La sombra de Epstein
La sombra del caso Epstein se cierne sobre Donald Trump, como la tarde en El Ventorro sobre Mazón, o la corrupción en el entorno político ... y familiar sobre Pedro Sánchez. Se ha cerrado el círculo en Valencia. Pero Sánchez y Trump siguen en la brecha, contra viento y marea. La salvación de Trump pasa por demostrar que no tuvo conocimiento ni tomó parte en los abusos sexuales cometidos sobre menores de edad por una red de captación a gran escala. De la que se beneficiaban en primer lugar el instigador, Jeffrey Epstein. Pero también quienes, en aviones fletados por el empresario, volaron a su isla privada y abusaron de las jóvenes, aprovechando la oportunidad y la impunidad que da el poder.
Hasta ahora, el presidente ha hecho frente a los rumores basados en una fotografía y una felicitación de cumpleaños de dudoso gusto. La biógrafa de Virginia Giuffré, ya fallecida, la víctima más conocida, la que denunció con claridad los abusos y puso nombre y cara al príncipe Andrés, hizo una declaración exculpatoria, no definitiva. Sin embargo, la revelación en los últimos días de parte del expediente Epstein, que Trump se comprometió a hacer público, le coloca por primera vez en una situación difícil. En los correos hay referencias a su participación en los hechos y una caracterización negativa. Los humoristas de los programas nocturnos de la televisión estadounidense incrementaron las referencias a Epstein tras el intento fallido por parte de Trump de cancelar a Jimmy Kimmel en ABC, propiedad de Disney, y a Stephen Colbert, que tiene los días contados. Ahora arrecian con alevosía: la venganza se sirve en frío.
Tampoco pasa sus mejores días la portavoz de la Casa Blanca, la secretaria de prensa Karoline Leavitt. Extremadamente fiel a Trump, es muy hábil en el manejo de preguntas en rueda de prensa. Pero ha tropezado con el caso Epstein, un hueso duro de roer: las preguntas de los periodistas a raíz de la publicación de los correos solo se pueden responder con un sí o un no. Solo no es no. De poco valen rodeos o la retórica inflamada. La denuncia de la actriz Stormy Daniels, que ya condicionó su anterior legislatura, es un juego de niños comparada con el caso Epstein: estamos hablando de menores. Por eso Trump, bajo amenaza permanente, se empeña en hacer ruido para controlar la agenda. ¿Qué medidas, siempre polémicas, son reales o condicionadas? La guerra de tarifas, la persecución de los inmigrantes, la operación Lanza y los rumores de invasión a Venezuela. Qué decir de la incansable búsqueda del premio Nobel de la Paz. Un paraguas. Una bomba de relojería. Hágase la luz.
La salvación de Trump pasa por demostrar que no conoció ni tomó parte en los abusos a menores
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