Opel, una historia brillante

Con el Opel Ascona 400, Rohl fue campeón de rallies en 1982./
Con el Opel Ascona 400, Rohl fue campeón de rallies en 1982.

Opel celebra 120 años con los mejores coches de rallies de su trayectoria y mirando a un futuro lleno de éxitos en ventas

ALEX ADALIDCircuito del Jarama

Afrontamos la subida del Circuito del Jarama, conocida con el bonito nombre de 'rampa Pegaso', y pisamos el embrague para poner cuarta velocidad tras salir de las llamadas 'eses'. En ese momento, en nuestro Opel Ascona, una de las unidades que utilizó Walter Rölh para ganar el Mundial de Rallyes de 1982, se activa el limpiaparabrisas ¿pero qué ocurre? Juramos no haber tocado ninguna palanca, pero la respuesta es rápida, y es que hay un 'cuarto pedal' junto al reposapiés que hemos rozado y que activa el limpia, y todo para no tener que quitar las manos del volante, que estarían, en los años ochenta, muy ocupadas llevando el coche 'por el sitio'.

Hablamos de una época en la que pilotar en rallyes requería manos y coraje. Ahora los World Rallye Car van muy pero que muy deprisa, pero su alta potencia saca a los pilotos de muchísimos apuros que, en la época, se resolvían a base de pericia y talento, tanto de pilotos como de los mecánicos. La estupenda idea de este 'cuarto pedal', lo prueba. Adiós distracciones.

Modelos de colección

Nuestro Ascona digiere bien las curvas, sube de velocidad con brío y, en el interior, cada uno tiene sus propias sensaciones. En mi caso su olor me recuerda a una mezcla entre el Seat 124 con el que se estrenó mi hermano mayor antes de que el que escribe estas líneas tuviera el carnet de conducir -es decir, antes de 1993, ahí es nada- y los dos Opel Corsa que tuvimos en casa, con el olor característico de los plásticos de Opel, todo ello mezclado con el aroma de rallyes, aceite y gasolina que nos envuelve.

Terminamos la vuelta y volvemos a los boxes sorprendidos por la 'mucha caña' que nos han permitido darle a este veterano Ascona con el que Rölh conseguía victorias y títulos. Blandito de suspensión para el estándar de hoy en día y con una precisión de dirección y frenos que dista mucho de cualquier coche de hoy, no nos imaginamos lo que sería correr unas 24 horas de Nurburgring, por ejemplo.

Ingeniería alemana

Hay otros coches más en espera -Rekord, Kadett o Commodore- llegados desde el museo Opel, poco conocidos en España, donde la marca empezó a ser popular en 1982 con el estreno del corsa fabricado en Zaragoza, un coche que todavía se produce allí y del que han fabricado millones de unidades en los últimos 36 años. A partir de entonces los Corsa, Kadett, Calibra, Vectra, Astra y muchas versiones GSI llenaron las calles con aquél 'tecnología alemana a su alcance'.

Pero Opel es aún más veterana, y sopla nada menos que 120 velas, en las que ha vivido el nacimiento y esplendor de la automoción hasta la transformación actual, en la que el coche eléctrico es protagonista. A los mandos de estos coches hemos conocido un poco mejor la historia de una marca que, durante décadas estuvo bajo el paraguas de General Motors, que confió en su ingeniería para el desarrollo de todo tipo de coches, de China a América, hasta que hace un par de años Opel pasó a manos de PSA.

Con Peugeot y Citroën afronta un futuro en el que no sólo debe mantener sus importante ventas -la firma comercializa casi un millón de coches al año en Europa- sino obtener beneficios, algo que no sucedía con General Motors.

A por otros 120 años

De cara al futuro las noticias son excelentes: sus modelos gustan, las ventas aumentan, tiene un pasado glorioso y apunta a un futuro prometedor también fuera de Europa, y todo ello con miles de coches 'made in Spain', ya que la planta de Zaragoza funciona a pleno rendimiento.