Xàbia despide a María José Grimaldo, subdirectora de LAS PROVINCIAS

Decenas de personas durante la misa celebrada en la iglesia de la Virgen de Loreto de Xàbia. / Tino Calvo
Decenas de personas durante la misa celebrada en la iglesia de la Virgen de Loreto de Xàbia. / Tino Calvo

Familiares y amigos acuden a la emotiva misa celebrada en su honor en la iglesia de la Virgen de Loreto

B. ORTOLÀ XÀBIA.

«Majo te hacía sentirte único, importante». Este fue uno de los comentarios más repetidos ayer durante la misa celebrada en la iglesia de la Virgen de Loreto de Xàbia, para despedir a María José Grimaldo, subdirectora de LAS PROVINCIAS, que falleció el pasado 1 de noviembre.

Familiares y amigos quisieron rendirle un sentido homenaje en el municipio donde «tan buenos ratos compartió». La ceremonia, oficiada por el párroco del Loreto Fernando Mañó y Francisco Morató, cura de Albatera y primo del esposo de la fallecida, Pepe Morató; arrancó con las palabras de Marta Ballester, hija de Toya, una de las mejores amigas de Grimaldo.

En sus breves pero emotivas palabras, la joven recordó a Majo como «un ejemplo a seguir, la reina de allí por donde pasaba». Además destacó su vitalidad y profesionalidad. El párroco Morató también recordó a Grimaldo: «nadie podrá reemplazarla, porque nadie es igual que María José. Estoy seguro que todos nosotros debemos dar gracias a Dios por haberla conocido».

A pesar de que a la misa acudieron muchas personas, el silencio sepulcral acompañó en todo momento la ceremonia, roto tan solo por la música del coro y las palabras de los dos sacerdotes.

Tras la eucaristía, tomó la palabra su compañera y amiga, la delegada de LAS PROVINCIAS en Dénia, Concha Pastor, quién le dedicó algunas estrofas de la canción 'Qué bonita la vida'. El emotivo acto lo cerró su marido, acompañado de su hijo Pepe, su hermana y padres; así como la madre y las hermanos de María José. Morató aseguró que su esposa «quería a Xàbia casi más que yo». Además agradeció la asistencia de sus amigos para rendirle un último homenaje a Majo, para muchos de ellos, «la gran jefona».

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