La vergüenza de Gibraltar

FRANCISCO OLIVER RODRÍGUEZVALENCIA

España, humana y hospitalaria, como siempre, pero también quijotesca, en el año 1804 al recibir una llamada de socorro de Gran Bretaña ante la declaración de una epidemia de fiebre amarilla y cólera, solicitó la instalación provisional de barracones en el istmo, donde aislar a la tropa y ciudadanos del Peñón, sufrida entre 1815 y 1854. Las razones humanitarias pesaron más que los 850 metros cuadrados que tiene el istmo español, y España aprobó la petición.

Pero la epidemia terminó y esa zona española declarada neutral, no sólo no la devolvieron, sino que colocaron la verja y se quedaron con todo el territorio de sus 850 metros cuadrados, construyendo un aeródromo militar aprovechándose de la guerra civil española, adentrándose más de medio kilómetro en aguas de la bahía de Algeciras y, por si fuera poco, levantan un campo de fútbol solicitando su entrada en la UEFA por la que el Sr. Michel Platini, ante una nueva resolución del TAS, pueda que se le conceda, a lo que España se opondrá por medios jurídicos.

Y los llanitos, locos de contento, ante las cámaras de televisión nos levantan su pulgar en señal de victoria.

A todo esto, Neil Angell, del Foreing Commonwealth Office, en nombre de su ministro, William Hague, dice: «El Reino Unido está lleno de confianza sobre su soberanía, sobre todo el conjunto de Gibraltar al día de hoy, incluyendo el istmo sobre el cual se hizo el aeropuerto, basado en el tratado de Utrecht y la continua posesión sobre un periodo largo de tiempo». Parece ser que este honorable ministro se olvida de que se solicitaron colocar barracones provisionales a España por la epidemia porque el istmo era nuestro y no figuraba en el tratado.

Como punto final lo pone su Primer Ministro, David Cameron, que aprovechando su estancia en Bruselas hace días reprocha a nuestro Presidente Señor Rajoy las incursiones de la Guardia Civil en nuestras aguas y que respete la soberanía del Peñón.

Y esa Gran Potencia... ¡ni se ruboriza!

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