Los escrutinios confirman que es muy difícil gobernar la Generalitat sin ser el partido más votado en la ciudad de Valencia. Barberá fue alcaldesa gracias ... al apoyo de UV al tiempo que Lerma pasaba su última legislatura en el Consell y en los tiempos del Rialto y del Botánico, las cuentas de la vieja sirvieron para repartir cargos y mandos. Matemática pura. El empeño de Génova de enviar a María José Catalá a un escenario autonómico hubiera sido un tiro en el pie porque corría el riesgo de desandar dos caminos: el municipal y el regional. Catalá se ha consolidado en el Ayuntamiento de Valencia, gobierna con cierta suficiencia y tiene un horizonte con muchos proyectos abiertos que tiene el compromiso de terminar. Tras curtirse durante una legislatura en la oposición logró recuperar la ciudad para el Partido Popular tras dos mandatos en blanco y de paso, servir de caladero de votos para el proyecto regional. Mazón nunca hubiera sido presidente si en la capital no hubiera salido fortalecido en número de votos el proyecto popular. Descabalgar a Catalá del Ayuntamiento para zurcir el boquete regional era correr dos riesgos. El primero, el del Ayuntamiento de Valencia, donde en la bancada todavía no hay un perfil consolidado, léase Juan Carlos Caballero o Julia Climent, que pueda aspirar con garantías a suceder a Catalá. El segundo, que un trasvase de la exconsellera de Eduación a la Generalitat en ningún caso blinda un buen resultado para el PPCV, muy castigado por la deficiente gestión de Carlos Mazón en la catástrofe de la dana. Al final, es mejor una estrategia de contención que apostar por experimentos de incierto resultado. La lucha va a estar en el Ayuntamiento de Valencia, donde la actual alcaldesa, si el PSOE no lo remedia, se batirá con la actual delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, que ha aprovechado la dana para situarse en la primera fila de la política valenciana. Los socialistas cuentan por primera vez, tras los fiascos de apellido Martínez, Noguera, Rubio, Alborch, Calabuig y Gómez, con una candidata que está por encima del anonimato y, como ya pasó con la candidatura de la exministra de Cultura en 2007, habrá que echar el resto con el objetivo de recuperar el Ayuntamiento. El primer paso de los socialistas, si quieren aspirar, es dejar a Compromís por detrás. Sacar a Catalá de la lista municipal será dejar una candidatura llena de dudas, tanto a nivel interno en el partido como de cara al electorado. La Generalitat te la puedes jugar con una moneda al aire. La etapa transitoria de Juanfran Pérez Llorca puede convertirse en definitiva si en un año y medio consolida una forma de gobernar. Él tiene la llave de su futuro. Enfrente, el PSPV se presenta con la invisibilidad de Diana Morant, aunque nunca hay que olvidar que Ximo Puig fue presidente con los peores resultados de la historia para los socialistas. Mantener a Catalá es tener ya una mano ganada.
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