PAGAR POR LO QUE YA PAGAMOS

Una cosa son las promesas y otra las realidades, como bien está comprobando el Ministro de Fomento, el torrentino José Luis Ábalos. Y es que recuperar los peajes, no mediante rescate, sino por su simple extinción, era una reclamación histórica de la Comunitat, que durante años ha visto como la unión de sus tres capitales se tenía que hacer, forzosamente, por la AP-7 o Autopista del Mediterráneo, siempre de peaje.

La escasez de camiones en este trayecto, sabiamente impuesta por la empresa concesionaria para evitar el desgaste que provoca el trote de los camiones por el asfalto, hace suponer que la mayoría del tráfico pesado y, por tanto de los destrozos, han ido siempre por las nacionales, muchos más rotas, peor cuidadas y con más accidentes que la propia AP-7, algo que se ha trasladado incluso a las autovías interiores que se abrieron para comunicar otras comarcas e intentar evitar así de paso el peaje de la autopista de la costa.

Pero al liberalizar los peajes las cuentas no salen, o al menos no como le gustaría al Gobierno. Mantener las vías que hasta ahora eran de concesión privada va a costar dinero y, pese a que el automóvil ya es la principal fuente recaudatoria del Estado, vía impuestos de combustibles, de circulación, de transmisión patrimonial, multas, etcétera, el Ministro propone ahora un peaje sea cual sea la vía utilizada.

Nos tememos que, como en otros países -Portugal empezó a aplicarlo durante la crisis, sin ir más lejos- se trataría de unas pasarelas lectoras de matrículas para pagar bien por el uso de cada carretera específica o bien una tasa anual por el uso de todas ellas, como sucede en Suiza. No creemos que un Ministro y un Gobierno que se presumen bastante listos, se les ocurra llenar España de cabinas de peaje. Digamos que la nota nos llegará vía bancaria, vía impuesto de circulación o ambas cosas, todo un disparate en contra del sentido común. El automóvil no sólo paga sus carreteras y autovías, sino muchos más servicios del Estado.

 

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