'Cocretismo'

Que nos digan las palabras que tenemos que usar y que, si no las usamos, nos las pongan en nuestra boca

'Cocretismo'
G. Villamill
ROSA BELMONTEMadrid

Preferiría decir 'cocreta' que migrante. O gabina por cabina, como hace Juanma Moreno. La vergüenza que habrá pasado Javier Gomá cuando en una entrevista de periódico habla de inmigrantes pero en el titular entrecomillado le han cascado migrantes. Un palabro. Al menos yo la habría pasado. Que nos digan las palabras que tenemos que usar y que, si no las usamos, nos las pongan en nuestra boca. El acabose estalinista de la lengua. Ni Orwell. Que te sale el Aznar chulito de a mí nadie me dice lo que tengo que beber. Pero, espera, que llega el Gobierno Vasco a regular cómo tienen que ser nuestras casas. Hombre, a mí me gustaría que fuera una de esas del principio del '¡Hola!' o la de Ian McEwan del siglo XVI en la región inglesa de los Cotswolds. Pero, vaya, al menos me gustaría poder elegir si quiero una cocina aislada o integrada en el salón para que huela a sardinas.

Ya saben que el Departamento de Vivienda está trabajando en un decreto, en fase de borrador, con las nuevas normas de construcción. La primera legislación española con perspectiva de género. Por la parte de seguridad en los portales no tengo nada que decir. Que se obligue a evitar zonas oscuras en los portales o rellanos, bien. ¿Pero proponer que la cocina y el salón sean contiguos y de dimensión suficiente para albergar a dos personas y que se compartan las tareas domésticas? Sape. Virginia Woolf quería una habitación para ella sola, yo quiero una cocina para mí sola, no que me estén molestando. Y si está aislada, mejor. ¿Conexión visual directa? Venga ya.

Nos pretenden gobernar tanto que casi daría igual hacernos judíos ortodoxos. No poder llevar lana o lino. Seguir los trece principios de fe de Moisés Maimónides. Aunque los crustáceos y el marisco están prohibido por la Torá. Y en mi cocina para mí sola tengo que hervir bogavantes y freír 'cocretas'.