De vuelta a la esencia de la medicina

Atención. Ricardo Murillo y Amelia Montaner atienden a una paciente en las instalaciones del Ayutamiento de Benialí. / B. O.
Atención. Ricardo Murillo y Amelia Montaner atienden a una paciente en las instalaciones del Ayutamiento de Benialí. / B. O.

Ricardo Murillo, Àngela Garcia y Marta Vidosa remarcan el valor de los métodos preventivos para suplir las carencias del medio rural | Tres doctores cuentan su experiencia tras cambiar su plaza en la ciudad por otra en Beniarbeig y la Gallinera

B. ORTOLÀ

Vall de Gallinera. Son las 7.50 de la mañana. Tres personas esperan en el consultorio médico de Benialí, en la Vall de Gallinera, tienen cita con el doctor. Aunque faltan todavía unos minutos para el primer turno, este reducido grupo de vecinos ya aguarda de forma sosegada en la pequeña e improvisada sala la consulta, ubicada en el edificio del Ayuntamiento.

Dentro, el médico Ricardo Murillo y la enfermera Amelia Montaner ultiman varias gestiones antes de empezar a recibir a los pacientes. Para algunos de ellos será su última cita con Murillo, puesto que este facultativo está cubriendo una baja por maternidad, la de la doctora Àngela Garcia cuyo permiso expira el próximo lunes: «al principio la gente estaba un poco asustada por no saber quién iba a sustituir a Àngela». En los pueblos pequeños es difícil asumir tan grandes cambios pero «poco a poco me he ganado su confianza», asegura el galeno.

El trabajo de Murillo en la Gallinera, un valle de ocho núcleos urbanos que suman, entre todos, apenas 600 habitantes, «ha sido un regalo». Para este curtido doctor está siendo «una vuelta a la esencia de la profesión, porque tienes un contacto directo con la persona que debes curar, hay una transferencia muy directa que no se tiene en otras partes».

La Comunitat no distingue entre los espacios rurales y de ciudad, lo engloba todo en atención primaria

Atrás queda una dilatada carrera en importantes cargos de diferentes multinacionales: «he trabajado desde el 85 en áreas de investigación, en el desarrollo de vacunas y antibióticos tanto en España como en otros países».

Murillo tenía un puesto de relevancia con un gran sueldo que comportaba una gran responsabilidad; a ella iba unida mucho estrés. Por ello en 2007 decidió hacer un paréntesis de este ritmo de vida, «fue mi primera espantada para volver a la medicina, porque aquello no satisfacía mi parte interior».

Dejó la empresa privada y se dedicó a pasar consulta en Salud Pública en Madrid. Tan sólo estuvo cuatro años, pues una reconocida empresa de biotecnología lo repescó. Trabajó allí cuatro años, aunque «en mi cabeza ya estaba claro que quería hacer otra cosa», reconoce.

Finalmente lo dejó, «hay que saber irse a tiempo» y decidió «reciclarse» como médico de familia con un curso intensivo para ponerse a trabajar en el medio rural, «quería tratar de nuevo con el paciente, volver a la esencia».

Los galenos de la Vall remarcan la importancia de la enfermera y el trato que les da a los pacientes

Fue en una guardia en el centro madrileño cuando se enteró que el Departamento de Salud de Dénia ofrecía un puesto de trabajo. Murillo conocía la zona ya que en la década de los 90 se compró un pequeño chalé en las faldas del Montgó. Además había veraneado en la zona de Valencia desde los cinco años por lo que este litoral siempre le ha atraído. No se lo pensó dos veces.

Le concedieron una entrevista y en octubre de 2015 empezó a trabajar. En estos últimos cuatro años ha estado en los centros de Pedreguer y Xàbia, y a finales del pasado año le preguntaron si estaba interesado en «algo muy especial», la suplencia en la Vall de Gallinera.

«Es un pecado porque en 25 años no había estado nunca por aquí», confiesa. Antes de iniciar esta nueva andadura, visitó la zona para conocer a la doctora Garcia y a la enfermera Montaner, «fue curioso porque acabé en el mismo sitio donde empieza la película 'El árbol de las cerezas'». Se trata de un filme rodado en este valle en 1998 y que cuenta una historia coral con unos personajes que provienen de la ciudad y que se transforman gracias al contacto con la naturaleza.

A partir de ese momento «todo empezó a tener tintes románticos. A mi familia ahora le explico que voy por ocho aldeas de un valle, ha sido un cambio copernicano». De hecho la descripción es literal, cada día visitan dos o tres municipios.

Ese mismo sentimiento de enorme cambio de vida sintió Àngela cuando le propusieron hace dos años y medio ser la médico de la Gallinera. Nacida en Pego, había realizado la residencia en el hospital Doctor Peset de Valencia y ya en la Marina Alta, la habían destinado al centro de Salud de Calp. Según recuerda, en el municipio del Penyal d'Ifac el principal escollo fue «la cantidad de extranjeros y turistas que debes atender y que desconocen el idioma».

Un poco más del doble de pacientes que atienden Murillo y Garcia, poco más de 1.300, tiene a su cargo Marta Vidosa, la médico de Beniarbeig desde 2015. Hasta esa fecha, había trabajado de coordinadora médico en Dénia desde el 2008. Pero la carga de trabajo le obligaba a estar mucho tiempo fuera de casa, «mis hijos fueron los que me pidieron que buscase una alternativa para estar más tiempo con ellos en casa».

