Españoles por la vía rápida

Españoles por la vía rápida

El Gobierno ha concedido 867 'nacionalidades exprés' en los últimos diez años. La mayoría corresponde a sefardíes y otros colectivos, pero también hay vips como Ricky Martin, Ibaka o Benicio del Toro

CARLOS BENITO

Los extranjeros disponen de dos caminos hacia la nacionalidad española. Uno, el más transitado, obliga a residir un tiempo determinado en nuestro país: como regla general, son diez años, pero ese plazo se acorta a dos en el caso de los iberoamericanos y a uno para los hijos, nietos o cónyuges de españoles. En ocasiones, ese itinerario trazado de manera más o menos nítida se complica de pronto, con obstáculos repentinos que dificultan el avance o incluso lo hacen imposible: el aspirante está obligado a demostrar un "suficiente grado de integración" en la sociedad española, y algunos jueces entienden que la mejor manera de verificar ese rasgo es someterlos a un examen sobre escritores del Siglo de Oro, gastronomía regional, historia de las constituciones o figuras de la prensa rosa. Y, como guinda, el proceso entero está marcado por la burocracia, con una tramitación de enojosa lentitud que suele imponer una demora de varios años.

Pero existe otro camino, un atajo bien asfaltado que exime de las largas esperas y las preguntas desconcertantes. Se trata de la nacionalidad por carta de naturaleza, más conocida como nacionalidad exprés, un raro pasaje normativo en el que la ley se vuelve vaga e imprecisa, como mirando hacia otro lado mientras silba una cancioncilla para escurrir el bulto. ¿Cuándo se tiene derecho a esta adquisición de la nacionalidad? "Cuando en el interesado concurran circunstancias excepcionales". De hecho, más allá del certificado de nacimiento, solo es necesario aportar documentos que las acrediten. En ningún lugar se especifica en qué puede consistir esa excepcionalidad tantas veces invocada: la carta de naturaleza tiene "carácter graciable", igual que el indulto, y la otorga el Gobierno mediante Real Decreto, sin ninguna obligación de argumentar sus resoluciones. Dicho de otra manera, hacen español a quien les parece bien.

"Son muy pocos casos año a año", explican en el Ministerio de Justicia. Según la Dirección General de los Registros y del Notariado, desde enero de 2005 hasta la semana pasada se han presentado 6.985 solicitudes de nacionalidad por carta de naturaleza. De ellas, se han concedido 867 y hay otras 36 que ya han sido propuestas al Ejecutivo, pero la inmensa mayoría (4.773) continúan en fase de calificación, ya que el ministerio "prefiere no archivarlas" por si en algún momento llegase una confirmación de esa excepcionalidad requerida. La tanda más reciente de solicitudes aprobadas corresponde al Consejo de Ministros del 5 de junio, en el que se dio el visto bueno a seis nuevos españoles: dos deportistas (la entrenadora del equipo nacional de gimnasia rítmica, Anna Baranova, bielorrusa, y el atleta marroquí Iliass Fifa), dos figuras de los medios de comunicación hispanoamericanos (las mexicanas Luz María Casasús y Nora Patricia Albuerne) y dos empresarios (el colombiano Daniel Haime Gutt, magnate del aceite de palma, y el indio Amit Manik Jagasia, responsable de la firma que tramita los visados de los ciudadanos del país asiático).

Herencia de otras épocas

El análisis más detallado de las cartas de naturaleza, que no suelen ser objeto de gran publicidad, lo ha llevado a cabo la Fundación Civio, comprometida en impulsar la transparencia y el libre acceso a los datos públicos. Su equipo buceó en los boletines oficiales de trece años -de 2000 a 2013- para averiguar quiénes se estaban beneficiando de esta españolidad exprés. De las 983 cartas de naturaleza concedidas en ese periodo, la mayoría (749) correspondían a sefardíes, ya que, a falta de una orden específica, sus solicitudes se han ido tramitando por esta vía. Otras 51 eran reparaciones por daños sufridos: era el caso de las víctimas extranjeras del 11-M (una semana después del atentado, se reconoció la "excepcionalidad" a los heridos y a los allegados de los muertos) o de los parientes de militares fallecidos. Veinticuatro españolizaban a intérpretes que trabajaron con el Ejército en la antigua Yugoslavia. Y el resto englobaba lo que podría considerarse inmigrantes vip: medio centenar de deportistas, dieciséis actores y cineastas, trece diplomáticos, seis músicos, seis científicos y cinco aristócratas, a la sazón sobrinos del rey Juan Carlos.

Esa condición de cajón de sastre se mantiene en la actualidad: entre los nacionalizados en los últimos dos años, las dos misioneras africanas que donaron plasma contra el ébola se codean con deportistas "con muchas posibilidades de formar parte de la selección nacional", según argumenta en algunos casos La Moncloa. Gracias a una carta de naturaleza se hizo español, por ejemplo, Fernando Fernán Gómez, nacido en Lima, y también han aprovechado este mecanismo Mario Vargas Llosa, Ricky Martin, tres miembros de Les Luthiers, Benicio del Toro, Juan José Campanella, Ricardo Darín, los jugadores de baloncesto Ibaka y Mirotic, Daniel Barenboim, Chucho Valdés o Belisario Betancur. Abundan los hispanoamericanos, entre otras razones, porque tienen derecho a la doble nacionalidad: las personas procedentes de otros países han de renunciar a la original.

Lo excepcional y lo habitual

EL PROCESO

Otorgar una carta de naturaleza es decisión del Gobierno, que la concede por Real Decreto. El informe previo lo elabora la Dirección General de los Registros y del Notariado, que incorpora cartas de apoyo institucional: por ejemplo, en el caso de los deportistas, es habitual la recomendación del Consejo Superior de Deportes.

DOBLE NACIONALIDAD

Es posible para los iberoamericanos (incluido Puerto Rico) y los ciudadanos de Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial y Portugal. El resto dispone de un plazo de 180 días para renunciar a su anterior nacionalidad.

LA RUTA CONVENCIONAL

La manera habitual de conseguir la nacionalidad española es por residencia, tras haber vivido un mínimo de años en el país (diez en general, dos para los iberoamericanos). También obliga a acreditar «buena conducta cívica» y «suficiente grado de integración».

17% DE RECHAZOS

Desde que, en 2012, se puso en marcha el Plan Intensivo de Nacionalidad, se ha denegado el 17% de los expedientes resueltos de nacionalidad por residencia. La cuarta parte de estos rechazos se ha debido a «falta de integración».

La carta de naturaleza es la manera más antigua de convertirse en español, pero la discrecionalidad y la falta de explicaciones la han convertido en una figura controvertida, criticada desde muchas instancias. "Se ha usado de forma abusiva, sin control por parte del resto de los poderes y del ciudadano", lamenta Eva Belmonte, de la Fundación Civio, que considera necesario un escrutinio público de estas concesiones: "La mejor forma de cubrir el proceso con todas las de la ley y de que se use verdaderamente de forma excepcional y motivada es trasladar el poder al legislativo: que sean las Cortes las que, por mayoría, aprueben o denieguen una nacionalidad por decreto. Se deben eliminar los poderes absolutos del Ejecutivo, herencia de otras épocas". Belmonte se sintió especialmente alarmada, hace algo más de un año, por la nacionalización de cuatro familiares del empresario y banquero mauritano Mohamed Hamayenne Bouamatou: "En este caso no existía una aportación a la sociedad española que se pudiese argumentar, pero además se ocultó deliberadamente en Consejo de Ministros", denuncia.

"No es typical Spanish"

Otras voces, en cambio, destacan que la carta de naturaleza es un mecanismo que corrige la rigidez de la normativa y, de esa manera, la humaniza y favorece la equidad. "quí se parte de un miedo ancestral al vecino, al extraño: es como si dejas entrar a un vecino a casa y le pones unos requisitos. Las leyes siempre marcan unos controles muy cerrados, porque eso le da al Estado tranquilidad, pero también puede llegar a ser injusto: el caso del 11-M sirve como ejemplo. La carta de naturaleza no es algo typical Spanish, se da en todos los países del mundo. El problema es que, como ocurre con el indulto, se presta al abuso", resume Guillermo Cerdeira, profesor de la Universidad de Sevilla, que compara este procedimiento con la válvula de una olla exprés. ¿No se podrían objetivar de alguna manera los requisitos? "Es imposible, se convertiría en un mecanismo cerrado y nos veríamos en la misma situación".

Más allá de polémicas, es evidente que también muchos vips reciben la nueva nacionalidad como un preciado tesoro. "He aquí que de pronto nazco como un ciudadano libre de un país libre", agradeció el literato paraguayo Augusto Roa Bastos en 1983, cuando le concedieron la carta de naturaleza española. "Para mí -explica a este periódico otra escritora, la cubana Zoé Valdés-, obtener la nacionalidad española significó mucho: pude volver a poseer una identidad, volvía a ser persona. Mis abuelos paternos eran canarios y lo español forma parte de mi cultura mestiza: del mismo modo que me siento muy cubana también me siento muy española". ¿Y entiende la desazón de quienes disponen solo de la vía convencional para aspirar a la nacionalidad? "Entiendo esas sensaciones negativas, porque esa vía fue la que utilicé para obtener la nacionalidad familiar francesa, y el proceso es largo y no es igual para todo el mundo".