Es tan duro pensarlo que la mente lo archiva enseguida como rumor malicioso. Es cierto que en una guerra aflora lo peor de la naturaleza ... humana y, por tanto, no resulta ajeno a ella la existencia de francotiradores que se divierten matando a personas inocentes. Es lo que, hasta ahora, pensábamos de lo sucedido en Sarajevo durante la guerra de Bosnia en los 90. Es más, hemos visto imágenes terribles de ancianos o jóvenes cayendo en medio de la gran avenida que terminó por renombrarse como «Avenida de los Francotiradores» porque la usaban los serbios para disparar a todo el que pasara por allí durante el asedio de la ciudad. Así murieron cientos de personas, muchos de ellos, niños, y resultaron heridas por miles.
Lo que resulta insoportable es pensar que algunos de esos francotiradores pudieran haber sido personas ajenas al conflicto que pagaron verdaderas barbaridades por ir a matar a otros. Durante mucho tiempo se creyó que esa sospecha formaba parte de los rumores propios de un conflicto, que intentan minar el ánimo de la población sitiada o desprestigiar al enemigo. Sin embargo, ahora ya no es una mera especulación o un posible ejercicio de manipulación. Ahora hay una investigación en marcha por parte de los jueces italianos tras la denuncia de que, entre quienes disparaban, hubo ciudadanos de ese país. Ciudadanos que iban de fin de semana a matar a desconocidos como quien va de puente a visitar otra capital europea. Turismo extremo lo llaman. A mí me recuerda, más bien, esas escenas de la serie 'El juego del calamar' o 'Los juegos del hambre' en las que hay espectadores asistiendo a la muerte violenta de otros. Hay que reconocer que no es nuevo. Lo hemos visto mil veces en las películas de romanos. Hubo un tiempo en que nuestros ancestros se divertían viendo en la arena cómo otros seres humanos se destrozaban. Incluso pervive ese deseo de sangre hasta el final en las corridas de toros, entre personas y animales, o, sublimado, en el boxeo, en ese caso, con las precauciones debidas para impedir el daño mortal.
Pero esto es un paso más. Es participar activamente. Es asesinar por diversión y volver a la vida corriente. No es estar en un entorno de muerte y supervivencia como imagino que es una guerra, una situación límite sin normas ni moral. Es sumergirse en ella sin motivo alguno para eliminar a un enemigo y adoptar su impunidad para volver luego a un entorno reglado y garantista. Es mucho más que indecente. Es puro infierno. Tan extremo que cuesta pensar en que esas personas pasan por humanas a nuestro lado.
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