Rufián de AliExpress
El aún presidente en funciones de la Generalitat, Carlos Mazón, compareció en la comisión de investigación de la dana en el Congreso de los Diputados ... noqueado, agotado y hastiado. A Mazón se le vio por momentos superado, agarrado a un guión donde empiezan a flaquear las fuerzas, con ganas de que pase el cáliz y con escasa contundencia en el tono y en el contenido de sus respuestas. Mazón en el Congreso era carne de cañón. El independentista Gabriel Rufián, experto en revolcarse en sangre, cumplió con las expectativas, y envolvió en el papel de «inútil y psicópata» a Mazón, que se presentó en Madrid amortajado políticamente y con la toma de una decisión que tenía que haber rubricado hace meses. Mazón ya no es un gato panza arriba y a partir del jueves 27 de noviembre formará parte de la historia de los presidentes de la Comunitat Valenciana. Mazón estuvo ausente el 29 de octubre y muy presente a partir del 30 de octubre. El aún presidente del Consell ha pagado, tarde y mal, a la espera de que otros y otras rindan cuentas. Rufián llegó, lo zarandeó, se ganó sus minutos de gloria en Instagram y el pueblo, una vez más, confirmó la buena puesta en escena que tiene el diputado de ERC. Después llegó la intervención de Alejandro Soler, un socialista de Elche agarrapatado a cargos desde su postadolescencia, y que ejerció como un Rufián de AliExpress para captar unos minutos de gloria. La intervención de Soler fue zafia, machista y de mal gusto, impropia de un diputado del PSOE pero muy en la línea de la nueva forma de hacer que ha impuesto la ministra y lideresa de los socialistas valencianos, Diana Morant, que se ha rodeado de perros de presa como Vicent Mascarell y compañía. Hasta el propio Soler, que amagó con disputarle el liderazgo, se ha rendido a las directrices del clan de Gandia. El ilicitano, que dio muestras que le importaba más el morbo que las víctimas, manoseó su mensaje en torno a la comida de Mazón con la periodista, que sus intenciones iban más allá de lo laboral y que en la mochila había una muda por lo que pudiera pasar. Un discurso rancio y repugnante cuando en Ferraz resuenan los ecos de las meselinas, meretrices y suripantas -como diría El Pana- que presuntamente mitigaron la sed de Ábalos y Koldo. Soler es de memoria corta y nadie más que él debe saber el dolor de las insinuaciones, como las que llevó al juzgado su exmujer, que lo acusaba de amenazas y maltrato. Entiendo que Soler pasaría un calvario en ese proceso, al ver que la gente cuchicheaba sobre si era verdad o no que le zurraba a su esposa en la intimidad, sobre si presuntamente era un acosador y un machirulo agazapado bajo las siglas del PSOE, un partido garante de todas las igualdades habidas y por haber. Un juzgado exculpó a Soler de todos los cargos y de todo el calvario pero no aprendió que todo el mundo, incluso él, tienen el derecho a la presunción de inocencia.
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