KINITO, EL DIBUJO DIPSÓMANO

KINITO, EL DIBUJO DIPSÓMANO

La mascota de Kina San Clemente fue el ejemplo perfecto de cómo la publicidad puede cambiar la imagen de un producto con décadas de existencia

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Cuando Salvador López López fundó su bodega en 1885 seguro que no imaginaba que la futura fortuna de la empresa se debería a un niño con voz de pito, deslenguado y algo borrachín, pero así fue. Kinito, la mascota ideada por la agencia de publicidad valenciana Canut y Bardina, revolucionó en los años 60 el sector de los vinos dulces y el destino de la compañía malagueña Hermanos López S.A., ahora conocida como Málaga Virgen. Si tienen ustedes más de 50 años seguro que conocen aquella canción de «sal al balcón, tira un jamón. mira que viene Kinito» que aparecía en los anuncios de Kina San Clemente. Y también habrán pegado algún sorbo que otro de este vino quinado que, por prescripción materna y a cuchara-das o directamente a chupitos, se tomaba antes de comer precisamente para abrir el apetito.

Los vinos tónicos mezclados con diversos extractos medicinales fueron muy populares en España desde finales del siglo XIX. Recomendados por los médicos y vendidos en farmacias, estas bebidas estaban compuestas de vino generoso (habitualmente jerez o Pedro Ximénez) y otras sustancias con supuestos efectos vigorizantes como fósforo, hierro o potasio además de esencias de plantas medicinales, nuez de cola, hojas de coca e incluso ricino y aceite de hígado de bacalao. En el caso de Kina San Clemente, elaborada en las bodegas de los hermanos Salvador y Francisco López desde 1917, el ingrediente clave era la quinina, el famoso remedio antipirético extraído de la 'cinchona officinalis'. Se anunciaba como «digestivo tónico reconstituyente y estomacal», de manera parecida a sus competidores Quina Santa Catalina -la de la monja en la etiqueta- o el Gran Vino Sansón. Todos ellos enfocaron la promoción de su producto de dos maneras distintas pero complementarias: consumido como aperitivo en bares y tabernas y, a la vez, panacea casera en casos de estados carenciales como anemia, fatiga o durante el embarazo.

Puede que ahora nos parezca una barbaridad el consumo de alcohol en las embarazadas, pero entonces era habitual ingerir bebidas espirituosas como medicamento. Kina San Clemente tiene actualmente una graduación de 13º (antes seguramente tuvo más) y el Agua del Carmen, célebre alivio de las abuelas para los nervios y los dolores de menstruación, ostenta aún a día de hoy un increíble 55% de etanol por litro. Los vinos quinados, gracias a su sabor dulce y a sus presuntas virtudes fortificantes, se administraban también a los niños inapetentes y esmirriados que, al parecer, fueron casi todos en la España de posguerra. Si el vino Sansón se anunciaba con un vigoroso chiquillo apoyado en la botella, Quina Santa Catalina no le iba a la zaga y se promocionaba directamente como medicina y golosina. Entre tanto, la malagueña Kina San Clemente declaraba en su publicidad ser, además de «beneficiosamente estomacal, reconfortante y optimista», un vino para grandes y chicos. El problema es que su marca no era tan conocida como sus rivales. Para cambiar esa situación de desventaja en Hermanos López S.A. decidieron utilizar nuevas estrategias de promoción, como los concursos. En 1950 montaron el primero, repartiendo 10.000 pesetas en premios entre los consumidores que canjearan un corcho de Kina por un boleto de lotería. A mediados de los años 50 contrataron a la agencia de publicidad valenciana Lanza, de la que formaba parte un joven llamado Mariano Canut Bardina. Con Lanza idearían múltiples concursos y hasta una emisión semanal en la SER, potenciada por anuncios en prensa que a partir de 1957 harían hincapié en las bondades de Kina San Clemente para el público infantil. «Ayuda a crecer a los niños y da optimismo a los mayores», «a ustedes los padres les dará gozo observar en sus hijos los positivos efectos de este natural y purísimo vino añejo» o «por las mañanas en el desayuno y también en las meriendas, Kina San Clemente les ayudará en la edad del crecimiento» fueron algunas de las frases que fomentaron la idea de que embolingar a los chavales a base de quina era un acierto. Mariano Canut fundaría después Anuncios Ballesta y Canut & Bardina, siempre con los López como clientes, y de él sería obra el famoso eslogan «naturalmente, Kina San Clemente» que lo mismo se aplicaba a un guateque con copazos que a las meriendas infantiles.

Sin embargo, Kina San Clemente seguía por detrás de sus competidoras, de modo que entre las cabezas pensantes de la agencia de publicidad y los Estudios Moro recurrieron a un recurso que ya había funcionado con otras marcas como Fundador o El Almendro: una mascota animada. El resultado fue Kinito, un zagal peinado a lo Sputnik y con una K en la pechera del jersey que, espoleado por las «ganas de comerrrrrrrr» que daba el vinillo quinado, era capaz de comerse un jamón y lo que le pusieran por delante. La simpatía del personaje y su frecuente presencia en spots de televisión convirtieron en 1965 a Kinito en el referente de los niños españoles y a Kina San Clemente en la empresa líder del mercado. A cambio de seis cápsulas del tapón se recibía en casa un muñeco de goma de Kinito, idea que fue el acabóse del deseo infantil debido a los distintos modelos de Kinito pastor o Kinito tuno. Junto a su gato Sardino, Kinito protagonizaría aventuras en las páginas de Pulgarcito y Din Dan (de la mano de Ibáñez o Martínez Osete) gracias a los superpoderes otorgados por su poción mágica, la Kina San Clemente. Si creen ustedes que esto era una burda manera de promover el consumo de alcohol entre menores, están en lo cierto. La campaña de televisión fue suspendida por orden del Ministerio de Gobernación -ahora de Interior- en aplicación de la Ley de Peligrosidad Social que entonces actuaba contra quienes suministraran «vino o bebida espirituosas a menores de catorce años y los que de cualquier manera promuevan o favorezcan la embriaguez habitual». Kinito desapareció de la tele, con buen tino, pero la campaña de muñecos a cambio de tapones siguió vigente hasta 1984. En 1990 Kina San Clemente rescató a Kinito como símbolo nostálgico y aún a día de hoy el niño piripi aparece en el dorso de sus botellas manteniendo que ¡y da unas ganas de comerrrrrr!.

 

Fotos

Vídeos