La maldición del rey Midas
JUANJO BRAULIO
Domingo, 16 de noviembre 2025, 00:12
Les imagino al corriente de la leyenda del rey Midas, pero por si acaso llevan tiempo sin repasar las 'Metamorfosis' de Ovidio, les refresco la ... memoria. Contaba el poeta romano que el dios Dionisio descubrió que su antiguo tutor, el sátiro Sileno, había desaparecido después de una de sus monumentales borracheras. Lo encontraron unos campesinos de Frigia que lo llevaron a su rey, Midas, quien, al reconocerlo, le brindó su hospitalidad durante los diez días que necesitó el viejo sátiro para que se le pasara la cogorza. Al undécimo, Midas lo llevó a Lidia, donde estaba el dios del vino, que le ofreció al monarca una recompensa a su elección y que no fue otra que convertir en oro todo lo que tocara.
Con su nuevo poder, Midas se lio a manosearlo todo para convertirlo en oro. Primero fue una piedra; luego una ramita y después todas las rosas de su jardín. Loco de alegría, ordenó a sus sirvientes que le sirvieran un opíparo banquete, pero conforme intentaba comer o beber, todo se transformaba en metal. En este punto, las distintas leyendas divergen: unas cuentan que Midas consiguió librarse del regalo envenenado de Dionisio bañándose en el río Pactolo -que se convirtió en una fuente aurífera- y renunció a la corona; otras, sin embargo, dicen que el rey murió de hambre, aunque inmensamente rico y algunas apuntan a que pereció por inanición y desesperación tras haber matado a su propia hija a la que tocó por accidente.
Como si fuera un trasunto del dios Dionisio -y la metáfora la dejo ahí colgando mientras la UCO no diga otra cosa al respective- el ministro Víctor Ángel Torres parece haber lanzado la misma maldición a 75 municipios valencianos que fueron afectados por la dana del día de San Narciso, como dice el maestro Ferran Belda. 1.720 millones de euros con los que el Ministerio de Política Territorial ha saturado las cuentas corrientes de los ayuntamientos para la reconstrucción y que, como era de suponer, no tienen capacidad para gestionarlos. Según refería el martes Pau Alemany en estas mismas páginas, de los 1.720 millones de los que presume la delegada del Gobierno -que, como servidor de ustedes, también es de letras o quiso serlo con dos carreras distintas- sólo se han aprobado y licitado proyectos de reconstrucción por valor de 41,5. O lo que es lo mismo, el 2,4%. Y no son datos de fachosfera y los pseudomedios, sino de la Cámara de Contratistas de la Comunitat Valenciana según información disponible de las distintas plataformas de contratación.
El principal motivo de tal desaguisado viene porque las corporaciones locales no tienen ni el personal cualificado para gestionar todo ese dineral agravado por una burocracia infernal y, encima, los proyectos deben estar presentados antes del próximo 26 de febrero. La mayoría de ayuntamientos ha recurrido a Tragsa, la empresa pública instrumental que, como es obvio, no da abasto para atender tal volumen de trabajo. Y el resultado es que, un año después de la gran riada y del «si quieren ayuda, que la pidan» de Pedro Sánchez, es que los ayuntamientos, como Midas, estén rodeados de oro mientras se mueren de hambre.
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión