País Valencià o Escola Valenciana».

Igualmente, los dirigentes de la CUP también tienen muy presente uno de los ejes reivindicativos del Ejecutivo valenciano. «Reclamar un mejor transporte público y el desarrollo del corredor mediterráneo parece fundamental», señalan en la ponencia política, donde el asunto de la competitividad por la que tanto reclaman los empresarios valencianos esa infraestructura no es tanto una prioridad como una consecuencia asociada a un fin más elevado, al menos para la CUP, ya que consideran que «un importante eje vertebrador de los Països Catalans son las comunicaciones, el transporte para las personas y las mercancías», y de ahí que incidan en la necesidad de apostar por el corredor.

A la hora de arrimar el ascua a su 'sardina política', la de la «independencia plena», el documento plantea que «la infrafinanciación y la deuda fiscal» de la Comunitat «son una realidad que abren una interesante batalla política». Basándose en los informes de los expertos, en su momento encargados por el Consell del PP y que el actual Ejecutivo también esgrime frente a la resistencia del Gobierno central de modificar el sistema de reparto de fondos autonómicos, la CUP indica que «la reivindicación de una mejor financiación junto a la inversión en servicios públicos que mejoren las condiciones de vida puede ser una lucha avalada por amplios sectores de la sociedad que se puede explorar a partir de ahora». Más claro, agua.

Los objetivos últimos y generales de la CUP para todo su ámbito de actuación (no solo la Comunitat, también Cataluña y Baleares), según esa misma ponencia política, son bastante claros. No engañan a nadie. Su objetivo principal es «situar la desobediencia y la unilateralidad en el centro de la acción política para conseguir la ruptura nacional y social; es decir, la independencia plena. Para eso habrá que construir una hegemonía soberanista de izquierdas». Y para conseguir tales fines, los miembros de la formación establecen varias líneas de trabajo: «ruptura democrática, proceso constituyente y construcción de la República».

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