DEL MAR Y DEL VALOR

ISABEL FERRANDO

Quienes como yo no hemos tenido en realidad un trato directo con lo que es la pesca, tenemos un desconocimiento tan grande de ese sector que más nos valdría 'desburrizarnos' un poco, porque es mucho lo que podemos aprender.

Mi padre, que fue agricultor de profesión y vocación, tuvo en su última década laboral muchísimo contacto con las gentes del mar, y de ese contacto le surgieron amistades que sé que fueron para siempre. Ya jubilado, se recorría con dos o tres amigos, o con los nietos, las lonjas de la comarca y compraban pescado, o almorzaban, o simplemente charlaban con quien allí hubiera.

De alguna forma, el trato continuo y constante que había tenido con ellos en los últimos años le llevó a interesarse muchísimo por los pescadores, y -me supongo yo- a admirarlos.

Luego a veces nos contaba algunas de las historias que escuchaba en por ahí, pero seguro que guardó el secreto de las más jugosas. Hasta aquí llegaba mi conocimiento del tema y del sector. Muy poco, ya ven.

Pero llegó de pronto el presidente del Pòsit de Dénia, Juan Antonio Sepulcre, y se le ocurrió que tenía que hacer algo para dejar constancia de la historia de la pesca, de lo que supone esa vida, de lo que es. Y se le ocurrió también que, ya puestos, tenía que dar a conocer esa historia a quienes lo más que sabemos es que salen por la mañana con la barca y por la tarde vuelven con el pescado. Y como la gente del mar resulta que es así, pues en cuanto se le ocurrió la idea se puso a ello.

Todo esto me llevó el pasado sábado a la biblioteca del Dénia a ver un documental que se me hizo corto, y que todos (pescadores o no) deberíamos ver.

Porque a través de los testimonios, de los documentos históricos, de la narrativa que recorría el documental, pude entender qué es lo que admiraba mi padre en aquellos hombres: el valor, que no es la ausencia de miedo. Si tienen la oportunidad de ver el documental, háganlo y comprenderán de qué les estoy hablando en la columna de hoy.