LA ÉPOCA DE LA CONFUSIÓN

ALEX ADALID

El Salón del automóvil de Fráncfort muestra a las claras la confusión generalizada que está viviendo el mundo del automóvil. Por una parte los fabricantes presentan multitud de modelos eléctricos cuyo precio está muy por encima del promedio habitual de gasto de los clientes. Además los stands se han reconvertidos en espacios 'experienciales' y sin coches, donde el que se va a comprar anda perdido, al que le gustan los coches queda desencantado y el que quiere una 'experiencia'... seguramente irá a un cine 3D o a un parque de atracciones.

La realidad es que, con o sin coches eléctricos, los niveles de dióxido de carbono que emiten como promedio las gamas de los fabricantes siguen subiendo, porque ahora se venden más modelos gasolina que diésel, y eso perjudica a las marcas porque, si tienen niveles de emisiones más altos, pagarán más multas. A la confusión se añade que nadie sabe lo que va a pasar con los modelos Diésel, tanto y tanto se ha hablado que los que se venden es con las reticencias del que compra o con ofertas de por medio. Para rizar el rizo las administraciones sueltan 'globos sonda' en contra del automóvil, en eso nuestro país es líder destacado.

El ambiente de confusión aumenta con la llegada de los nuevos gurús del marketing. Vemos a 'influencers' de moda promocionar coches, que es algo así como ver a un 'influencer' de automóviles promocionar cremas o vestidos. Olvidan que lo importante es el mensaje y el target, no el volumen de las audiencias o los impactos.

Sigamos con lo que los expertos llaman 'tráfico de exposición', que es la gente que entra en el concesionario. Cada vez son menos. Todo está tan detallado en internet que el cliente se encuentra a veces con mejor atención en casa que en la tienda. Los coches eléctricos ya no se exponen y venden como antaño, sino con técnicas de laboratorio, y podríamos seguir, pero en resumen, la gran cantidad de cambios artificiales no benefician las ventas, más bien al contrario.