LA LEVEDAD DEL SER

ISABEL FERRANDO

No soy capaz de salir de mi asombro. En mi vida me he encontrado con gente más o menos humilde, más o menos orgullosa. Una misma persona, según las circunstancias, es capaz de ser la modestia personificada o estirar su sordera a un nivel insoportable.

Digo esto porque hace unos meses sufrimos el fiasco ('fail' para los milennials) de la Estación de Autobuses de Dénia. Durante los meses que duró su construcción, fueron muchas las voces que advirtieron de que era pequeña y que los autobuses más grandes no cabían. ¿Se les hizo caso? No.

Ahora se está construyendo una rotonda en el cruce de Joan Fuster con Manuel Lattur, muy necesaria por cierto. Esta misma semana y en LAS PROVINCIAS, conductores de autobús alertaron de que al menos los vehículos muy grandes pasaban muy justos, y se lamentaron de que no se les tuviera más en cuenta a la hora de diseñar estas infraestructuras.

Es decir: el mismo colectivo que dijo que los autobuses más grandes no iban a entrar en la nueva Estación de Autobuses de Dénia -y efectivamente, paran fuera- dice ahora que esos vehículos no van a poder tomar correctamente la rotonda sin invadir todo el espacio.

La rotonda de marras está en obras. Cualquiera con dos dedos de sentido común pensaría: «oye, si en aquello acertaron, vamos a ver si en esto llevan razón y podemos corregir a tiempo». ¿No? Pues no.

La contestación dada, y que también habrán leído en estas páginas, es que la rotonda se ha hecho por «ingenieros» muy capacitados y siguiendo «criterios técnicos». Que digo yo, que también la Estación de Autobuses la proyectarían ingenieros con criterios técnicos, y ya ven el resultado.

En fin, que se podría hacer algo tan sencillo como ir allí a ver qué pasa justo ahora que están en obras, pero parece que no se quiere hacer.

Todos los alcaldes y alcaldesas, todos los concejales, dejan de serlo tarde o temprano. Pero tendremos «esa» estación para rato y la rotonda... Bueno, aún me queda esperanza.