Alan Greenspan sale de la Reserva Federal por la puerta grande

Seguirá presente en los estrados como conferenciante de la compañía Washington Speakers Bureau

EFE |WASHINGTON
Alan Greenspan sale de la Reserva Federal por la puerta grande/
Alan Greenspan sale de la Reserva Federal por la puerta grande

La salida de Alan Greenspan hoy, martes, de la Reserva Federal pone fin a una era en la política económica de Estados Unidos, durante la cual su clarividencia le ha convertido en una especie de estrella de rock de los banqueros.

De alguna manera, ha hecho realidad su sueño porque el hombre que durante 18 años ha tenido en vilo a la bolsa, quiso en su juventud ser músico profesional. Aunque se jubila del banco central de EEUU a los 79 años, Greenspan no ha dicho su última palabra.

Seguirá presente en los estrados como conferenciante de la compañía Washington Speakers Bureau, que también tiene en su nómina al ex presidente de EEUU Bill Clinton y al ex secretario de Estado Colin Powell. Su salario por charla será "de seis cifras", según la empresa. Además, mantendrá una influencia entre bambalinas en la política económica. El vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, ha dicho, medio en broma medio en serio, que en momentos de duda siempre se podrá dar un telefonazo a Greenspan.

Esta situación puede no agradar a Ben Bernanke, su sucesor, quien hasta que demuestre su sangre fría frente a una crisis tendrá que sufrir la comparación con un antecesor que se ha ganado el reconocimiento tanto de republicanos como de demócratas.

El presidente de EEUU, George W. Bush, ha calificado a Greenspan de "leyenda", pues "ha dominado su tiempo como ningún otro gobernador del banco central en la historia". Como director de la política monetaria del país, Greenspan ha capeado déficit presupuestarios, recesiones, escándalos financieros y atentados terroristas.

La reputación de la que se ha ido arropando le ha convertido en una presencia calmante y un ancla para los mercados, por lo que el senador Chuck Grassley, presidente del Comité de Finanzas, le ha descrito como "el Peñón de Gibraltar de la economía estadounidense".

Sus decisiones sobre la subida o bajada del precio del dinero han afectado los patrones de consumo, ahorro o inversión de los ciudadanos y empresas estadounidenses y, por el gran peso económico de EEUU, del mundo. Por ello, los analistas han disecado sus declaraciones y discursos, crípticos a propósito, para descubrir señales de la dirección futura de la economía.

A Greenspan se le da especialmente bien desenredar la madeja de datos económicos conflictivos, una cualidad que probablemente no adivinaron quienes le conocieron en el Nueva York de su infancia. Sus pasiones entonces eran el clarinete y el saxofón. Quiso ser músico profesional, para lo que estudió en la Escuela Juilliard y fue miembro durante un año de la banda de "swing" de Henry Jerome.

Fascinación por los números

Además de tocar en locales de humo y baile, Greenspan se ocupó de la prosaica tarea de llevar los libros de cuentas del grupo. La fascinación con los números le hizo entrar en la Facultad de Comercio de la Universidad de Nueva York, donde se licenció como primero de su promoción.

Pronto abrió una consultora con el corredor de bonos William Townsend, en la que durante 30 años ofreció sus pronósticos y análisis económicos a empresas e instituciones, trabajo similar al que asumiría en la Reserva Federal.

Greenspan dio el paso al sector público como asesor del candidato y luego presidente Richard Nixon, cargo que mantuvo con su sucesor, Gerald Ford.

En 1987, el presidente Ronald Reagan lo nombró para reemplazar a Paul Volcker como presidente de la Reserva Federal. Entonces, como ahora, los mercados estaban a la expectativa de qué haría la nueva cara en el banco central.

Greenspan tuvo su prueba de fuego unos meses más tarde, en el lunes negro (19 de octubre) cuando el Dow Jones cayó 508 puntos, la mayor pérdida en un día desde la recesión de 1929.

Respondió con el mensaje de que la Reserva Federal ofrecería todo el crédito necesario para el buen funcionamiento del sistema financiero y la tormenta pasó sin provocar muchos daños. Su buena actuación le hizo ganarse la confianza de los presidentes George Bush y Bill Clinton, que le ratificaron como titular de la Fed, cargo que es renovable cada cuatro años.

Además de ser un referente obligado de Gobierno, su presencia se ha dejado sentir en los círculos sociales de Washington, pues le gusta pasarse por los encuentros de la elite de la capital con su esposa, la periodista de la cadena NBC Andrea Mitchell, que es veinte años más joven que él.

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