Pidió el traslado y a los pocos días le propusieron la plaza del consultorio auxiliar de Beniarbeig: «era un gran cambio, de estar en un trasatlántico y tener a tu lado a 17 médicos y 6 pediatras, pasaba a estar en un barco de remo, es decir, sola con una enfermera, Judith Crespo, quién reparte su trabajo entre Beniarbeig, Benidoleig y Ondara, por lo que, a veces, estoy sola». Aún así, explica que le sugirieron que probase y que si no le gustaba, le buscaban otro sitio, «pero llamé para decir que me quedaba».

Pese a la marcada diferencia entre ciudad y pueblo, la Comunitat Valenciana no distingue entre médicos rurales o de ciudad. Lo engloba todo en atención primaria, que cuenta con 2.792 médicos de Medicina Familiar y Comunitaria que desarrollan su actividad en 845 Centros de Atención Primaria, distribuidos en 24 Departamentos de Salud, que engloban 241 zonas básicas, para un total de población de 4.691.397.

Tras un tiempo en su nuevo puesto, tanto Murillo y Garcia como Vidosa destacan que existen diferencias notables entre la medicina de ciudad y la rural «algunas positivas y otras no tanto». La carga de trabajo es una de las más destacadas.

Según Murillo, «la Gallinera es algo excepcional. En sitios con más habitantes puedes ver al día hasta 50 pacientes, hay poco tiempo para cada uno, mientras que aquí se compagina con urgencias y visitas a domicilio, la cita con el paciente es más tranquila».

Parte del mérito del buen funcionamiento de la consulta en la Gallinera hay que reconocérselo a Garcia y a Montaner. Según la doctora, «cuando empecé aquí, la gente llegaba sin cita y cogía turno, era un poco caótico». Pero Amelia, que lleva en la Gallinera más de 20 años, propuso fijar un horario con cita previa. Aunque al principio los vecinos, sobretodo los más mayores, era más reticentes, se han adaptado «porque aprovechamos mejor el tiempo».

Vidosa en cambio reconoce que ahora debe encargarse de cosas que en Dénia no hacía: «cumplía mi cupo de pacientes y para las urgencias teníamos un médico. Por suerte tengo a Judith como enfermera con la que me compenetro a las mil maravillas, lo único malo es que no está aquí todo lo que querría».

Otro de los cambios que notan los tres profesionales es la diferencia de recursos. En el medio rural se disponen de muy pocos comparado con la tecnología que tienen al alcance sus compañeros en las ciudades. Vidosa recuerda que al llegar a Beniarbeig «no se hacían analíticas, los pacientes tenían que desplazarse hasta Ondara y los más mayores dependía de que les llevase alguien». Pero hace dos años el consistorio consiguió que la prueba se pueda llevar a cabo allí los martes impares de cada mes.

Aunque echa de menos más medios, asegura que se apaña con lo que tiene, además remarca como beneficio la «autonomía e independencia en el trabajo, yo me organizo las consultas y las urgencias».

En la Vall los recursos son aún más escasos, incluso las comunicaciones por carretera son complicadas ya que una ambulancia puede tardar hasta una hora para atender una urgencia. «Hay que apañarse con lo que se tiene», dice la Garcia, quién remarca el papel trascendental de la enfermera: «Amelia lleva más de 20 años aquí, conoce tan bien a los pacientes que con sólo el tono de voz sabe quién está enfermo».

Los tres profesionales destacan la importancia de la medicina preventiva, «es más fácil practicarla al tener menor población. Podemos llevar un control más estricto de los protocolos de vacunación o de cribado del cáncer entre otras cosas».

Tener menos pacientes permite estrechar la relación, incluso hasta límites insospechados, «en la consulta hago de médico, de administrativa, de psicóloga incluso de confesora», afirma Marta Vidosa.

En la Gallinera, dice Garcia, «cuando estás de consulta en uno de los pueblos, muchos pasan a saludarte, para ellos es un acontecimiento que venga el médico. Somos algo parecido a un familiar, la relación es mayor y de hecho, sufrimos cuando los diagnósticos son malos». Pero la cercanía, aseguran los galenos, no resta un ápice del respeto por la figura del profesional, «aquí todavía se dice que las tres personas más importantes son el alcalde, el médico y el cura». En esta relación, destaca Murillo, el paciente en el ámbito rural es más obediente y respetuoso, «en la ciudad vienen con el diagnóstico del doctor Google. Están influenciados por la inmediatez de los recursos». En los pueblos «tienen el umbral del dolor más alto, si te duele algo sabes que habitualmente se cura, no estás entre algodones».

A pesar de los recursos limitados, hay otros factores que tiene un peso mayor para decantarse por el medio rural: «te puedes sentar en un bar y siempre hay alguien con quien charlar. Además es importantes sentirse respetado, incluso influye el entorno donde se trabaja, la Vall es un lugar idílico», esgrime Murillo. Vidosa y Garcia también lo tienen claro, no se cambiarían a un municipio más grande. De hecho creen que todos los residentes deberían pasar por esta experiencia «al menos una vez en la vida».

Murillo lo secunda, «estar aquí es un regalo que me ha permitido volver a disfrutar de la esencia de mi profesión».