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Urgente Aemet confirma su previsión para el puente de diciembre en la Comunitat

Rufián de AliExpress

Héctor Esteban

Valencia

Jueves, 20 de noviembre 2025, 23:50

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El aún presidente en funciones de la Generalitat, Carlos Mazón, compareció en la comisión de investigación de la dana en el Congreso de los Diputados ... noqueado, agotado y hastiado. A Mazón se le vio por momentos superado, agarrado a un guión donde empiezan a flaquear las fuerzas, con ganas de que pase el cáliz y con escasa contundencia en el tono y en el contenido de sus respuestas. Mazón en el Congreso era carne de cañón. El independentista Gabriel Rufián, experto en revolcarse en sangre, cumplió con las expectativas, y envolvió en el papel de «inútil y psicópata» a Mazón, que se presentó en Madrid amortajado políticamente y con la toma de una decisión que tenía que haber rubricado hace meses. Mazón ya no es un gato panza arriba y a partir del jueves 27 de noviembre formará parte de la historia de los presidentes de la Comunitat Valenciana. Mazón estuvo ausente el 29 de octubre y muy presente a partir del 30 de octubre. El aún presidente del Consell ha pagado, tarde y mal, a la espera de que otros y otras rindan cuentas. Rufián llegó, lo zarandeó, se ganó sus minutos de gloria en Instagram y el pueblo, una vez más, confirmó la buena puesta en escena que tiene el diputado de ERC. Después llegó la intervención de Alejandro Soler, un socialista de Elche agarrapatado a cargos desde su postadolescencia, y que ejerció como un Rufián de AliExpress para captar unos minutos de gloria. La intervención de Soler fue zafia, machista y de mal gusto, impropia de un diputado del PSOE pero muy en la línea de la nueva forma de hacer que ha impuesto la ministra y lideresa de los socialistas valencianos, Diana Morant, que se ha rodeado de perros de presa como Vicent Mascarell y compañía. Hasta el propio Soler, que amagó con disputarle el liderazgo, se ha rendido a las directrices del clan de Gandia. El ilicitano, que dio muestras que le importaba más el morbo que las víctimas, manoseó su mensaje en torno a la comida de Mazón con la periodista, que sus intenciones iban más allá de lo laboral y que en la mochila había una muda por lo que pudiera pasar. Un discurso rancio y repugnante cuando en Ferraz resuenan los ecos de las meselinas, meretrices y suripantas -como diría El Pana- que presuntamente mitigaron la sed de Ábalos y Koldo. Soler es de memoria corta y nadie más que él debe saber el dolor de las insinuaciones, como las que llevó al juzgado su exmujer, que lo acusaba de amenazas y maltrato. Entiendo que Soler pasaría un calvario en ese proceso, al ver que la gente cuchicheaba sobre si era verdad o no que le zurraba a su esposa en la intimidad, sobre si presuntamente era un acosador y un machirulo agazapado bajo las siglas del PSOE, un partido garante de todas las igualdades habidas y por haber. Un juzgado exculpó a Soler de todos los cargos y de todo el calvario pero no aprendió que todo el mundo, incluso él, tienen el derecho a la presunción de inocencia.

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