Gan retrata a la clase política
Un 'outsider' refleja lo que puede ver cualquier observador imparcial: que el espectáculo, el activismo y la provocación han sustituido a la dialéctica
Tuve la oportunidad, y la suerte, de escuchar al entonces teniente general Gan Pampols en un par de conferencias, en las que demostró ser un ... gran experto en geopolítica. Gan, como tantos otros militares, ha enterrado la imagen clásica de los hombres de uniforme como personas más dadas a la acción que al pensamiento. O por decirlo sin tantos, rodeos, poco ilustrados. El difícil acceso a las academias y la exigente formación que allí reciben ya bastaría para derribar el estereotipo. Ya retirado y tras la tragedia de la dana, aceptó el reto de incorporarse al Consell presidido por Mazón para liderar la labor de reconstrucción. Anunció que su paso por el gobierno autonómico tendría fecha de caducidad y así ha sido. Una vez cumplida su tarea ha abandonado el cargo. En la entrevista que LAS PROVINCIAS publicó el domingo se despachó a gusto. En realidad, no dijo nada que no suscribiría cualquier observador imparcial. En concreto, que el nivel de Les Corts es deleznable. Lo del Parlamento valenciano es ampliable y aplicable a cualquier otro hemiciclo, al salón de plenos del Ayuntamiento de Valencia, al de Dénia o al de Villanueva de la Serena, provincia de Badajoz, a las Cortes de Castilla y León o al Parlament catalán, al Congreso o al Senado. Es el «nivel» de la clase política. Una clase mediocre, que ha perdido todo el lustre que exhibió durante la Transición y en las etapas de González y Aznar. Con Zapatero (siempre Zapatero...) empezó la decadencia. Recuerden a Bibiana Aído, Leire Pajín, María Antonia Trujillo... Profesionalmente -en sus currículums y experiencia laboral- y humanamente. El político comprometido con su gente y su tiempo ha dado paso al activista, al 'hooligan'. Y lo que es peor, al hombre de partido que ha hecho carrera a la sombra de unas siglas y piensa jubilarse bajo dicho paraguas. El «nivel», ciertamente, es deleznable, aunque no peor que el que se observa en la mayoría de las tertulias televisivas, en las que la reflexión y el análisis han sido reemplazados por el griterío y la provocación. Gan, un 'outsider' de la política, era un cisne entre patos, un hombre culto rodeado de hinchas vociferantes. Su retrato de la clase política no puede ser más certero. Ni más inquietante el diagnóstico que se deriva del mismo. Porque en el peor momento, cuando la sociedad desconfía de sus dirigentes y se aparta de la política tradicional y de los partidos sistémicos, tenemos unos parlamentos de barra de bar con unos diputados incapaces de hablar sin leer sus intervenciones y más preocupados por el espectáculo y por las redes sociales que por su trabajo. Es lo que hay.
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