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Presidente Rufián

A la izquierda caviar le hace tilín el papel de malote pijo que representa y no le desagradan ni los insultos ni las provocaciones de chulo de bar con 'llumenetes'

Pablo Salazar

Valencia

Martes, 18 de noviembre 2025, 23:45

La izquierda española y no sólo la catalana está entusiasmada con Gabriel Rufián. Me da la impresión que más la española que la catalana. Es ... su nuevo Robin Hood. Más aseado y mejor vestido que Pablo Iglesias, al que se le notaba demasiado su procedencia vallecana, unos orígenes que el paso por el casoplón de Galapagar no ha conseguido disimular. Porque la progresía, no hay que olvidarlo, está muy preocupada por los parias de la Tierra y la famélica legión, pero a ellos que no les quiten su segunda residencia, ni los dos coches, ni el Erasmus del niño, ni la semana blanca en Baqueira, ni las salidas a cenar los viernes o los sábados y a comer los domingos, ni el crucero por los fiordos noruegos en verano, ni... ni... ni.... Rufián, Gabriel, viste correctamente, no parece un perroflauta. E insulta con estilo, sin inmutarse ni levantar la voz. Y si manda callar a Mazón es porque Mazón se lo merece. A la izquierda caviar no le importa que Rufián, su nuevo ídolo, sea el portavoz de un partido empeñado en romper España, en acabar con el modelo autonómico, en hacer saltar por los aires un proyecto de convivencia en paz y en libertad que ya acumula casi medio siglo de existencia, algo excepcional en un país convulso y con una historia terrible a sus espaldas. Viendo, oyendo y leyendo la reacción de los medios progres al linchamiento de Mazón en la comisión de investigación de la dana en el Congreso, con el inefable diputado independentista como estrella, se llega a la conclusión de que todo lo que haga y diga este malote está bien hecho y bien dicho porque es él, tiene bula, licencia para matar. Ni una crítica a la sarta de descalificaciones que dirigió al todavía presidente de la Generalitat, con una falta de respeto y un odio al vomitar sus palabras que delataban una personalidad inquietante. Los que se muestran tan preocupados por «el discurso de odio de la extrema derecha» destilaron altas dosis de resentimiento, desprecio y afán de revancha hacia una autoridad pública que fue elegida por los valencianos y que ha asumido su responsabilidad presentando su dimisión. Esta izquierda exquisita y elitista, que detesta la cultura de masas y el turismo de masas mientras asegura buscar la igualdad, debería atreverse a dar un paso más y proponer a Rufián como candidato a presidente del Gobierno de una España sin España, una España frentepopulista en la que socialistas, comunistas, nacionalistas e independentistas se sientan a gusto. Y en la que los Mazón de turno, es decir, los del PP y Vox, estén en la cárcel, como reclamó el lunes el diputado secesionista.

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